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¿Tercera Guerra Mundial?

Escrito por Hernando Gómez Buendía
La Tercera Guerra Mundial

La paz y el orden del mundo dependen de que nos aferremos a un mito.

Hernando Gómez Buendía*

El problema de fondo es la contradicción entre un orden jurídico de Estados soberanos y una geopolítica de imperios o esferas de influencia.

El problema comienza en realidad por la idea del Estado Nacional, o el supuesto de que cada “nación” tiene el derecho a tener su propio Estado. Esta fue la base de los nacionalismos que, después de varios siglos, desembocaron en los grandes Estados de Europa Occidental (Francia, Alemania, Italia…).

Esta también fue la intención del Tratado de Versalles, que después de la I Guerra recompuso la geografía de Europa y Medio Oriente sobre la base de “a cada nación su Estado” … y se encontró con muchas más naciones de las que pudo acomodar en el sistema de Estados. De aquí saldrían naciones sin Estado (kurdos, gitanos…), Estados multinacionales (Yugoeslavia, Checoeslovaquia…), Estados y fronteras inventadas (Jordán, Irak, Bielorussia…), genocidios (como el de los armenios en Turquía), y guerras recurrentes en los Balcanes y en el Medio Oriente (incluyendo el conflicto árabe-israelí y las peleas sangrientas entre suníes y chiitas que siguen hasta hoy en día).

Los ucranianos son una “nación” en el sentido de tener su propio idioma y una historia, una memoria – o, para ser precisos, una mitología- que los hace sentir una nación (tanto como es un mito nuestra idea de “la nación colombiana”). Esa nación sin embargo ha convivido y se ha mezclado con vecinos y rivales durante más de mil años, a veces anexada por Polonia, por Rusia, por Lituania…, otras veces como Estado independiente cuyas fronteras cambiaban con frecuencia. Por eso en la actual Ucrania viven muchos rusos, por eso el ingrediente de “guerra civil” que vimos en Crimea y estamos viendo en las “repúblicas independientes” de Donetsk y Luhansk.

Pero esa guerra civil es sobre todo un pretexto para la invasión de un Estado soberano por parte de un gran poder que pretende defender o mantener su esfera de influencia. Ucrania recuperó su soberanía en 1991, pero desde 1922 había sido parte de la Unión Soviética. Los Estados Unidos y sus socios aprovecharon la debacle de la URSS para arrinconar a su adversario de siglos, con la adición sucesiva de diez países en la esfera de Rusia a la Unión Europea y, sobre todo, a la OTAN.    Ucrania y Occidente estaban coqueteando con la idea de incluirla en la OTAN…y entonces Putin decidió invadirla.

Y esta invasión tiene tres complicaciones:

-Que el invasor tiene armas nucleares. Cualquier ataque o incidente en un país miembro de la OTAN implicaría la guerra entre Rusia y los 30 países que forman esta organización; de aquí la prudencia obligada y la respuesta entre dura y tibia de Occidente, enredado además por sus nexos comerciales con Moscú.

-Que otras potencias tienen reclamos nacionales tan o más solidos y peligrosos que Rusia; es el fantasma de China frente a Hong Kong y Taiwán (o el de Japón en las Kuriles, o el de casi cada país de Oriente Medio…). Una oleada de guerras para volver a barajar las fronteras que incendiaría el planeta.

– Que la geopolítica real es esa, que así es el mundo, que nadie puede tirar la primera piedra. Estados Unidos nos llevó al borde de la guerra nuclear por los misiles en Cuba; Occidente aprovechó la guerra civil en Yugoeslavia para reconocer al “Estado independiente” de Kosovo y bombardear a Serbia…

Por eso el orden y la paz del mundo dependen de aferrarse a este otro mito: los Estados que hoy existen (¿o los que son reconocidos por la ONU?) son países igualmente soberanos y con fronteras que no pueden violarse bajo ninguna circunstancia o pretexto.

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