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¿Los Estados Unidos Socialistas?

Escrito por Hernando Gómez Buendía

hernando gomez buendiaUna guía sencilla para entender la economía y la política de la crisis de Wall Street.

Hernando Gómez Buendía*

En los negocios se gana o se pierde. Esta es la esencia del capitalismo. Por eso la intervención masiva del gobierno para salvar de la quiebra a Wall Street plantea la pregunta de si el capitalismo de verdad existe en Estados Unidos. 

Esta crisis se debe a que muchas personas compraron casas que no podían pagar, creyendo que podrían revenderlas a un precio aún mayor. Hasta que "la pirámide" por supuesto reventó y -en un mercado libre- esos especuladores  han debido perder sus inversiones. 

También han debido perder los banqueros que hicieron malos préstamos y los inversionistas que compraron papeles respaldados de manera directa o indirecta en esas malas deudas. Eso es capitalismo.  

Si el corredor de bolsa o el gerente del banco engañó a sus clientes o a sus accionistas, se irá para a la cárcel. Y si los controles al sector financiero no se aplicaron o no eran adecuados, los funcionarios o los legisladores responsbles deben asumir el castigo político. En esto consisten el estado de derecho y la democracia bajo el capitalismo. 

Pero viene un complique. La quiebra del banco arrastra a mucha gente que no estaba en el negocio de las casas (los depositantes, los demás clientes) y esto obliga al Estado a intervenir para frenar el efecto dominó. La intervención en teoría es un préstamo que sería recuperado en el futuro y sin subsidio alguno a los especuladores que causaron el problema.  

O sea que el Estado se queda con el banco para sanearlo y revenderlo cuando pase la tormenta. Y aquí entra otro complique: ¿a qué precio recibir las casas o las hipotecas emproblemadas, cuando nadie conoce su valor "real" – y ese valor además es afectado por la intervención masiva del Estado? Matemáticamente se demuestra que, cualquiera sea el precio de las compras que haga el Estado, el balance entre perdedores y ganadores es muy distinto del que haría el mercado.   

Lo cual nos mete de cabeza en la política: es cuestión de poderes, no  cuestión del mercado. Y una vez que estás en la política, aparecen toda clase de arandelas –  de "gallos"  y de  "micos" – contrarios a la impersonalidad, que es la base del mercado. 

Por eso en Estados Unidos se están dando dos peleas: 

La primera fue, digamos, económica o, mejor, macroeconómica: si el Tesoro no interviene, habría una recesión y perderíamos todos -o prácticamente todos-. En esto hay acuerdo general, con excepción de los dos extremos: la derecha porque no quiere Estado y, la izquierda porque odia a los banqueros.  

La segunda pelea consiste en repartir la cuenta de la operación, y esta es por supuesto la mayor disputa. Hay unos que perderán porque no hay quien los defienda: los gerentes despedidos sin indemnización -que es poca plata-; y los habitantes del resto del mundo que absorbemos la depreciación del dólar – y esto es mucha plata- . 

Los otros sí tienen quién los defienda, y especialmente en vísperas de elecciones. Cada quien ha corrido a revisar su chequera y las presiones hierven allá en Washington para pasarle la factura a otro o para hacer que uno sea la excepción: el pobre que compró su primera casita, los no tan pobres que compraron para revender (y que suman millones de votantes) los constructores grandes y pequeños, los ahorradores en papeles que resultaron ser "derivados" de aquellas hipotecas impagables, los banqueros menos o más inocentes, y claro está, la gente del común, cuyos impuestos pagarán el saldo – y cuyo voto escogerá al Presidente.  

En los próximos meses iremos viendo a dónde van a rodar tantas facturas. Por ahora hay que aprender tres cosas hondas que los economistas bien pagados prefieren ignorar: 

– Que la economía no depende de leyes naturales sino de arreglos sociales. 

– Que el mercado no funciona sin Estado, y distintos Estados producen distintos capitalismos de mercado.

-Que la política no depende de la economía  sino más bien que le economía depende de la política.  

Y estas tres cosas valen también para Colombia. 

 

*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

 

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