¿Justicia para todos? ¿Impunidad para todos? - Razón Pública
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¿Justicia para todos? ¿Impunidad para todos?

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gómez Buendía

Hernando Gómez BuendíaEn lugar de distraernos con debates jurídicos abstrusos, tendríamos que contestarnos las preguntas políticas –y éticas- que conlleva la propuesta de Gaviria. La verdad es dolorosa, pero peor será el país que se empeñó en no verla.    

Hernando Gómez Buendía*

El Presidente Santos respaldó la propuesta del Expresidente Gaviria.

Asimetría moral

¿En qué consiste la propuesta de Gaviria? ¿Por qué el apoyo abierto o cauteloso de todos los sectores? ¿Cómo afecta – y depende- del proceso de La Habana? ¿Cuáles son sus virtudes y problemas? ¿Existe acaso una mejor alternativa?

Creo yo que la clave para responder estas preguntas se encuentra en un hecho que es a la vez profundo y evidente, comprensible y patético, sabido y silenciado: la  asimetría moral de los colombianos que – en el caso de la inmensa mayoría- podría resumirse en una frase: el mínimo perdón para las guerrillas, el máximo perdón para sus enemigos. Por eso:

1. La propuesta de Gaviria beneficia sobre todo a los que han combatido de manera ilegal a la guerrilla;

2. El entusiasmo o cautela de cada reacción se debe a si el que habla está pensando en la guerrilla o en sus enemigos;   

3. La propuesta aprovecha el proceso de La Habana y al mismo tiempo lo facilita y complica;

4. La propuesta tiene un máximo de fuerza política interna y un mínimo de fuerza  jurídica internacional;

5. Una mejor alternativa tendría que separar el tratamiento de los distintos actores criminales.  

El mínimo perdón para las guerrillas, el máximo perdón para sus enemigos. 

Añado desde ya que la asimetría moral se invierte en el caso de la minoría que está con la guerrilla y que – dado el proceso de La Habana – este factor enreda o confunde a todos los sectores.

Aunque lo dije como un punto de partida, el resumen anterior es en efecto un punto de llagada, la conclusión que resulta de leer con cuidado la propuesta, las reacciones de los protagonistas y la literatura básica sobre justicia transicional. En lo que sigue trataré de presentar este ejercicio – y precisar o matizar sus conclusiones-.       

Una fórmula oportuna

“Justicia transicional para todos”, fue el titular de El Tiempo a la extensa columna del ex presidente. Y en efecto Gaviria propuso que la justicia transicional (JT) cubra no solo a los guerrilleros y paramilitares, sino “a los militares… y a los… empresarios, políticos…que de alguna manera fueron financiadores, auxiliadores o pactaron con  paramilitares o guerrilleros.”

Esta universalización de la JT sería mejor que “el indulto automático otorgado a todos los desmovilizados en los últimos gobiernos”. Se trataría de “una decisión política que se adecue a las nuevas reglas internacionales, sin que ellas prevalezcan sobre la voluntad de paz…Nadie…puede esperar que…el derecho internacional… haga imposible la paz de Colombia”.

El escrito de Gaviria añade dos precisiones importantes: que las responsabilidades de los militares “se limiten a las faltas por acción comprobadas y no por omisión”, y que las medidas sean diferenciadas para distintos actores pero se integren en “un mismo artículo” de una ley que sería sometida a referendo.  

El texto de Gaviria por supuesto menciona a guerrilleros, paramilitares, militares y cómplices civiles “de lado y lado”. Pero lo novedoso es la inclusión de los civiles (“empresarios, políticos…”) -que en su gran mayoría han estado “de este lado”-  Su innovación sustantiva es excusar la omisión de los militares – que fue el delito típico de comandantes de brigada-. Y su novedad política sería el referendo para todos es decir, aprovechar el perdón de los guerrilleros para perdonar de una vez a sus enemigos.

Hay que anotar además que la propuesta no parte de ceros sino de una historia larga y complicada de perdones o castigos. Y aquí el principio de favorabilidad implicaría que algunos delincuentes – en especial los paramilitares, parapolíticos y militares condenados por delitos de omisión- se beneficiaran automáticamente de las reglas nuevas.  

Gaviria apela pues a la asimetría moral de la mayoría, pero lo hace justo en el momento  cuando la minoría necesita un salvavidas para el perdón de los guerrilleros en La Habana. Por algo es un maestro de la política.


El Expresidente y Ex secretario General de la OEA, César Gaviria Trujillo.  
Foto: OEA – OAS

 

Convergencia insospechada       

Gaviria advierte que consultó la propuesta con varios dirigentes, y su “opinión” en efecto recibió el apoyo explícito o implícito de cada uno de los protagonistas:

– Santos avaló la propuesta precisando que “las penas alternativas deben ser auténticas y no simples simulacros”. Su ministro de Defensa estuvo “de acuerdo en que los militares tengan soluciones definitivas”. Los partidos de gobierno (U, Cambio Radical, Liberal, Conservador) expresaron sus apoyos respectivos, y el Fiscal recordó que él ya lo había propuesto.

– Desde “el otro lado” Navarro pidió el “perdón mutuo”, Cepeda dijo compartir “la ampliación del espectro de responsabilidades”, y los voceros de las FARC “saludaron” la propuesta como un “gran avance”. En este punto sin embargo salió a flote la asimetría moral de la guerrilla: el criminal es “el paramilitarismo de Estado… Nosotros nunca nos sentimos victimarios, nuestra razón de ser no es agredir a la población, es luchar en su defensa”.   

– La reacción más cautelosa vino desde la derecha. El twitter de Uribe criticó la inexactitud histórica de Gaviria (porque su gobierno no “indultó” a los paramilitares) pero elocuentemente se abstuvo de rechazarla, su abogado salió a defenderla, y su bancada repitió el twitter o añadió que “los criminales de las FARC  deben ir a la cárcel, pero las Fuerzas Militares no están pidiendo impunidad sino justicia”. O sea que el uribismo no descarta la opción de Gaviria, aunque preferiría la asimetría moral mayoritaria en su versión más cruda.      

La voz de la derecha disidente pareció provenir del Procurador, pero no porque se oponga a que los culpables militares y civiles sean cubiertos por la JT sino al contrario, porque desea que sus perdones queden “bien blindados” ante el Estatuto de Roma  y  los demás tratados al respecto.   

En otras palabras: estamos ante un acuerdo nacional de mayorías para ser tan generosos como lo permita la justicia internacional con los militares y civiles que combatieron de manera criminal a la guerrilla.  Hay diferencias técnicas sobre hasta dónde se puede perdonar, pero a partir de un acuerdo político para perdonar el máximo posible. Y a este acuerdo se suma la minoría que necesita “tragarse el sapo” de perdonar los crímenes “del establecimiento” con tal de que el país se trague el del perdón para los  “insurgentes”.  

Fácil pero difícil 

Con semejante apoyo político, diría yo que solo falta el pupitrazo: con una dosis entre menor y mínima de “justicia”, habrá perdón para todos los criminales. Y sin embargo habría que superar dos escollos enormes, uno dentro y otro fuera de Colombia.

1. El interno es la negociación con las FARC. A estas alturas no sería presentable perdonar los delitos del establecimiento sin perdonar los de la insurgencia, pero todos sabemos que el perdón de la guerrilla es el punto más difícil de la agenda de La Habana. O sea que el primer obstáculo a la propuesta de Gaviria es nada menos que la firma del acuerdo con las FARC.

El empujón de Gaviria a este proceso consiste cabalmente en ofrecer el caramelo del perdón a quienes “nos defendieron” para que el pueblo acepte refrendar el acuerdo con las FARC. Y sin embargo su propuesta dificulta el proceso porque amplía la agenda y debilita al gobierno en la negociación. En efecto:

-Una JT “para todos” implica que en La Habana se examinen los delitos y perdones para todos los actores, pero no es claro -ni es fácil- que este sea el escenario para convenir, anticipar o siquiera discutir medidas de justicia que por ejemplo afecten a los militares.  

-Al avalar la propuesta, Santos redujo su capacidad para exigir el castigo riguroso de las FARC. Tanto así que la primera reacción de estas fue aprovechar el acuerdo político de Gaviria para endurecer (aún más) su posición: “Ni un solo día de  cárcel…Ningún proceso de paz ha terminado con guerrilleros en la cárcel. Este es un proceso político que requiere soluciones políticas y no jurídicas”.

Hay diferencias técnicas sobre hasta dónde se puede perdonar, pero a partir de un acuerdo político para perdonar el máximo posible.

Gaviria entonces facilita la refrendación pero dificulta la negociación del acuerdo de la Habana. Y si el acuerdo llega a ser realidad, su efecto neto en términos de justicia habría sido reducir el castigo o aumentar la impunidad para las FARC.

2. El obstáculo externo es la justicia internacional. Sin entrar en detalles ni debates jurídicos, recordaré simplemente que no existen tratados que autoricen la impunidad, sino instrumentos que condicionan y limitan la favorabilidad penal que los Estados pueden aplicar a los violadores de los derechos humanos.

La interpretación precisa de esos límites y condiciones es cabalmente el punto del debate. Gaviria y el acuerdo nacional mayoritario proponen la interpretación más generosa o sea que “el derecho internacional no haga imposible la paz de Colombia”.  Esta interpretación podría ser válida, sólida, e incluso bendecida por la Corte  Constitucional.    

Pero sucede que ni la Corte, ni el procurador, ni Colombia entera pueden garantizar que la Corte Penal Internacional, la Interamericana o algún juez Garzón en cualquier país del mundo interprete que se violaron los tratados. Después de todo – y cerca de nosotros- las leyes de supuesto “punto final” en Argentina, Chile, Uruguay y Guatemala se han caído. Y por ende la jugada magistral de Gaviria viene en efecto a ser una jugada inútil e infantil para esconderse del mundo.

El Presidente Santos respaldó la propuesta del Expresidente Gaviria.
El Presidente Santos respaldó la propuesta del Expresidente Gaviria.
Foto: Presidencia de la República

¿Otro camino?       

En un país con la historia de Colombia, diría yo que lograremos maximizar la impunidad para los de “este lado” -y de rebote- para los del otro. Y sin embargo habría  sido preferible darle la cara a los problemas éticos:

  • Lograr la interpretación más benigna de la JT no es un gol contra los extranjeros, sino un penoso autogol. Los tratados establecen el máximo de favorabilidad que puede concederse, o sea que los Estados deben tratar de aplicar más y no menos rigor al sancionar aquellas graves violaciones de los derechos humanos. Estos derechos son patrimonio de la humanidad, y aunque los presidentes o ex presidentes no lo quieran, los colombianos somos parte de la humanidad.
  • Se llama justicia “transicional” porque su propósito es facilitar la transición de la guerra a la paz. El Estado perdona porque ha sido incapaz de someter a los delincuentes y concluye que el perdón es la única manera de lograr que abandonen la violencia. Los beneficios para las FARC no serían por bondad ni por olvido sino por ser el precio -o en efecto, el chantaje- que ellas exigen para firmar la paz. ¿Pero acaso los militares o civiles que han cometido delitos seguirían delinquiendo cuando no existan las FARC? O peor, ¿acaso la Fuerza Pública es un enemigo del Estado, a quien éste, además, no ha podido someter?
  • Gaviria arguye tres razones para legitimar su propuesta. La ya dicha –y fallida- necesidad de que los procesos o cargos penales no sean revividos. La necesidad de “descongestionar la justicia”- como si los crímenes atroces no fueran, al revés, la prioridad-. Y la única que parece convincente: el principio de igualdad (evitar que “los guerrilleros queden libres mientras los militares pagan cárcel”), siendo así que en la JT no cabe la igualdad sino el aporte de cada personaje a la desaparición de la violencia.
  • Lo cual me trae al punto final: la justicia transicional no puede ser para todos. Ni la clase dirigente  (“empresarios, políticos…”) ni el Estado (“militares) pueden  auto-amnistiarse. Mejor dicho: sí pueden. Y en esto exactamente reside en mi opinión la verdadera  tragedia de Colombia.     
     

*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.

 

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