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La mentira nacional

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendia

Un país que se construye a base de mentiras cotidianas acaba por vivir de mentiras permanentes y por eso no puede resolver sus problemas de verdad.

Hernando Gómez Buendía*

Ese podría ser el resumen de la historia de Colombia, y el resumen además de las noticias y debates que cada día ocupan a los medios y a las redes sociales que tenemos.

No hablo aquí de las fake news —del chip que nos inyectan con la vacuna o del fotomontaje contra alguna persona—. Hablo de las afirmaciones y los silencios de nuestros dirigentes, nuestros analistas y nuestros periodistas, de las personas que hablan en “la esfera de lo público”.

Su truco — y su autoengaño— principal es el silencio o, para ser precisos, es la media verdad. El personaje no inventa mentiras descaradas, sino que dice algo innegable o que cualquiera puede constatar, pero calla o esconde los hechos relevantes que no encajan con su cuento: lo que dice es creíble, pero no es la verdad.

Hemos vivido y seguiremos viviendo de los mitos que producen la violencia y la dificultad para enfrentar y resolver los problemas verdaderos

De esta manera el mensaje es creído por quienes simpatizan con el personaje, pero sus malquerientes rechazan o no aceptan la dosis de verdad que el contenía. Por eso los colombianos hemos vivido siempre divididos entre medias verdades diferentes o, para ser precisos, entre mentiras diferentes.

Ya dije que las noticias y debates cotidianos se reducen a las medias verdades, pero aquí puedo apenas mostrar unos pocos ejemplos recientes sobre las mentiras que nos dicen día por día:

-El presidente dijo que el paro había causado 10.000 muertes por COVID. Es indudable que las aglomeraciones multiplican los contagios, pero no existe ninguna base para saber si esos contagios — y muertes— fueron pocos o muchísimos.

-El jefe de la oposición afirma que “en 2018 el voto en blanco fue una complicidad con el uribismo”. Es obvio que esos 806.311 votos le hubieran servido a Petro, pero en primer lugar no le habrían alcanzado (perdió por más de dos millones de votos) y en segundo lugar muchos de ellos habrían ido para Duque.

-La Fiscalía investiga al alcalde de Cali por su manejo del paro. Hubo errores del alcalde más o menos discutibles, pero eso de por sí no es asunto de la Fiscalía, y otros muchos alcaldes también tuvieron errores.

-Dice el ministro de Hacienda que este año creceremos 6% y esto, seguramente, es lo que indican los cálculos. No aclara sin embargo que habíamos caído 6,8% o que las perspectivas son tan malas que perdimos el grado de inversión.

– ¡Si hasta la propia Comisión de la Verdad vive de medias verdades! Pastrana anuncia que va a comparecer para negar las medias verdades de Santos, igual que Gaviria y Samper comparecieron para explicarnos los aciertos o los éxitos que a ojos vistas no tuvieron.

Esas mentiras cotidianas alimentan mentiras duraderas. Que el paro fue cosa de terroristas o de jóvenes que sueñan, que fue un triunfo de la gente o que aquí no pasó nada, que el confinamiento fue excesivo o que no fue suficiente, que el tráfico de drogas es culpa de los gringos, que el problema de Colombia es Maduro o el problema es Uribe…

Por eso hemos vivido y seguiremos viviendo – mientras no lo remediemos- de los mitos que producen la violencia y la dificultad para enfrentar y resolver los problemas verdaderos. Son los mitos que exploro y documento en mi libro de historia, actualidad y prospectiva que respetuosamente les invito a consultar en Entre la Independencia y la Pandemia, Colombia 1810 a 2020.

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