Hernando Gómez Buendía, autor en Razón Pública
Foto: Casa de Nariño

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El presidente y los expresidentes han armado un gran revuelo sobre la base de siete falsedades sucesivas. E infortunadamente es muy probable, respetada lectora o respetado lector, que usted esté de acuerdo con por lo menos una de ellas o que se quedará con la que más le guste.

Hernando Gómez Buendía*

Por estos días estamos asistiendo a un gran debate sobre cosas de veras importantes para mi pobre país.

Digo pobre país, porque dan ganas de llorar las falsedades que nos han hecho creer ― y sobre cuya base han gobernado― quienes han manejado a Colombia desde comienzos del siglo.     

Éstas, entonces son las siete falsedades:  

-Si no se cumple el acuerdo con las FARC, no habrá paz en Colombia (Petro…y todos los violentólogos de Colombia).

-El Estado tiene la obligación de cumplir ese acuerdo (Santos… y muchos juristas de relumbrón en Colombia). 

-El acuerdo fue rechazado por el pueblo; por eso hay que hacerlo trizas (Uribe, Duque y el medio país que cree o que creyó en uno u otro).   

-El acuerdo es un tratado que está por encima de la Constitución (Álvaro Leyva, que pasó la vida soñando con la presidencia, y Eduardo Montealegre, que la sigue buscando).  

-El acuerdo permite convocar una constituyente (Petro I y el coro de la izquierda). 

-La constituyente es para reelegir a Petro (los cuatro expresidentes que resultaron antirreeleccionistas).  

-No estoy hablando de constituyente, sino del poder constituyente (Petro II).

Pero resulta que ni la paz de Colombia depende del acuerdo, ni el acuerdo hay que cumplirlo, ni debe hacerse trizas, ni es un tratado internacional, ni tiene rango constitucional, ni forma parte de la Constitución, ni permite convocar una constituyente, ni la constituyente va a reelegir a Petro, ni el poder constituyente sirve para ninguna cosa.  Vea usted:  

  1. Las FARC dejaron de disparar sin que se hubiera cumplido el acuerdo.  Ni el ELN, ni el Estado Mayor, ni las otras disidencias de las FARC, ni el Clan del Golfo, ni ningún otro grupo armado está exigiendo que se cumpla el acuerdo con las FARC, sino que cada uno tiene sus propias exigencias.  Por eso, implementar ese acuerdo no garantiza la paz de Colombia.  
  2. Si alguien me obliga con una pistola a que firme un acuerdo, ese acuerdo no me obliga, ni tengo porque cumplirlo una vez desaparecida la amenaza. El acuerdo con las FARC no hay que cumplirlo.      
  3. El pueblo rechazó el acuerdo porque odiaba a las FARC, pero no hubo votación sobre ninguna reforma específica. Hacer trizas el acuerdo es un pretexto para no hacer las reformas que necesita Colombia.   
  4. El acuerdo no es un tratado internacional porque las FARC no eran un Estado, ni forma parte de la Constitución porque no fue una reforma constitucional. Lo único que quedó en la Constitución fue la Justicia Especial para la Paz, y por eso esta sí es de obligatorio cumplimiento. 
  5. El sueño de una “constituyente paritaria” de Jacobo Arenas quedó explícitamente enterrado en el acuerdo, y el acuerdo no habla de constituyente. En cambio, la constituyente está prevista en el artículo 376 de la Constitución. La constituyente no tiene nada que ver con el acuerdo. 

6.Según el artículo 376, los miembros de una asamblea constituyente tienen que ser elegidos por el pueblo. Cualquiera que haya visto las encuestas o viva en este país sabe que el gobierno no tendría mayoría en la asamblea; en vez de reelegir a Petro, la constituyente destituiría al presidente Petro.

  1. El poder constituyente es una noción abstracta de la teoría política. Si el pueblo no vota, no hay ninguna manera de saber qué quiere el pueblo. A no ser que Petro sea el pueblo y haga lo contrario de lo que quiere el pueblo.  

En conclusión, no hay de qué preocuparse. Hemos estado y seguimos en las mejores manos.  

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Hernando Gómez Buendía

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Hernando Gómez Buendía

* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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Foto: FOPEP

La reforma pensional aprobada en el Senado tiene 164 páginas, pero aquí está resumida en 703 palabras.

Hernando Gómez Buendía*

Solución colombiana: que cada cual agarre su tajada, así la torta sea imaginaria. Esta, en resumen, es la reforma pensional de cuatro pilares que negociaron los miembros del Senado. 

En el pilar solidario, dos de cada tres personas mayores de 65 años recibirán algo menos de 300 mil pesos mensuales. Esto no es una pensión sino un subsidio estatal muy merecido, que sin embargo costará 17 billones anuales más de lo que hoy gira el programa “Colombia Mayor”.   

En el pilar semi contributivo estarán los mayores de 65 y las mayores de 60 que coticen menos de mil semanas, es decir, la mayoría de los trabajadores informales (55% del total) que no tienen empleos estables; estas personas recibirán de Colpensiones una suma o una “renta vitalicia” famélica, pero aun así algo mejor que la simple devolución de sus aportes desvalorizados que reciben hoy (otros siete u ocho billones que se sacan de la torta imaginaria).   

Al pilar contributivo irán los 2,3 salarios mínimos (SM) que reciba cualquier trabajador; Colpensiones correrá con el riesgo de que las inversiones no sean rentables, garantizando una mesada mínima de 2,1 SM. Es el sistema de “prima media” o de pagar las pensiones con la plata de los actuales aportantes, el sistema que hizo quebrar al ICSS (o ISS) y ha hecho quebrar a todos los sistemas pensionales del planeta.  

Al pilar voluntario irá lo que el trabajador desee invertir más allá de los 2,3 SM. Es un sistema de seguro simple, no de “seguridad social”, que administran los fondos privados que utilizan ese ahorro y ganan comisión independientemente de si la inversión da pérdidas o ganancias. 

La Corte Constitucional había ordenado la merecida tajadita de que las mujeres se pensionen a las mil semanas, no a las 1300 del pilar contributivo; el senador de los indígenas que salvó la reforma pidió la tajadita de que a los indígenas, los afros y los campesinos les rebajen las semanas o las tasas de contribución. O sea que algo así como el 80% de los presuntos aportantes a Colpensiones aportarán mucho menos de lo que Colpensiones necesita. 

Pero la principal colombianada de este acuerdo nacional es violar la rama de las matemáticas conocida como demografía: cada vez habrá más viejos y menos jóvenes en el país que antes era del Sagrado Corazón. Petro no cree en ninguna de las dos cosas, y por eso insiste en meter a Colpensiones la mayor cantidad de dinero posible…por ahora, es decir hasta que esos mismos ancianos empiecen a cobrar sus pensiones. El cálculo actuarial (otra rama de las matemáticas) indica que hacia el año 2045 la quiebra de Colpensiones equivaldría a 1,3 veces el producto total de Colombia. 

La única operación matemática que llevaron a cabo los senadores fue dividir (mal) por dos: la senadora de los Fondos pedía un umbral de 1,5 SM para que estos recibieran más plata y el gobierno pedía un umbral de 3 SM para que Colpensiones se quede más plenamente con el muerto; el punto medio eran 2,25, pero ellos redondearon a 2,3. ¡Ojalá el Sagrado Corazón se encargue de que esta cifra sea la misma que habrían encontrado los actuarios que nadie vio deambular por el Capitolio!

Eso sí: el Banco de la República manejará la plata de Colpensiones para que nadie se la robe; sólo que el Banco es, por definición, un inversionista ultraconservador, vale decir que cobrará comisión sobre inversiones que no serán rentables.    

Y esto también: un senador que completó la primaria metió el mico de elevar las cotizaciones hasta el 45% del salario en el 2040; o sea que a partir de ese momento quedará prohibido el empleo en Colombia.    

La operación matemática del ministro, la ministra y el envainado director de Colpensiones consistió en alinear a ocho senadores liberales, siete de la U y uno indígena (más tres conservadores para que hicieran bulto).         

Y ahora Petro dice que en la Cámara, donde la tiene más cómoda, va a proponer un simple cambio: no 1,5, ni 2,3 y ni siquiera tres, sino cuatro salarios mínimos. El Sagrado Corazón definitivamente se fue a buscar un país más sensato.      

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Hernando Gómez Buendía

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Foto: Presidencia de la República

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Las cuatro o cinco cosas que dijo el presidente este primero de mayo y que resumen, con toda precisión, el drama del gobierno y el drama de Colombia.

Hernando Gómez Buendía*

El discurso del presidente Petro este 1 de mayo fue una radiografía de su drama y del drama de Colombia.

Rodeado de funcionarios, sindicatos y personas de clase media-baja, el presidente habló muy largo y dijo cuatro cosas que resumen la visión del país en la que creen él y quienes le acompañan. 

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Dijo después que la derecha estaba urdiendo un golpe de estado, porque en efecto el fiscal lo perseguía, el Congreso bloquea sus propuestas y las cortes deciden como les da la gana.

Dijo en primer lugar que el 21 de abril, Colombia había vivido “la marcha de la muerte”, una marcha de apoyo a los gobiernos anteriores que reprimieron las protestas populares, ocasionaron el conflicto armado y promovieron el narco paramilitarismo. Estas son tres verdades indudables, las que ven y acentúa la izquierda, las que recoge por ejemplo la Comisión de la Verdad en su fallido intento de reconciliación nacional, porque no ven la otra verdad indiscutible: guerrillas que por sí y ante sí decidieron que ellas sabían lo que el pueblo debería de querer, las que sin votos y con armas precipitaron el largo desangre de Colombia.  

Dijo después que la derecha estaba urdiendo un golpe de estado, porque en efecto el fiscal lo perseguía, el Congreso bloquea sus propuestas y las cortes deciden como les da la gana. Solo que un golpe lo dan los militares que no tienen necesidad de tumbar a un gobierno que no puede hacer mucho porque no tiene la gente, ni las armas, ni la prensa, ni los gremios, ni el Congreso, ni los gringos. 

Precisamente porque sabe que no puede, la tercera idea-fuerza del discurso de Petro fue el acuerdo nacional, el mismo que anunció en su posesión, el mismo que tiene dos significados opuestos:  un acuerdo con las cúpulas, los partidos y los gremios, el que al comienzo ensayó y no podía funcionar porque se trata de las cúpulas; o el acuerdo con el pueblo, es decir, el acuerdo de consignas con interlocutores gaseosos, un acuerdo de Petro con Petro.   

Y sin embargo no hay peligro para la democracia, no me aferro al poder, “no soy Álvaro Uribe”. Puede ser que 34 años de lidias democráticas demuestren que el otrora guerrillero cree en la democracia, pero aún si no es así, no hay manera ninguna de que Petro se haga reelegir porque el Congreso no le camina, en la Constituyente que vive mencionando tendría mayoría la derecha y a voto limpio…perdería las elecciones. 

Adenda.  El presidente con cada vez menos espacio en el país habló también al mundo en protesta por el genocidio que estamos viendo en la televisión.  Me uno a la protesta, pero no soy el presidente de Colombia y no tengo que actuar en función de los fríos intereses del país, ¿qué ganará Colombia al romper con Israel?

Puede leer: El presidente Petro y su rebeldía armada

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Hernando Gómez Buendía

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Hernando Gómez Buendía

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Foto: Facebook: Gustavo Petro

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Resulta ser que los presidentes, expresidentes y altos funcionarios de América Latina se equivocan casi siempre. Y cuando aciertan lo hacen de mala fe.

Hernando Gómez Buendía*

Ecuador, México, Salvador y Colombia

Jorge Glas es un exvicepresidente de Ecuador que por pura coincidencia se había robado 68 millones de dólares destinados a reparar los daños del terremoto que destruyó la provincia de Manabí. Glas, por pura coincidencia, fue condenado dos veces bajo el gobierno de Lenín Moreno, el amigo convertido en enemigo del expresidente Rafael Correa que está acusado como cómplice de Glas y por pura coincidencia vive en Bélgica para evitar que lo metan a la cárcel. Glas, por otra coincidencia, estaba fuera de la cárcel y de pura chiripa esta semana le libraron su merecida orden de captura.       

Mientras tanto el presidente de México, Andrés López Obrador, es amigo de Correa y por pura coincidencia había cruzado insultos con el bobito que está de presidente de Ecuador. De manera que Glas, por pura coincidencia, decidió meterse a la embajada de México y el bobito que está de presidente decidió enviar la policía militar para sacar por las malas al ladrón.       

México protestó ante la OEA y por pura coincidencia le asignaron la ponencia al embajador del presidente Petro que por pura coincidencia había cruzado insultos con el bobito del país vecino. El canciller del bobito dijo que Glas no merecía el asilo porque es un ladrón común, pero Colombia, por pura coincidencia, le hizo notar que para eso se usa la extradición. La OEA condenó a Ecuador por 29 votos y la abstención de El Salvador, donde manda un bobazo que, por pura coincidencia, cree que las pandillas se acaban a los balazos, como cree el bobito de Ecuador. 

Perú solito 

Pedro Castillo es el bobo confundido de izquierda que los peruanos eligieron por pura coincidencia en el 2021, que no hizo sino ruido en el gobierno y que por mera coincidencia acabó destituido por el intento de cerrar el Congreso que, mera coincidencia, lo iba a destituir por “incapacidad moral”. 

Mientras tanto el presidente de México, Andrés López Obrador, es amigo de Correa y por pura coincidencia había cruzado insultos con el bobito que está de presidente de Ecuador.

El Congreso escogió a la señora Dina Boluarte para seguir gobernando hasta 2026, pero por coincidencia un medio de comunicación descubrió que la señora aparecía en público usando relojes sucesivos desde un modesto Michael Kors que no valía ni 200 dólares, hasta un flamante Rolex que vale “por lo menos14 mil dólares”. La presidenta dijo que era con su sueldo, pero sus sueldos no alcanzan para tanto. La Fiscalía, por pura coincidencia en manos de la oposición, decidió entonces ingresar por la fuerza en la residencia privada de la señora presidenta y por pura coincidencia encontró otras joyas y el recibo de un Rolex del 2023. Boluarte entonces aclaró que era un regalo de cumpleaños del gobernador de la provincia de Ayacucho, y por pura coincidencia le aclararon que un funcionario público está obligado a declarar esos regalos.   

Y por pura coincidencia los partidos que eligieron a Castillo decidieron presentar un pedido de destitución de la presidenta, mecanismo que por pura coincidencia estableció la Constitución de 1993 denominado “vacancia por incapacidad moral permanente”, es decir, para no demorarnos, que la señora presidenta puede ser destituida cuando a los congresistas les dé la gana.  

Colombia y Venezuela

Por otro lado, el presidente Petro resumió así su reunión con Maduro: “la paz política en Venezuela puede ser la paz armada en Colombia”. Dejó de lado lo de “paz armada” porque Petro se refiere a la desmovilización, supongo que del ELN o las disidencias de las Farc, sobre las cuales él supone que puede influir Maduro. Petro cree esto por pura coincidencia, porque quiere creer que la violencia en Colombia sigue siendo política cuando en la vida real no es más que narcotráfico. 

La paz política en Venezuela se refiere al papel de mediador que Petro está tratando de adoptar entre Maduro y la oposición representada, piensa uno, por María Corina Machado, elegida en la consulta popular que según las encuestas ganaría las elecciones por casi 40 puntos. Pero Petro, por pura coincidencia, se reunió en Caracas con Manuel Rosales, el candidato calanchín de Maduro para probarle al mundo que está jugando limpio cuando esta farsa es apenas un rosario de cochinadas y leguleyadas (Petro anuncia que Colombia será un observador del proceso electoral).  

Pero por pura coincidencia, el tiempo ya no alcanzará para cumplir las diligencias necesarias, de manera que nunca sabremos lo que todos por supuesto sabemos.

Machado, por pura coincidencia, no se pudo inscribir por decisión del tribunal electoral y Petro, por coincidencia, afirmó dos semanas después que a un funcionario de elección popular no se le puede inhabilitar por vía administrativa; éste, por coincidencia, había sido el argumento de la Corte Interamericana en el caso del alcalde Petro. Petro incluso denostó de la “doble moral” colombiana, pero por pura coincidencia no notó que a él lo había perseguido un procurador uribista, no el presidente de la república. 

Colombia solita 

Lo cual me trae al expresidente a quien por pura coincidencia un abogado de buen corazón le hizo el favor de sobornar de su bolsillo al testigo que podría condenarlo a entre seis y doce años de prisión. Al expresidente lo iba a condenar la Corte que por pura coincidencia había sido su más férrea opositora, pero por pura coincidencia el expresidente renunció al Senado, la Corte perdió su competencia y el caso quedó en manos del procurador que persiguió a Petro y los fiscales que escogieron los fiscales de bolsillo de los dos presidentes escogidos por el acusado. La Fiscal postulada por Petro, a dos semanas de su posesión y poco antes de prescribir la acusación, por pura coincidencia decidió ver lo evidente y llamarlo a juicio por fraude procesal y soborno de testigos. Pero por pura coincidencia, el tiempo ya no alcanzará para cumplir las diligencias necesarias, de manera que nunca sabremos lo que todos por supuesto sabemos.   

Moraleja                               

Si por alguna coincidencia lee usted esta columna, concluirá que los altos funcionarios de América Latina muy raramente aciertan en lo que dicen o hacen. Y cuando aciertan lo hacen de mala fe.  

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Hernando Gómez Buendía

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Foto: X: Senado de la República

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En el debate sobre la salud y su reforma se han dicho muchas verdades, pero el gobierno y sus críticos han evadido el problema de fondo.

Hernando Gómez Buendía*

A veces hay explicaciones opuestas que sin embargo se refuerzan mutuamente.

Este es el caso de la crisis de salud, donde unos dicen que se robaron la plata y los del frente dicen que la plata no alcanzaba. Pues sucede que las dos cosas son ciertas.

Vamos por partes. Carolina Corcho es una autoridad académica en salud y ha estudiado por años el sistema colombiano; por eso hay que creerle cuando dice que entre enero y diciembre del año pasado se acumuló un faltante de más de 13 billones de pesos entre las ocho principales EPS. Platas “que no aparecen” y que en años recientes se han debido buscar en los bolsillos de Carlos Palacino, los de los dueños de Coomeva, de Saludvida, de Capresoca, de Asmet, de los 67 casos comprobados de corrupción entre 2016 y 2020, de los políticos tramposos que montaron el negocio cuando era el gran negocio, de los colados al Sisbén, los contratistas, los calanchines, los no pocos funcionarios encargados del control. El sistema apesta.

El hueco de la corrupción es muy feo, pero el hueco estructural es intapable. Y este gobierno trata de tapar el uno al mismo tiempo que agiganta el otro.

La otra parte no necesita detectives, sino una calculadora de bolsillo: el producto total de Colombia no alcanzaba y cada día alcanza menos para costear la salud que alegremente   ordenan la Constitución, las leyes y los fallos de los jueces. Esto se debe a que no somos Suecia ni Estados Unidos, a que la población envejece, a que las cirugías y el cuidado de las enfermedades degenerativas son muy costosas, a que los tratamientos de punta son costosísimos, a que la Corte Constitucional lleva años de ordenar más bellezas, a que la Ley Estatutaria mandó curar todos los males, a que la pandemia hizo mucho daño a la salud, a que el gobierno no se queda con todo el producto nacional, a que tenemos otros gastos que atender, a que los no cotizantes no cotizan y la plata de los otros no da abasto, a que existe la inflación, a que hay gastos administrativos y a los errores de gestión sin mala fe que son humanos.

Es al revés de lo que dicen muchos: deberíamos celebrar el esfuerzo financiero y las virtudes de un sistema de salud que ha afiliado a todo mundo, que provee atención con pocos gastos de bolsillo y donde el más humilde tiene la posibilidad de operarse del corazón si gana la lotería que aquí llamamos tutela.

Le recomendamos: La vía reglamentaria: última esperanza de la reforma a la salud

El único defecto serio del sistema es que no se podía mantener. Llevamos 30 años de hacer maromas y pedirle a Pedro para pagarle a Pablo, pero estaba cantando que el sistema se iba a reventar. Esta es precisamente la conclusión de la doctora Corcho…y su remedio sorprendente es reventarlo de una vez: que el Estado se haga carga del muerto, y así salimos de los intermediarios.

A lo cual, por supuesto, se añadían las medidas loables de pagarle mejor al personal de salud, tomar en serio la salud preventiva y abrir hospitales en el medio país donde faltan.

el producto total de Colombia no alcanzaba y cada día alcanza menos para costear la salud que alegremente ordenan la Constitución, las leyes y los fallos de los jueces.

Los congresistas se hicieron los remolones durante 14 meses, pero llegó la hora de la verdad… y utilizaron sus calculadoras. Ni siquiera ellos pudieron pasarse por la faja la aritmética.

El hueco de la corrupción es muy feo, pero el hueco estructural es intapable. Y este gobierno trata de tapar el uno al mismo tiempo que agiganta el otro.

¿Me dirán irrespetuoso si me acuerdo de ese gran colombiano que escribió: “Vio un montón de tierra que estorbaba el paso / y unos preguntaban ¿qué haremos aquí?/ bobos dijo el niño resolviendo el caso:/que abran un grande hoyo y la echen allí”?

Puede Leer: Salud versus aritmética

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Hernando Gómez Buendía

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Foto: Facebook: Donad J. Trump

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Parece una comedia, pero es en realidad una tragedia que aún para Colombia podría tener muy serias consecuencias.

Hernando Gómez Buendía*

La prueba reina contra Donald Trump es Donald Trump.

Basta oírle un discurso o mirar su hoja de vida para saber que es racista, mentiroso, tramposo, estafador, violador, golpista y responsable de miles de muertes en Estados Unidos debido a su manejo criminal de la pandemia.

Pero en lugar de un solo mega juicio por semejante concurso de delitos, el sistema judicial y los demócratas han convertido este prontuario criminal en una gran comedia de equivocaciones, así que el señor Trump lleva trazas de quedarse sin castigo.

Trump está usando los juzgados para hacer su campaña a costo cero, recolectar el dinero que ha perdido en los pleitos…y aumentar su popularidad cada vez que aparece otra prueba

Primero lo acusaron de trabajar para Rusia y dedicaron dos años a investigarlo. El fiscal concluyó que no había “evidencia suficiente de un trabajo coordinado entre la campaña Trump y oficiales de inteligencia extranjera”, aunque sí había evidencia de que “Putin le ayudó con su consentimiento”. El jefe del fiscal, funcionario de Trump, decidió no acusarlo. Y es que el cargo, de entrada, era increíble, porque ningún candidato a la presidencia de Estados Unidos habría dado semejante papayazo.

Después Trump, presidente, chantajeó por teléfono al presidente de Ucrania para que le consiguiera pruebas contra Biden a cambio de la ayuda militar: todos vimos el video. La Cámara acusó a Trump ante el Senado de mayoría republicana, que por supuesto lo absolvió por 52 votos contra 48.

Más obsceno todavía fue el intento de golpe de Estado del 6 de enero de 2020, que otra vez no quiso ver la mayoría del Senado.

Trump tiene ahora cuatro procesos penales con un total de 88 cargos y al menos dos procesos civiles por estafa y calumnia donde ha sido condenado a pagar 537 millones de dólares: un angelito.

Pero resulta que los cuatro casos están enredados por legalismos y accidentes que no se habría inventado el mejor novelista:

-El caso de la actriz porno cuyo silencio compró Trump con plata de la campaña; este caso está probado y el juicio debía comenzar mañana, pero resulta que, según las encuestas, el delito no le importa a ningún republicano.

-El caso de los documentos clasificados que ocultó sin vergüenza; pues resulta que el caso le cayó a una juez designada por Trump que le está dando largas, y resulta que Biden tenía documentos secretos que entregó de inmediato.

-El caso del intento de robarse las elecciones en Georgia. Es el más peligroso para Trump porque no podría auto amnistiarse, pero resulta que la fiscal tuvo un romance con el abogado jefe y esto, además de encochinar el proceso, ha pospuesto su inicio para quién sabe cuándo.

-Y el caso federal más serio por el intento de robarse las elecciones. Pero resulta que la Corte Suprema de Justicia con sus seis republicanos (tres designados por Trump), ha dado volteretas y ha anunciado volteretas para que no haya juicio antes del 5 de noviembre.

Trump tiene ahora cuatro procesos penales con un total de 88 cargos y al menos dos procesos civiles por estafa y calumnia donde ha sido condenado a pagar 537 millones de dólares: un angelito.

La cosa es todavía más inverosímil: Trump está usando los juzgados para hacer su campaña a costo cero, recolectar el dinero que ha perdido en los pleitos…y aumentar su popularidad cada vez que aparece otra prueba porque tiene convencidos a la mitad de los americanos de que Biden los está persiguiendo en cabeza del héroe que los representa.

La cuestión política es si ese cuento grotesco lo cree la mayoría de los norteamericanos: si Trump es reelegido, este 6 de noviembre se absolverá a sí mismo.

La cuestión moral es si puede existir la justicia para un jefe o un exjefe de Estado.

La cuestión sustantiva es la fragilidad del Estado de derecho porque al final depende de cómo se comporten las personas.

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Hernando Gómez Buendía

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Foto: X: Benjamin Netanyahu

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Es el único plan posible, que sin embargo no funcionará. Y mientras tanto sigue la masacre.

Hernando Gómez Buendía*

El gobierno de Israel dio a conocer su plan para el territorio que ocupan los palestinos una vez que hayan concluido las operaciones militares. 

El plan comienza por demoler las construcciones en un kilómetro de la franja de Gaza que colinda con Israel. Este país ejercería el control militar por tierra, mar y aire de la franja y también del territorio al este del Jordán; sus fuerzas armadas tendrían libertad para actuar en el lugar y momento que deseen; el porte de armas estaría prohibido y la policía tendría acceso restringido; la frontera con Egipto sería “clausurada” para evitar el paso directo o bajo tierra; las mezquitas, iglesias y escuelas adelantarían programas masivos de “desradicalización”; un gobierno “tecnocrático” distinto de la actual Autoridad Palestina se encargaría de los servicios públicos; la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos sería desmantelada, y los gobiernos de países árabes autorizados por Israel financiarían la reconstrucción de Gaza.  

Una tragedia de proporciones bíblicas, un genocidio transmitido por televisión, una tragedia que se suma a la complicidad, el cinismo, el silencio, las evasivas y los gestos inútiles de todos los poderes.

Este plan es la única manera de evitar nuevos ataques terroristas, y es también la prueba plena de que esos ataques no se pueden evitar. Por el contrario: acorralar y humillar de esta manera a 4,9 millones de personas es el modo más seguro de dejar sin protección a los 9,3 millones de habitantes de Israel (un 21% de los cuales son árabes). Esto fue lo que aprendieron los ingleses en Malasia o Palestina, los franceses en Indochina, los rusos en Afganistán y los Estados Unidos en Iraq: el terrorismo nace de la desesperación. 

Le recomendamos: Israel ante la Corte Internacional de Justicia: ¿por qué Sudáfrica?

El ataque criminal de Hamas donde murieron 1.213 personas inocentes y otras 135 permanecen secuestradas (cifras oficiales) fue un producto de la desesperación: desesperación porque  desde el 2007 Gaza es la cárcel más grande del mundo, porque el año pasado y hasta antes del ataque los colonos y el ejército habían asesinado más de 200 residentes al este del Jordán (incluyendo 38 niños), y —sobre todo— porque Trump y su  proceso “de Abraham” para reconciliar los países del Golfo con Israel habría sido el último tornillo en el ataúd  del pueblo palestino.  

El plan de Netanyahu no puede funcionar, y sus acciones antes o además son una bofetada a la moral judeocristiana y al derecho internacional: 29.000 bombas sobre la ciudad más densamente poblada del planeta (cifra del Pentágono), 33.035 muertos, 10.500 niños, 1,8 millones de personas desplazadas y encerradas, hospitales destruidos, la hambruna más acelerada de que se tenga noticia (cifras de la ONU), camiones de alimentos saqueados en medio de disparos de Israel… y el ataque que viene contra Rafah donde se apiñan dos millones de civiles sin que aparezca un plan de evacuación. 

El plan de Netanyahu no puede funcionar, y sus acciones antes o además son una bofetada a la moral judeocristiana y al derecho internacional

Una tragedia de proporciones bíblicas, un genocidio transmitido por televisión, una tragedia que se suma a la complicidad, el cinismo, el silencio, las evasivas y los gestos inútiles de todos los poderes. 

La tragedia del pueblo palestino en extinción, la tragedia de Israel que no tendrá seguridad, la tragedia del pueblo judío que así está renunciado a lo que le hizo un pueblo excepcional. 

Vea en Razón Pública: Las posibilidades de la CIJ frente a Israel

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Foto: Facebook: Presidencia de la República

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El papel histórico de Gustavo Petro sería crear una fuerza política capaz de transformar a Colombia.

Hernando Gómez Buendía*

El presidente ha vuelto a proponer que la coalición del Pacto Histórico se convierta en un partido político.

La Procuradora de inmediato declaró que se trataba de una indebida intervención en política, como si el jefe del primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia no tuviera el derecho —y el deber— de pensar en el futuro de la izquierda.

Precisamente el fracaso de Petro es la razón más fuerte —y más legitima— para buscar la organización duradera de la izquierda.

Por ignorancia o peor, por mala fe, son muchos los que dicen que esta propuesta de Petro es el primer paso para hacerse reelegir, e incluso lo comparan con Maduro, con Bukele, con Uribe o con la larga serie de presidentes que en América Latina se atornillan al poder. Pues no: para revivir la reelección se necesita un plebiscito o un acto legislativo, se necesita entonces la popularidad de un Uribe o un Bukele o, en su defecto, el control del Congreso de un Cardoso o un Maduro. Pero la popularidad de Petro ha caído al 38% y la bancada oficialista en el Congreso es una minoría: sencillamente es imposible que Petro se reelija.

Puede Leer: Las elecciones para el Pacto Histórico: ¿una desilusión regional?

Precisamente el fracaso de Petro es la razón más fuerte —y más legitima— para buscar la organización duradera de la izquierda. Más allá de los errores y defectos que se pueden imputar a su gestión, este gobierno se estrelló contra el orden conservador de Colombia, que es el más resistente de América Latina: todo un orden político, económico y social diseñado para impedir los cambios drásticos y permitir, cuando más, los ajustes gradualistas. Es un sistema de reparto y cooptación de todos los que tengan capacidad de presionar, un sistema que atiende intereses particulares, pero no puede atender a las mayorías desorganizadas; los políticos representan esos intereses particulares, y por eso no tenemos partidos sino federaciones movedizas de parlamentarios y consultas populares para escoger los candidatos a la presidencia.

Por eso sigue faltando un partido duradero que trabaje por las mayorías excluidas en lugar del archipiélago de pequeños grupitos de activistas.

El Pacto Histórico es otra federación de intereses dispersos, donde quince partiditos y doce movimientos convergieron para elegir a Gustavo Petro y presentar listas unificadas al Congreso. Pero los intereses particulares volvieron a imponerse, y en las elecciones locales del año pasado esos partidos o movimientos presentaron 2.452 listas, mientras que el Pacto como tal presentó apenas 80. Hay diferencias doctrinarias, fragmentación de las bases, cálculos electorales, rivalidades y vanidades que –paradójicamente- hacen que el Pacto Histórico sea otra expresión u otro conducto del orden conservador de Colombia —o, para ser más precisos, del clientelismo con un discurso de izquierda—.

Para llevar a cabo reformas ambiciosas se necesita gran fuerza política; la frustración y el fracaso de este gobierno de izquierda se deben sobre todo a que no tiene esa fuerza. Por eso sigue faltando un partido duradero que trabaje por las mayorías excluidas en lugar del archipiélago de pequeños grupitos de activistas.

Esa tarea por supuesto es difícil, como que implica derrotar la lógica implacable del orden conservador que mantiene las cosas como están y hoy tiene maniatado al presidente.

Una tarea que por lo mismo va más allá de Petro y, cómo no, comienza por hacer que el partido de Petro no sea el partido de Gustavo Petro.

Lea en Razón Pública: El Pacto Histórico: ¿de una coalición a un partido político?

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Hernando Gómez Buendía

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Hernando Gómez Buendía

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Foto: Flickr: Brasil de Fato

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Dos mil años de historia resumidos para entender lo que sucede en Gaza y el futuro probable de dos pueblos.

Hernando Gómez Buendía*

El presidente volvió a decirlo en Davos: para la paz en Colombia se necesitan las reformas que está impulsando su gobierno.

Es lo que siempre han dicho las guerrillas: nos alzamos en armas contra las injusticias y no las depondremos mientras no haya reformas. Esta es la violencia política, que en distintos países y con ciertas guerrillas se ha resuelto mediante acuerdos de reforma más o menos radicales.

Es la idea que en Colombia aceptó Belisario Betancur, con su gaseosa teoría de que la violencia tenía causas subjetivas y objetivas, es decir, que era en parte una acción voluntaria de los insurgentes y en parte era el efecto de las desigualdades. La idea es gaseosa porque no aclara cuál sea el peso de una y otra cosa.

Y es que la desigualdad es un hecho objetivo y medible (por ejemplo, en la distribución del ingreso), pero la “injustica” es una calificación moral que en este caso hacen los actores armados

La tesis de la injusticia como causa de violencia siguió haciendo carrera en Colombia, no solo entre la izquierda que la da por sentada, sino entre los “violentólogos” de varias generaciones y entre los presidentes que aceptaron hablar de reformas con los grupos armados.

Esta es base, en especial, del proceso de la Habana, que partió de creer que la violencia se debía a la injusta tenencia de la tierra, la situación de los cultivadores de coca y las barreras a la participación política de los sectores populares —que por lo mismo fueron los tres puntos sustantivos de la agenda—.

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Se entiende entonces que habría paz en Colombia cuando se acabe de “implementar” el Acuerdo, Duque le habría fallado a la paz por nergarse a implementarlo, y Petro con razón retoma ahora la reforma agraria, da el viraje en materia de cultivos ilícitos y estimula las organizaciones populares. Esta es la narrativa del país progresista, desde el santismo hasta la izquierda dura, que ha tenido incidencia decisiva en la política y en la gestión pública.

Es un relato fundamental para Colombia…que sin embargo no resiste el más elemental examen lógico.

Para empezar, si la injusticia fuera la causa de la violencia, habría claro está guerrillas en Colombia, pero también las habría en Venezuela, en Brasil, en Nigeria o en Irán, donde las injusticias son igual de grandes, en Estados Unidos o en Francia o hasta en Suiza porque también allá hay grandes injusticias. La cuestión es entonces bastante más compleja, y la ignorancia o pereza mental de insurgentes, gobernantes y analistas ha tenido consecuencias nefastas para Colombia.

El Acuerdo de la Habana se basó entonces en la teoría de las FARC acerca del origen de la violencia, una teoría que pudo o puede estar equivocada y en todo caso no es la misma del ELN o la del M19 en su momento, o de las varias y confusas contrapartes en el proceso de la “paz total”. De aquí se sigue que aunque el Acuerdo de la Habana se “implemente” de manera completa y rigurosa, Colombia seguiría sufriendo la violencia cuyas causas son las que dice el ELN o las Autodefensas Gaitanistas o no sé qué otro grupo armado…o analista o persona de buena voluntad.

Por eso infortunadamente, el presidente, el gobierno y el país siguen hablando del problema que no es y debatiendo los remedios que no son.

Y es que la desigualdad es un hecho objetivo y medible (por ejemplo, en la distribución del ingreso), pero la “injustica” es una calificación moral que en este caso hacen los actores armados. La violencia resulta de esta calificación, es un acto voluntario de los insurgentes, por cuyas consecuencias deben responder.

Por eso la violencia no tiene causas. Tiene motivos.

Por eso, aunque las partes así lo creyeran, el Acuerdo de la Habana no se hizo para acabar la violencia sino para acabar las FARC.

Por eso infortunadamente, el presidente, el gobierno y el país siguen hablando del problema que no es y debatiendo los remedios que no son.

Las reformas en Colombia son urgentes por razones de justicia y desarrollo nacional. El chantaje de los violentos es un motivo innoble, distorsionado y contraproducente para llevar a cabo las reformas que sí necesitamos.

Lea en Razón Pública: ¿En qué va el Acuerdo de paz después de siete años?

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Hernando Gómez Buendía

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Hernando Gómez Buendía

* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

Foto: Flickr: United Nations

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Cómo y por qué el Estado de Israel acabó por traicionar al pueblo judío.

Hernando Gómez Buendía*

Las cosas que se hacen mal no pueden terminar bien. Y en este momento desafortunado, esto explica la tragedia de dos pueblos.

Con solo trece millones de personas, el pueblo judío es excepcional porque ha logrado mantener su identidad por más de dos milenios. El pueblo de la Biblia es también excepcional por su alto nivel educativo, la riqueza y la influencia que ejercitan en muchos países —y además por haber sido expulsados, perseguidos y masacrados a lo largo de los siglos—.  El Holocausto fue la peor de sus tragedias, cuando los nazis dieron muerte a cerca de seis millones de judíos inocentes e indefensos.

“Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, fue la consigna que legitimó la decisión de la ONU. Pero esto no era verdad: más del 80% de los residentes en esa tierra eran palestinos.

El Holocausto convenció a los ganadores de la II guerra mundial de la necesidad de crear un Estado judío. Ese Estado, en justicia, se ha debido crear en Alemania, pero las consecuencias geopolíticas hubieran sido catastróficas, y nadie mencionó siquiera esa posibilidad. Se contemplaron entonces opciones como Uganda o Argentina, pero por viejas raíces históricas y decisión del movimiento sionista, la ONU aprobó la creación del Estado de Israel en 1948.

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El Estado de la ONU era un pequeño, disperso y vulnerable territorio que el día mismo de declarar su independencia fue atacado por los ejércitos ineptos de cinco países árabes. Tras un año de guerra, Israel se había anexado un 23% más de territorio, expulsado casi un millón de palestinos y destruido unas 500 poblaciones.

“Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, fue la consigna que legitimó la decisión de la ONU. Pero esto no era verdad: más del 80% de los residentes en esa tierra eran palestinos. Y todas las cosas que han sucedido en los 75 años subsiguientes son consecuencias a veces horrorosas pero todas previsibles de aquella falsedad.

Tanto los israelíes como los palestinos tenían que dividirse entre una línea dura y una línea blanda, entre los esperanzados en la negociación y los que no ven más salida que la fuerza.  Por eso han sido 75 años de bandazos permanentes, de atentados terroristas y levantamientos palestinos seguidos por brutales represalias israelíes, de ocupación continuada de tierras por parte de los judíos y condenas simbólicas de la ONU, de intentos de conciliación mediados por Estados Unidos—el gran aliado de Israel— e incumplimiento de los precarios acuerdos que se han logrado.

Los derrotados por supuesto son y serán los palestinos, porque los israelitas pasaron de ser el David al Goliat, de ser el pueblo perseguido y excluido, a ser una potencia militar de primer orden.

El conflicto es un asunto de supervivencia para los israelíes que fundaron su Estado y para el pueblo palestino que ocupaba el territorio. Por eso este conflicto es insoluble, o tan solo se puede resolver con la completa derrota o la completa resignación de una de las partes.

Los derrotados por supuesto son y serán los palestinos, porque los israelitas pasaron de ser el David al Goliat, de ser el pueblo perseguido y excluido, a ser una potencia militar de primer orden. Por eso la tragedia que estamos presenciando: Hamas asesinó 1249 judíos inocentes, e Israel ha asesinado hasta el momento cerca de 20 mil palestinos inocentes.

Declaraciones hipócritas de los grandes países, mezquinos cálculos geopolíticos …y la historia que seguirá su marcha hasta que en Palestina ya no queden palestinos o los que queden se resignen a vivir bajo un Estado-policía.

Israel ganó la batalla, pero el pueblo judío perdió la superioridad moral. Por eso el Estado de Israel fue un regalo envenenado.

Vea en Razón Pública: ¿Qué pasará en Gaza?

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Hernando Gómez Buendía

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Hernando Gómez Buendía

* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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