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Los resultados de la Operación Jaque; un balance

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendia

hernando gomez buendia

Aunque el rescate de los secuestrados fue un triunfo espectacular del Presidente Uribe, en realidad no ha servido para resolver sus dificultades con Chávez, con la Corte Suprema, con la "yidsipolítica" ni con la comunidad internacional, según este análisis del Director de Razón Pública.

Hernando Gómez Buendía

La Operación Jaque no sirvió apenas para rescatar a 15 secuestrados y propinarles a las Farc el golpe político-militar más duro de su historia. Sirvió además para que el Presidente pudiera replantear la relación con sus adversarios y se librara, él también, de  piedras un sus zapatos. Uribe triunfador y aplaudido por el mundo entero, asume ahora una actitud magnánima, se reconcilia con sus críticos de ayer y protege los flancos potencialmente débiles.

Los cuatro triunfos de Uribe

El nuevo aire se percibe frente a los dos principales adversarios del Presidente Uribe -el Presidente Chávez y la Corte Suprema de Justicia- y respecto de sus dos principales puntos débiles: la sombra de la "yidispolítica" y la interferencia extranjera en su estrategia de seguridad democrática.

En efecto:

– Poco después de la Operación Jaque, Uribe se reunió con el Presidente de la Corte Suprema en la "zona de distensión" ofrecida por Monseñor Rubiano, y el diálogo prosiguió el martes 15 de julio, con siete magistrados, para "limar asperezas" y esbozar acuerdos referentes al limbo jurídico de los desmovilizados, la extradición y el proyecto de reforma de la justicia.   

– Una semana después de la Operación, Uribe y Chávez conversaron tres horas "solos, a puerta cerrada" y acordaron "voltear completamente la página de la borrasca que pasó", hecho lo cual volvieron, "como si nada", a los asuntos de cooperación binacional (invitación a Petrocaribe, ferrocarril al Pacífico, lucha contra la droga…).   

 – Tras el anuncio de la Corte Constitucional en el sentido de que no revisaría el Acto Legislativo que permitió la re-elección, el Presidente dijo que "no cabalgaría en vicios de forma o prescripciones" para certificar su legitimidad, con lo cual dejó abierta la puerta para llamar al referendo. Pero aunque el auto de la Corte dice que se trata de una prescripción – porque no podía decir otra cosa – el Gobierno resolvió enterrar la mala de idea de "repetir" las elecciones con el mal argumento de que la mancha quedó lavada   porque "la Corte ratificó su jurisprudencia, en especial de un fallo del entonces magistrado Carlos Gaviria, expresando que las responsabilidades penales, como en el caso de Yidis Medina, son individuales y no afectan las corporaciones, ni los actos legislativos o leyes". 

– Puesto que la liberación de Ingrid y los tres norteamericanos desinfló la presión internacional por el acuerdo humanitario, y usando como argumento las denuncias contra el suizo Gontard, el Comisionado Restrepo anunció el 7 de Julio que "Hay una decisión ya tomada; después de la liberación de un grupo grueso de secuestrados, vamos a poner en marcha ese contacto directo (con las Farc)"La prensa hizo notar que cuatro días antes de Jaque, "Alfonso Cano" había declarado que "nuestra propuesta de encontrarnos con el Gobierno para precisar los términos de un acuerdo (humanitario) continúa vigente" – por primera vez en un comunicado del Secretariado, no se hacía mención de Pradera y Florida-. Por su parte las cancillerías, en especial la suiza y la francesa, tomaron nota de que el Gobierno ponía punto final a sus gestiones ante la guerrilla.

Las dos grietas en el Jaque

La Operación Jaque estuvo pues muy cerca de convertirse en Mate. La turbulencia de hace cosa de un mes -guerra verbal entre Colombia y Venezuela, choque de trenes entre la Corte y el Ejecutivo, convocatoria a nuevas elecciones, presión mundial por el intercambio humanitario- se desvaneció entre los aplausos por la espectacular acción del 2 de julio. Y sin embargo sotto voce se estaban asomando las dos grietas que han comenzado a empañar la victoria: el "desmarque" de Ingrid Betancourt y el abuso de símbolos humanitarios.            

– Por gratitud, por alegría y por olfato, Ingrid no tuvo reparo en sumarse a la idea de "una segunda y por qué no, una tercera reelección" del Presidente Uribe, pues esto "les cambió  las reglas de juego a las Farc".  Y sin embargo el día siguiente en la Embajada de Francia ya advirtió que había que "esperar si de pronto se presenta otro candidato que tenga más afinidad en cuanto a la sensibilidad social, que son fundamentales para una democracia."[1] El marcar de distancias se acentuó con la declaración de que no habría votado por Uribe, con el pedido de que moderara su lenguaje hacia las Farc y, más que todo, con la campaña abierta y resonante que Ingrid ha emprendido para que varios gobernantes extranjeros -incluyendo a Chávez- participen en la liberación de los demás secuestrados.

Así, la necesidad de salirle al paso a una propuesta que llevaría a una segunda ola de intervenciones traumáticas, como fueron para Uribe, fue el motivo principal para anunciar el fin de la mediación internacional entre gobierno y guerrilla.   

– Aunque dio pie a una discusión algo bizantina sobre si hubo delito y sobre qué tipo de delito habría, no hay duda de que el uso de un distintivo de la Cruz Roja durante la Operación Jaque constituye una violación del DIH y una muestra de desprecio o ignorancia sobre lo humanitario. Y aunque tal vez la mayoría de los colombianos vieron el hecho como otra muestra más de la "viveza" que tanto celebramos, hay otros muchos ciudadanos del mundo que repudian el acto porque ven ahí el reflujo de prácticas más  oscuras.        

Una de forma, una de fondo

La sensación de que la crisis se acababa para dar casi paso a una luna de miel -con Chávez, con la Corte, con el mundo, con la legitimidad del mandato de Uribe- fue, o es,   un resultado natural del éxito que tuvo la operación de rescate. Y sin embargo esta sensación se debe además a dos factores menos halagüeños y de vieja data: el juego de los medios y la precariedad de la cultura política.

– Los medios de comunicación tienen en todas partes la tendencia a percibir y transmitir el mundo como una serie de anécdotas que surgen y se revuelven y se esfuman día tras día. Tienen también la tendencia a materializar y resumir los procesos sociales en cabeza de unos pocos personajes o protagonistas o celebridades.

Pues la historia de los últimos días se presta como pocas a las dos deformaciones: insultos de Presidente a Presidente a Presidente, abrazos, cargos criminales, rescate estilo Hollywood, heroína, superpolicías, citas nocturnas, emisarios, encerronas, más abrazos, Ingrid mundial, suizo suelto, brazaletes, videos…todo en torno o en boca o en cabeza de unos pocos individuos. La construcción de esta realidad sustituta pasa inclusive por "informar", sin ponerse colorado, que un mensajero de Uribe anda buscando a Cano "en el Cañón de las Hermosas", que el "peto" rojo de la Cruz Roja salió del aire, que lo grave del suizo que tramitaba rescates con anuencia del gobierno fue transportar la plata de un rescate.

– La reducción de la historia a anécdotas personales es también el reflejo de una cultura  que no valora y tal vez no percibe a las instituciones sino a los líderes. Como la gente se apasiona o se alarma cuando su Presidente se sale de casillas, la gente se tranquiliza y olvida cuando su Presidente abraza al que ayer insultaba. Y no se trata de que el gobernante no se salga de casillas, sino de que el vaivén de sus emociones no decida (y ni siquiera influya) las posiciones de Estado. Destituir sin preaviso al Presidente de Venezuela, perdonarse sin más en el calor de Santo Domingo, o acusar a la Corte Suprema de complicidad con el "terrorismo agónico" son actos pasionales con efectos de Estado que sin embargo la cultura nuestra no distingue.    

Calma chicha

Así que, sin obstar los encuentros amigables, en realidad se ha avanzado muy poco en resolver los asuntos de fondo. Ingrid está libre y las Farc fueron duramente golpeadas, ya se dijo, y este es un saldo grande para Colombia. Pero con Venezuela, con la Corte Suprema, con la yidispolítica y con la comunidad internacional seguimos casi en las mismas. En efecto:

– La mansedumbre de Chávez venía de antes, como que el 9 de Junio había pedido a Cano que entregara los "retenidos" "a cambio de nada", añadiendo que la guerrilla en  América Latina "pasó a la historia", que las Farc son un "pretexto" para que los gringos intervengan en la región y que por eso deben "negociar de inmediato". No sabemos si esas palabras se tradujeron en actos y suponemos que cálculos de política interna pesaron mucho en semejante viraje, pero sabemos que la cosa con las Farc no es tan sencilla. Primero y sobre todo, porque los tratos de Venezuela con las guerrillas colombianas obedecen a intereses nacionales y vienen desde hace tanto tiempo como observa Medófilo Medina en Razón Pública.  Segundo porque Venezuela está en medio de una revolución política y social de signo opuesto al de Uribe y a los Estados Unidos, su principal aliado. Tercero porque si falta hiciera, están las pruebas que anunció Colombia sobre la colaboración activa de un gobierno extranjero con los terroristas, pruebas que entre países serios se callan o se sostienen con todas sus consecuencias.

 – Con la Corte Suprema podrá mejorar el tono, pero el problema real está en las leyes. Yidis fue condenada según las pruebas, y el proceso contra Teodolindo seguirá su curso, igual que pasará con la investigación sobre los funcionarios y ex funcionarios implicados en el cohecho, digamos, unilateral, para empujar la reelección presidencial. Las denuncias ante el Congreso están puestas y no son desistibles. La Corte sigue pensando que hubo "desviación de poder" y que la extradición no puede desconocer los derechos de las víctimas. Usar el principio de oportunidad para sacar del limbo a los desmovilizados probablemente implica abrir tantos procesos, que la Fiscalía no los podrá atender. Y lo de reformar la justicia por consenso -último punto de la agenda del martes- es engavetar otra vez la reforma, porque aún no hay consenso entre Gobierno y Corte, y entre las Cortes hay desacuerdos sustantivos.

– La legitimidad política del gobierno Uribe nunca estuvo en duda y la Corte Constitucional ya ha ratificado su completa legitimidad jurídica. Quedan pendientes la pregunta ética y la cuestión de la memoria histórica, que con razón preocupaban al  Primer Mandatario. Infortunadamente, sin embargo, estas sombras no pueden despejarse con que "la responsabilidad penal es individual", ni con  millones de votos ni con operativos tan deslumbrantes como Jaque, sencillamente porque son harina de un costal distinto.

– Con Ingrid y los norteamericanos libres, los países amigos tienen poco interés en trabajarle al intercambio humanitario. Esto no significa que les agrade ver cómo Colombia prescinde de sus servicios sin darles las gracias sino, al revés, reprochándoselos. Tampoco significa que la política de seguridad democrática tenga por eso una mejor imagen entre la comunidad internacional: es lo contrario. Y lo que importa más al futuro de Colombia: si con la mediación internacional no se pudo avanzar hacia la paz ni hacia el acuerdo humanitario, menos podremos avanzar ahora que no hay más intermediarios ni el Coronel tiene ya quien le escriba.  

Quince personas fueron rescatadas, las Farc perdieron su as y hay nuevos movimientos en la escena política, como mostró Álvaro Sierra en Razón Pública. Pero esto no ha resuelto los problemas de Uribe ni por supuesto ha resuelto los problemas de Colombia. 

 

Nota de pie de página


[1] Según Caracol radio (http://www.caracol.com.co/nota.aspx?id=626298)

 

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