
Gustavo Petro tiene dos caras. La primera es conocida y ruidosa: el Petro agresivo, dogmático y autoritario; el que convierte cualquier crítica en provocación y cualquier desacuerdo en conspiración. Este Petro es un problema de carácter.
La segunda es menos visible, pero más decisiva: el Petro convencido de encarnar al “pueblo”, la nación verdadera frente a una nación falsa, corrupta o ilegítima. Este Petro no es un problema de modales, sino de política.
Reducir todo a la patanería es un error cómodo. Permite indignarse sin pensar y burlarse sin discutir. Sobre todo, evita la pregunta central: ¿qué idea de país está en juego cuando el presidente habla como habla? Porque el tono no es un accidente. Es parte del mensaje.
Petro no gobierna desde el desacuerdo, sino desde la clasificación moral. Divide a los colombianos entre quienes son “el pueblo” y quienes lo explotan. No persuade: deslegitima. En su lenguaje, la crítica no es un derecho democrático, sino una forma de traición a la patria.
La oposición ha respondido mal. Ha preferido psicologizar a Petro antes que confrontar su proyecto. Lo llama loco, drogadicto o patán. Tal vez lo sea, pero quedarse ahí es una coartada intelectual. Al reducirlo a su carácter, la oposición se ahorra el trabajo más difícil: disputar el relato de nación. Convertir al presidente en caricatura tranquiliza conciencias, pero impide ver la realidad de un país profundamente desigual y dividido.
Colombia nunca ha sido una comunidad homogénea, ni una nación de una sola voz. Pretender que el país cabe en una identidad moral cerrada —de izquierda o de derecha— es una ilusión peligrosa. Las naciones no se gobiernan a gritos, pero tampoco sobreviven cuando un solo bando pretende encarnarlas.
El riesgo de fondo no es un presidente patán. Es un presidente que gobierna a nombre de una nación donde no cabemos todos. Y es una oposición ejercida en nombre de una patria que no es la de todos.
Cuando la política adopta esa lógica, el desacuerdo deja de ser parte del juego y pasa a verse como amenaza existencial. Ignorar eso es confundir el ruido del momento con la disputa verdadera: la de quiénes son los incluidos y quiénes son los excluidos de esta “nación” que dice ser la de todos.
Ese es el punto de partida de mi libro, Colombia después de Petro: no un balance de gobierno, sino una reflexión sobre lo que este momento revela acerca de nuestras divisiones, sobre la tentación de confundir poder con redención y sobre la dificultad de gobernar una sociedad plural sin envolverse en la bandera tricolor.
Acerca del autor
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
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Escrito por:
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.




Me pregunto si las dos caras «agresivo, dogmático y autoritario» y sentirse que encarna a un pueblo (ein volk) llevan a buscar chivos expiatorios que «explican» las desgracias: para uno los judíos, para el otro los israelíes. Para uno los judíos eran los dueños de la banca alemana; para el otro los israelíes son los dueños de la banca norteamericana y manejan la prostitución en Bogotá.
Doctor Gómez, interesante planteamiento, sobre todo por que, en algunas líneas se acerca a muchas criticas que desde ciertas vertientes del marxismo latinoamericano afirman la imposibilidad de afirmar una nación homogénea; ej.: Zavaleta y su «sociedad abigarrada». Me genera inquietud la idea de que Petro gobierna desde la clasificación moral, cuando él, ha repetido en múltiples ocasiones la necesidad de llegar a un gran acuerdo en la sociedad colombiana. Es decir, concibe una profunda fractura en ella y reconoce a la contraparte. Si es así, el asunto no se reduce aún asunto de moralidad, sino efectivamente, del tipo de sociedad o «nación» que se configura desde el relato, que bien podría ser un problema historiográfico de gran calado, pero que tiene hondas implicaciones de orden político e ideológico. Así pues, luego de décadas de mantener un relato de nación, circunscrito a sus «sectores abanderados», sin dar apertura a otros grupos o sectores obviados, por múltiples razones, hizo que ahora, el discurso petrista los hiciera emerger. En fin, si uno de los temas centrales es la disputa por el relato de nación, queda la inquietud, si la apuesta es abordar, el complejo problema de lo plurinacional -tanto en la izquierda como en la derecha-. Con la debida deferencia, comparto un articulo de mi autoría acerca de estos temas, publicado en la Revista Ciencia Política de la Unal. https://revistas.unal.edu.co/index.php/cienciapol/article/view/112150 Interesante será el leer el texto anunciado «Colombia después de Petro».