
Los partidarios de Abelardo de la Espriella celebran su victoria. Sus adversarios la lamentan. Ambos pueden estar equivocados.
La historia enseña que el destino de una democracia no depende de las virtudes de un presidente. Depende de algo mucho más importante: de la capacidad de las instituciones para limitar su poder.
Por eso la principal defensa de Colombia frente a los riesgos del nuevo gobierno no será la oposición, ni los medios de comunicación, ni las protestas callejeras. Nuestra principal defensa será la separación de poderes.
La idea parece simple. En realidad es una de las invenciones más extraordinarias de la historia de la humanidad. Consiste en aceptar una verdad elemental: los seres humanos se equivocan. También los presidentes. Sobre todo los presidentes.
Por eso las democracias modernas distribuyen el poder entre distintas instituciones. El Congreso legisla. Los jueces controlan la legalidad de las decisiones. Los organismos de control vigilan al Ejecutivo. Los gobiernos territoriales conservan espacios de autonomía. Los medios investigan. Los ciudadanos votan.
Cada institución limita a las demás.
El sistema parece ineficiente. Y lo es. Pero precisamente allí reside su virtud. La lentitud, los controles y los obstáculos existen para impedir que los errores de una sola persona se conviertan en errores de toda la sociedad.
Los seguidores de Abelardo consideran que esos controles son un obstáculo. Los seguidores de Petro pensaban exactamente lo mismo. Ambos están equivocados.
La separación de poderes fue diseñada para protegernos de los gobernantes que nos gustan y de los gobernantes que nos disgustan. La concentración del poder siempre parece atractiva cuando gobiernan los nuestros. El problema aparece cuando dejan de gobernar los nuestros.
Por eso la verdadera pregunta no es si Abelardo respetará las instituciones. La pregunta es si las instituciones colombianas serán suficientemente fuertes para resistir la tentación permanente de cualquier presidente de ampliar su poder.
Esa es nuestra arma secreta.
No la inventó Abelardo. No la inventó Petro. No la inventó Uribe. No la inventó Santos. La inventó la modernidad.
Y gracias a ella las sociedades libres han aprendido una lección fundamental: ningún gobernante es suficientemente sabio para gobernar sin controles y ningún ciudadano es suficientemente libre cuando el poder se concentra en una sola persona.
Acerca del autor
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía
- Hernando Gómez Buendía

Escrito por:
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.




La democracia nació en la República de Atenas cuando se estableció la elección por voto de los gobernantes. En la Edad Media, en Inglaterra, con la Charta Magna, se estableció la separación de los poderes, y con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa, nació el concepto moderno de libertad. Esa es la democracia que hay que defender.
Pero tampoco se debe negar que las los funcionarios tienen ideologías y llegan a esos cargos de poder por incidencia política. Además de los intereses que median mucho y tienen peso.
Como demócrata creo en las instituciones y en su poder de ejercer control, pero muchas veces me decepcionan.