La pobre democracia - Razón Pública
Hernando Gomez Buendia

La pobre democracia

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hernando gomez buendiaEn América Latina la democracia se está usando para destruir la democracia: por eso no hay futuro.

Hernando Gómez Buendía*

"Gobierno del pueblo", es lo que nos enseñaron en la escuela. Pero el asunto se nos enreda ahí mismo, porque "el pueblo" no puede gobernar: ni todos podemos mandar al mismo tiempo, ni es posible que todos estemos de acuerdo cuando se tome cada decisión.

Gobierno, entonces, "de la mayoría", es decir, de la mitad más uno de los votos. Esto se acerca bastante más al punto, pero sigue teniendo un gran problema: el "gobierno" son miles de decisiones diarias, y no hay modo de organizar votaciones sobre cada una de ellas.

La salida es escoger por mayoría a las personas que toman esas decisiones: la democracia "representativa" -o donde mandan funcionarios elegidos por el pueblo. Esta es la democracia en el mundo real, pero con eso solo no se arregla el problema: si el funcionario ya está en el poder, ¿quién nos garantiza que no abuse de él en perjuicio del "pueblo"?

La garantía se llama dispersión del poder, y nos permite distinguir entre democracias de verdad y democracias de mentiras. La democracia de verdad es un sistema delicado y complejo de reparto del poder, contrapesos y controles dentro del "gobierno". Es la que llaman algunos "democracia liberal", la que existe y funciona en Estados Unidos o en Europa Occidental – la democracia a secas-. Las democracias de mentiras son gobiernos elegidos por el pueblo donde el poder se concentra con el apoyo del pueblo. A estas democracias les han puesto curiosos apellidos, como decir la democracia "popular" en Cuba, la democracia "orgánica" de Franco, la "neo-democracia" de Trujillo o la democracia "bolivariana" de Chávez.

Llevo ya muchos años de pensar y enseñar sobre qué es democracia, y creo que por fin lo tengo claro: democracia es dispersión del poder. La democracia es un invento formidable, porque se basa en la lección aprendida con dolor y a lo largo de la historia de la especie: el poder concentrado acaba mal. No importan las ilusiones del momento ni los argumentos que lo justifiquen: el poder concentrado acaba mal.

Aquí podría emprender un recorrido inacabable, desde Nemrod, primer rey de Babilonia, hasta Hussein, el dictador caído de Iraq o Babilonia, pasando por una estela de nombres y de sitios, de sangres, atropellos y fracasos que van desde las tiranías clásicas hasta los totalitarismos de Hitler o de Stalin, sin exceptuar los gobiernos militares del "Tercer Mundo", las teocracias islámicas ni los caudillos grandes de América Latina. Todos abrumadoramente populares, todos justificados con muy buenas razones y todos ellos acabados en desastre. Pero ahorremos el recuento deprimente.

El poder concentrado acaba siempre mal por dos motivos. Primero porque las buenas decisiones necesitan basarse en la razón o en el mejor argumento existente en cada caso -y nadie tiene el monopolio del saber. Segundo porque el poder sin controles desconoce o violenta los derechos de algunos miembros de la sociedad. Las dictaduras y los caudillismos fracasan porque cometen errores desastrosos y porque los oprimidos o excluidos se rebelan.

La democracia necesita paciencia para escuchar y tiempo para decidir: por eso exaspera a muchos. Pero el remedio es peor que la enfermedad, como Churchill lo dijo para siempre: "La democracia es el peor sistema de gobierno, con excepción de todos los demás sistemas". La prueba está en Europa o en Estados Unidos: sólo allá predomina el saber y sólo allá todos tienen derechos -lo demás es tristeza. 

Hoy por hoy en América Latina la democracia se está destruyendo en nombre de la democracia. La dispersión del poder se está acabando con el apoyo de las mayorías. En unos casos se ha impuesto la impaciencia frente a la pobreza, y en otros casos la impaciencia frente al terrorismo. Caudillos nuevos concentran el poder y se reeligen con el aplauso general del "pueblo" – que ahora encienden con nacionalismos.

Y por eso, aunque muchos no lo vean, América Latina seguirá siendo tristeza. 

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