
¿Y qué diablos es el centro?
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El centro es el partido de los adultos en sociedades que no son adultas*.
Hernando Gómez Buendía**
Desde el punto de vista de la lógica, esta creencia se basa en tres supuestos sucesivos y cada vez más problemáticos.
- Primero: hay asuntos donde no caben las posiciones intermedias.
- Segundo: uno de esos asuntos es tan importante que divide o merece dividir todo un país entre dos bandos irreconciliables.
- Tercero: yo (Petro, en este caso) represento a uno de esos dos bandos.
Veamos el primer supuesto. No hay lugar a posiciones intermedias cuando se trata de la verdad o falsedad de una idea (hoy es domingo o no es domingo, esta figura geométrica es un círculo o no es un círculo). Pero en casi todas las cuestiones relevantes para el debate público (cuestiones de valores) sí caben los matices, y además son esenciales (frente al aborto, por ejemplo, hay el no absoluto y hay la plena libertad, pero además hay quienes piensan, con razones, que hay circunstancias donde debe admitirse y otras donde debe prohibirse).
El segundo supuesto es desafortunado (si se cumple) y es irresponsable si alguien lo propone. Una sociedad partida en dos mitades sobre una sola cosa (aborto o no aborto, el sí o el no al acuerdo de La Habana, con Petro o contra Petro…) es una sociedad que ha reducido su existencia a una sola dimensión y por tanto ha renunciado a prosperar en un mundo que es complicado y tiene muchas dimensiones.
La sociedad así polarizada es- para peor- la de un país al borde de la guerra civil: “conmigo o contra mí”.
Y es aquí donde el centro demuestra que es posible y que además es la única base posible de la civilización: el centro es la posición o la corriente política que hace posible la expresión pacífica de todas las posiciones y las corrientes políticas.
El centro es el partido de los adultos en sociedades donde la mayoría quiere creer en soluciones mágicas y en personajes redentores
El centro es el partido del juego limpio o el de la lealtad a las reglas del juego que fueron a su vez establecidas jugando limpiamente. Es la apuesta difícil y sencilla de creer que nada justifica la violencia política y nada justifica la dictadura de un hombre o de un partido. El centro es creer con vehemencia en el orden (la centroderecha) o creer en la equidad (la centroizquierda), pero antes de eso y aun a costa de eso es creer que nadie, ni yo mismo, debe acudir a la fuerza o a la trampa para hacer realidad sus propios ideales.
El centro es el partido de los adultos en sociedades donde la mayoría quiere creer en soluciones mágicas y en personajes redentores – un personaje en nuestro caso como Uribe…o como Petro, que ahora aspira a ser la encarnación del “otro” medio país-.
Y así llegamos al tercer supuesto, a la idea de que Petro representa a la mitad de un país polarizado y sin que nadie sepa a ciencia cierta si ese medio país es el país del Acuerdo de La Habana, o el del medio ambiente, o el de los sindicatos, o el de las “nuevas ciudadanías”, o el de la vieja izquierda, o el de los barrios populares, o el del antiimperialismo, o el de la clase media que detesta la corrupción de los políticos.
Petro es el intento de descubrir o de inventar alguna polarización que reemplace al mismo tiempo que prolonga la polarización que implicó Uribe y que pasó a la historia el mismo día que las FARC se acabaron. Petro es un político en busca de ese medio país gaseoso y que por eso vacila o se confunde o se enreda a sí mismo en el camino.
De aquí que aquella fórmula – “conmigo o contra mí”- le quede grande o que su pretensión de encarnar medio país resulte ser apenas su forma de soberbia.
La derecha y la izquierda se parecen en no tomar en serio, o no dar prioridad, o no aceptar del todo el juego limpio, y por eso en Colombia la derecha (Uribe) intentó cambiar el Estado de derecho por el “Estado de Opinión”, y de su parte la izquierda (Petro incluido) coqueteó con o ensayó personalmente la vía de las armas.
¿Debo añadir que el gran problema de Colombia es la debilidad intelectual y electoral del centro?
*Una versión más breve de este texto es mi columna en El Espectador de esta semana.
Acerca del autor
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
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