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La condición humana

Escrito por Hernando Gómez Buendía

Hernando gomez buendia"Todo lo que es real se evapora en el aire", escribió Marx en 1848. Pues es exactamente lo que estamos viviendo en este 2008: las economías se están derrumbando sin que nadie las empuje ni nadie las contenga.

Hernando Gómez Buendía*

Lo imposible sucede ante los ojos atónitos de todos. Empresas perfectamente sólidas de pronto quedan sin valor de mercado, los bancos están llenos de dinero y no lo prestan, los ahorros de millones de personas se esfuman sin aviso, los empleos se pierden, los planes se cancelan, lo sueños se postergan y el dominó de quiebras infundadas se riega por todos los rincones y va golpeando a todos los países.

Entre el 2002 y el 2007 el ingreso per cápita del mundo aumentó más que en ningún otro momento de la historia (3.2% anual). Ahora sin embargo vamos camino a una recesión apenas comparable a la "Gran Depresión" de los años 30.    

Nadie puede creerlo: El FMI, el Banco Mundial, los gobiernos y los economistas responsables anticipan una "desaceleración" pero no una depresión internacional. Razonan que "los fundamentales"  – la productividad, los recursos, los mercados – están sanos. Razonan que ésta enfermedad está diagnosticada y que el remedio se conoce bien. Y razonan, en fin, que los agentes económicos no pueden ser tan sumamente "irracionales" que aniquilen su propio bienestar.

Pero el mundo está hoy tan loco que los cuerdos no saben si están locos y los locos no saben si están cuerdos. Estamos ante un experimento formidable y dramático en la "psicología de masas", que puede dar al traste con la prosperidad y la esperanza de ellas  -y la de miles de millones de personas que no tienen ni decisión ni voto en este caso-. E infortunadamente, desde que Gustave Le Bon fundó esa disciplina, se sabe que las masas actúan en estampida, o que "una masa de personas razonables es peligrosamente irrazonable".   

A no ser que lo impida una fuerza mayor. Para Le Bon, conocedor de la Revolución Francesa, esa fuerza tendría que ser  el caudillo, alguien capaz de hipnotizar a las masas. Pero hoy estamos en manos de un nadie como Bush, cuyos 17 discursos -17, en un mes- no ha oído nadie ni a nadie le interesan. McCain y Obama tienen poco en claro, y en todo caso les faltan meses como siglos. En Europa o en Asia no hay figuras carismáticas, y los países de por acá no cuentan.

De modo que la crisis la manejan los técnicos (un míster Paulson, un Doctor Bernanke, un monsieur Trichet) y la "fuerza mayor" que ellos aplican es mandarle mensajes racionales al mercado: garantizar los préstamos, comprar bancos quebrados, regar dinero y explicar que "los fundamentales" están bien. Tienen toda la razón pero las masas no son razon-ables, y el gran peligro que corremos estos días es que cada mensaje racional siga llegando cuando ya no alcanza para ponerle freno a la estampida.

En algún momento parará por supuesto la estampida, pero sus daños infortunadamente  serán graves. Primero porque en economía lo imaginario tiene efectos reales: la pérdida de confianza paraliza la inversión, baja las compras y aumenta el desempleo, de modo que hoy la humanidad es bastante más pobre que hace un mes, que hemos perdido bienes o servicios – y no sólo billetes- por trillones. Segundo, porque se han dado y se darán grandes cambios en el reparto de ese ponqué más pequeño: unos pocos ganarán, y el resto de los unos perderá más que los otros – ya se sabe, los más débiles, los menos informados, los que estaban peor "posicionados"-.  Y tercera, porque la quimioterapia que están usando los técnicos tendrá efectos laterales ("riesgo moral" y distorsión de precios, como dirían esos mismos técnicos).

Vendrá una ola de intervencionismo o de regulación por parte del Estado. Y en unos años o en unas décadas volveremos a descubrir que el Estado no era tan buen gerente como creíamos – o sea que los políticos y burócratas fracasan con tanto estruendo  como los empresarios y los banqueros.  

Y es porque ser humano es no tener nada seguro. La humanidad avanza, pero también a veces retrocede. Condición humana. 

 

*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

 

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