
El año que viene
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Esta vez no hay que ser adivino, porque el año comenzó hace varios meses: la victoria de Obama, la quiebra de Wall Street y el enredo de Uribe son tres hechos tan gruesos que ya estamos viviendo en otra época.
Hernando Gómez Buendía*
Nadie sabe muy bien lo que hará Obama, pero sabemos que acabó la era Bush: una superpotencia camorrera y torpe, un boom del capitalismo de casino y un fundamentalismo religioso agobiador.
La popularidad sin límites de Obama se debe simplemente a que el planeta ha vuelto a respirar. Respira porque en Washington habrá otra vez un Presidente inteligente, rodeado de esa gente inteligente que analiza el problema antes de ejecutar la solución. Con Obama habrá diálogo y espacio para los argumentos racionales, de manera que ahora por lo menos será posible acertar.
Pero todo lo demás es cuesta arriba: Obama hereda un país en la quiebra, con dos y media guerras inganables (Irak, Afganistán, Pakistán) con la imagen dañada como nunca, con Palestina ardiendo, con la salud y las pensiones reventadas, con la riqueza más mal repartida de su historia, y con una derecha resentida que lo espera a la vuelta de la esquina. Por eso es muy posible – incluso es predecible – que Obama acabe siendo la gran desilusión.
Desilusión, en todo caso, para el mundo, porque la crisis económica en el fondo no es sino un cambio de época: la época de la prosperidad al debe en Estados Unidos. Durante 20 años los norteamericanos pudieron comprar bienes baratos de la China e invertir los ahorros baratos de la China en Wall Street y en viviendas en Palm Beach. Pero la burbuja reventó, y lo que sigue es un esfuerzo colosal -y artificial- de Obama para evitar o suavizar el apretón – es decir para que el mundo siga subsidiando a los norteamericanos.
Los coletazos de ese huracán se sentirán en todos los países -incluyendo a los que creen estar "blindados"-. Y no todos los efectos serán negativos: el petróleo y los alimentos se han vuelto más baratos, y esto es un alivio para los pobres y para la madre Tierra que ya no daba más. Pero otros muchos pobres perderán el empleo, la camisa y el pan, lo que además de ser un retroceso para la humanidad, va a agravar las protestas y el conflicto social.
El conflicto podría hacer explotar a China, cuya estabilidad política depende de crear unos 40 millones de empleos cada año; y el reventón de China – como el de Rusia o el Oriente Medio- tendría efectos calamitosos para el orden mundial. Pero aquí en el vecindario puede pasar que Chávez (Correa y Evo) se hundan con el petróleo, que los gobiernos de turno se desprestigien y que volvamos al ciclo de presidentes débiles y congresos frenados en buena parte de América Latina.
Colombia siempre ha sido una excepción, porque los pobres de aquí no protestan o porque la política no tiene contenido social. Pero la recesión mundial sí afecta a Uribe, porque los ricos son ingratos y no les va a gustar que caigan las exportaciones, la inversión extranjera, las remesas y la ayuda militar americana. Mucho menos les gusta que al Presidente Obama no le guste Uribe, que no confíe en él, que le hable de sindicalistas, separación de poderes y derechos humanos.
El enredo de Uribe consiste pues en que pasó la era Bush y en que el 7% de crecimiento económico no era fruto de la seguridad democrática sino del boom mundial. Pero en este país soberano y blindado cuentan más los tres golpes domésticos que el Presidente recibió el año que ha pasado y con alguna ayuda del propio Presidente: los falsos positivos, las pirámides y la ruptura interna del uribismo.
Los falsos positivos son un golpe simbólico pero brutal a la seguridad democrática. Las pirámides son el fracaso de un modelo social que los pobres le están cobrando a Uribe. La ruptura del uribismo es la puja imposible por mantener el caudillismo sin el caudillo.
Uribe quiere y necesita reelegirse, pero esos tres golpes le sacaron el aire. Si 2008 fue el año de la inflexión, 2009 será el de la confrontación: seguir con Uribe o volver al mar de babas, porque en Colombia no cabe otro futuro.
*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
Acerca del autor
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
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