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Petro, temores desde arriba y esperanzas desde abajo. ¿Cuál de los dos podrá más?

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Ex-alcalde de Bogotá y candidato a la presidencia, Gustavo Petro.

Ex-alcalde de Bogotá y candidato a la presidencia, Gustavo Petro.

Hernando Gomez BuendiaLas redes (y las plazas) se calientan y la opinión se polariza en torno a Petro. ¿Será que puede llegar a la final? ¿Podría ser el sucesor de Santos? ¿Será que por fin vienen las reformas sociales? ¿Será que va a pasar lo que pasó en Venezuela?

Hernando Gómez Buendía*

Picó en punta

El domingo pasado escribí que las elecciones iban a ser reñidas y sin embargo estaban aburridas. Pero la política cambia con rapidez, y en estos días se ha venido acentuando un movimiento que comienza a despertar las emociones.   

En la última encuesta de Invamer, Gustavo Petro apareció en el primer lugar, con el 23,5 por ciento de la intención de voto. Con relación a la encuesta de diciembre, Petro aumentó 9,2 puntos mientras que Fajardo – el que va de segundo- ganó 1,5 puntos y Vargas -el tercero- avanzó 3,6 puntos. Y por su parte en la encuesta del Centro Nacional de Consultoría, Petro aparece con 23 por ciento, cinco puntos por encima de Fajardo.

La disparada de Petro produjo el natural revuelo entre los medios y las redes sociales. “Petro pica en punta”, anunció Semana, “La izquierda dura es favorita en Colombia”, tituló Bloomberg desde Nueva York, “Petro, el expropiador”, repicó un columnista de El Espectador, mientras que Telesur saludó “el año de las izquierdas posibles en América Latina”.  Y por supuesto Twitter, Facebook y todas las tertulias están llenas de conjeturas, recordatorios, verdades, falsedades,  gracejos y exhortaciones a votar por Petro o a frenar a Petro.

Esta ola podría volverse una tormenta, pero en honor a la verdad -y al rigor estadístico-,  hay que empezar por advertir dos cosas:

  • Que Petro gana en esas dos encuestas nacionales, pero Fajardo gana en las de Cifras & ConceptosGuarumo y YanHass que también fueron publicadas este mes.       
  • Que en esas dos encuestas donde gana Petro, habría bastado con que otras 7 a 15   personas en la muestra hubieran sido fajardistas para que los titulares fueran al revés.

O sea que esta fiebre no se debe a las cifras comprobadas sino más bien a las expectativas: todo mundo temía o esperaba que Petro despegara en las encuestas, porque todos sabemos que el país está montado sobre el gran polvorín del descontento.  

De manera que Petro no “picó en punta” sino que está a punto de picar en punta. Es el candidato mejor posicionado para capitalizar el malestar social, pero esto es menos fácil de lo que parece.     

El outsider

Campaña presidencial de Gustavo Petro.
Petro con y contra la revolución bolivariana
​Foto: Twitter Gustavo Petro @petrogustavo

Y por ahora Petro está explorando tres grandes vetas de ese malestar:

  • El primero y más obvio es el de la pobreza, la desigualdad y la exclusión, el de los de abajo contra los de arriba, el del Petro exguerrillero, el de izquierda,  el radical.
  • El segundo es el de la corrupción, el que hasta hace poco se asomaba como el tema de campaña y al cual Petro se acerca con el doble título de sus debates contra el paramilitarismo y su destape del “carrusel de Bogotá”. El Petro del anti-clientelismo y la anti-parapolítica.  
  • El tercero es el de los jóvenes que sobran, los millones de personas no educadas o educadas que no tienen lugar en una economía digitalizada, los que saben que el planeta se acaba y a los que Petro trata de llegar con su nuevo discurso sobre energías limpias o derechos de los animales. El Petro de las redes sociales.  

Y las encuestas en efecto sugieren que la fuerza de Petro proviene sobre todo de los excluidos. Para tomar solo la última de Invamer, el Cuadro 1 muestra que su apoyo es mayor entre el estrato bajo, y que es el candidato con más sesgo de clase (digo esto basado en un test estadístico que se conoce como χ² y que no puedo detallar aquí). El Cuadro 2 añade que un notable 40 por ciento de los jóvenes entre 18 y 24 años están con Petro – y que hay también variaciones acentuadas de acuerdo con la edad-.  

Cuadro 1. Apoyo a candidatos por estrato.

 

Estrato

Candidato

Bajo (1-2)

Medio (3)

Alto (4-5-6)

Petro

25,5%

21,2%

17,2%

Fajardo

18,4%

22,1%

25,8%

Vargas

18,3%

9,7%

11,7%

De la Calle

10,7%

13,9%

7,1%

Duque

8,2%

8,0%

16,5%

 

Fuente: Encuesta Invamer hecha en enero de 2018.

Cuadro 2. Apoyo a candidatos por edad.

 

Grupo Edad

Candidato

18-24

25-34

34-44

45-54

55 +

Petro

39,2%

23,7%

18,6%

17,5%

20,6%

Fajardo

25,2%

19,7%

16,2%

27,3%

15,6%

Vargas

7,6%

16,3%

20,0%

20,0%

14,1%

De la Calle

4,9%

5,8%

10,7%

14,3%

16,7%

Duque

4,1%

6,5%

8,7%

9,3%

14,6%

 

Fuente: Encuesta Invamer hecha en enero de 2018.

Lo anterior en resumen significa que Petro está apostando a ser el outsider y que en efecto comienza a perfilarse como el outsider.  

El outsider es el que viene de afuera, el que es capaz de romper el statu quo  y de acabar con el “establecimiento”. Petro quiere ser la voz de los millones de descontentos – por la pobreza, por la corrupción, por el no futuro- y si lo logra su victoria sería arrolladora.  

Juntando descontentos

Pero Gustavo Petro no es el único ni necesariamente el que mejor apela o es capaz de movilizar masivamente a esos votantes:

1. Para empezar y por supuesto, el Cuadro 1 también dice que la mayoría de los pobres no está con Petro. Destaco aquí el 18, 3 por ciento que tiene Vargas Lleras en el estrato bajo, porque es el anti-Petro que está llenando tantas plazas como él  y porque apunta a otra manera de llegarles a los pobres: con casas gratis y redes clientelistas que sí ponen los votos en las mesas. 

Lo diré con tres “leyes” de la ciencia  política: (i) la inmensa mayoría de los pobres no vota; (ii) gran parte de los votos de los pobres son de maquinaria, y (iii) hay también populismo de derecha, como el de “familias en acción” que tanto le sirvió a Uribe.  

2. La corrupción da pie a dos discursos políticos distintos: (i) el “cívico”, al estilo de Mockus,  que apela esencialmente a los estratos medios, y (ii) el “contestatario”, al estilo de los caudillos populistas de América Latina  que denuncian al establecimiento económico-político corrupto como la causa de todos nuestros males.

Fajardo aspira a encarnar la versión “cívica” del no a la corrupción, y por eso va ganando en los estratos medios (Cuadro 1). Petro vendría a encarnar la versión “contestataria”, pero aquí choca con otra “ley” comprobada de la ciencia política: cuando la clase media siente que viene la revolución, vira masivamente a la derecha – el que tiene una casa o una casita no le jala al socialismo-.

3. El voto joven sería el de las “nuevas sensibilidades” (género, medio ambiente, derechos de los animales…), pero (i) los jóvenes votan muy poco, (ii) estas banderas tienden a chocar con los valores de la gente más vieja, y sobe todo (iii) a los jóvenes habría que proponerles un futuro mejor y factible (me anticipo: un futuro que no es Venezuela).

Coalición con fracturas

Elecciones presidenciales del 2018
Elecciones presidenciales del 2018
Foto: Registraduría Nacional del Estado Civil

Petro intenta pescar en el océano de los descontentos, pero tiene el problema de que los peces son muy distintos y que los unos espantan a los otros.

Más allá de las razones personales – que no faltan- esto ya se vivió con el fracaso del acuerdo de izquierda y luego el de los tres candidatos “progresistas”:

  • Pese a la lista de unidad (ya emproblemada) que presentaron Petro, Caicedo y Clara López al Congreso, no fue posible un pacto para las presidenciales con sus excompañeros del Polo Democrático (López, Robledo y Navarro están en otras toldas), ni se llegó al acuerdo en ciernes con Piedad Córdoba, la Unión Patriótica, el Partido Comunista y tal vez con la FARC. Demasiado radical para los unos y demasiado poco radical para los otros.

Petro en la izquierda solo logró el acuerdo de la consulta del 11 de marzo con Caicedo, el exalcalde samario que nadie más conoce. Lo hizo tal vez para borrar su imagen de incapacidad para unirse con nadie y cuando aún no despegaba en las encuestas, pero esta decisión podría salirle cara. Por una parte y si Petro crece mucho, los asustados podrían votar masivamente por Caicedo y hacer que aborte la opción de la izquierda. Por otra parte y aunque esto no suceda, el perdedor en la consulta ira como vicepresidente, de manera que Petro no dispone de esta carta para ampliar su coalición. 

  • Del otro lado, las diligencias para unir a Petro, Fajardo y De la Calle fracasaron, no apenas por los egos, sino por las fracturas que ellos mismos perciben entre sus votantes.  Fajardo tiene el aval del Sindicato Antioqueño, De la Calle tiene el apoyo de la maquinaria liberal, Petro espanta a muchos de los unos y muchos de los otros. Todos querían con todos pero ninguno podía con ninguno.

Entre Fajardo, De la Calle y Petro existen coincidencias importantes, de manera que Petro puede crecer mucho dentro del campo “progresista”. Más todavía con De la Calle ahogado   (10,6 por ciento en la encuesta de Invamer) y con Fajardo empeñado en no tomar posiciones sobre nada. En la polarización entre Vargas y Petro que ya se vino encima, son sin embargo muchos los fajardistas y los delacallistas que deberán escoger entre dos males, y para mí no es obvio que la balanza se incline hacia la izquierda. Son muchos votos “progresistas” que irán a la derecha.      

En resumen se diría que el punto débil de Petro es su rara ubicación en el espectro político. Sus incongruencias, sus reversazos y sus vaguedades son el fruto gemelo de una vida que lo llevó de la pobreza a la guerrilla, al poder y a los clubes sociales, y del intento de caminar la cuerda floja entre sonar radical para las masas y no sonar muy radical para el ascenso.

La clave está en Caracas          

En esta mezcla de mensajes de clase, de moralismo y de renovación, Petro acaba por ser un populista en el mejor y en el peor estilo de América Latina: el populismo de Perón, el de Getulio Vargas o el de Rojas Pinilla, pero más claramente el de los populistas que vienen de la izquierda de verdad y que en efecto son los “socialistas del siglo XXI”. 

Es un cliché o una imagen de la cual Petro está tratando y seguirá tratando de escapar con     sus acentos sobre lo joven y sobre lo moral, pero un cliché que lo amarra de modo inexorable a una carta perdedora. La carta que sus adversarios no dejaran de refregarle cada día: Petro como el Maduro de Colombia, el exguerrillero del M19 con vicepresidente que fue del ELN  (Carlos Caicedo).    

Hace algún tiempo sostuve en Razón Pública que Venezuela sería nuestro dolor de cabeza y el tema-eje de las elecciones. En esta misma edición, Fernando Guerra describe la situación dantesca que vive Venezuela y el inminente riesgo de un conflicto militar con Colombia.

Pues Vargas Lleras de veras picó en punta con dos mensajes sobre esta crisis que no hará sino agravarse de aquí a Junio:

  • El que lanzó desde la Vicepresidencia contra los “venecos” que vienen a quitarnos las casas, y a cometer delitos como añade el candidato.
  • El del peligro de que en Colombia se repita la tragedia (el anzuelo que usó Vargas para conseguir firmas).

La gente siente que los cerca de 600 mil venezolanos en Colombia les están quitando empleos y oportunidades, y seis de cada diez encuestados dicen que “en el futuro cercano Colombia podría encontrarse en la misma situación que Venezuela”.

Con un rechazo del 98 por ciento en las encuestas, Maduro es más impopular que el ELN, la FARC y los políticos. Petro por eso está enredado – y seguirá enredado- peleando con su sombra, tratando de explicar que no es chavista sino que es socialista del siglo XXI. Con el doble problema

  • De que él no sabe bien cuál sea la diferencia, y
  • De que entre más trate de aclararla menos va a entusiasmar a los más excluidos.   

La culpa no es de Petro: es que la izquierda del mundo se quedó sin piso porque su apuesta  consistía en que el Estado asegurara el bienestar de los pobres, pero el Estado ya no puede hacerlo en una economía globalizada.  

Y además a la izquierda de América Latina le cayó la roya de Maduro, que ha empujado a la derecha en Argentina, Chile, Honduras, Costa Rica o  Ecuador, y que la está empujando en Brasil, Uruguay, Paraguay, México…y –ante todo- en Colombia. 

¿Y entonces?   

Colombia es el único país de América Latina donde no ha habido  gobiernos de izquierda, y eso en mi opinión se debe a que la izquierda armada impidió que avanzara la izquierda desarmada: detrás de las protestas o movimientos populares había “fuerzas oscuras”, y la gente confundía oposición con subversión. 

Con la firma de la paz, Colombia entonces va en camino de convertirse en otro país latinoamericano, desigual y excluyente en grado sumo, gobernado por políticos corruptos y con una juventud sin futuro. Otro país con presidente populista o socialista del siglo XXI.

Unos temen y otros esperan que ese presidente sea elegido en unos pocos meses. Esta es la oleada de petrismo-antipetrismo que ha empezado a levantarse y que seguramente encauzará la campaña.

Pero también seguramente Maduro impedirá que ese pronóstico se cumpla. En otra paradoja de la historia, la “disparada” de Petro en las encuestas será el plato esperado en la bandeja del candidato que encarna exactamente al “establecimiento”: el de las maquinarias y las chequeras y la Fiscalía para la guerra sucia, el de los coscorrones y la mano dura contra Maduro y los venezolanos y todo lo que huela a castro-chavismo.

Poco importa que lo de Venezuela sea fruto de tres cosas que no tiene Colombia: un  petro- Estado que repartió en tiempos de Chávez y que ahora está en la ruina, un Ejército “socialista” que se tomó el Gobierno, y un control férreo sobre el Congreso, los jueces y los medios.

El presidente Petro no tendría ni plata, ni Ejército, ni Congreso, ni jueces, ni medios. Sería cuando más un “outsider” en el mismo sentido que lo fue en Bogotá: discursos, desplantes,  pleitos, algún programa que avanza y retazos de reformas que el establecimiento no deja prosperar.

Pocas nueces, mucho ruido.  

*Director y editor general de Razón Pública.  Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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