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El Procurador y los fundamentalistas

Escrito por Hernando Gómez Buendía

hernando gomez buendia Por mojigato y por politiquero, los periodistas "bien" montaron una cruzada contra  el  Procurador Alejandro Ordoñez. En ambas cosas tienen la razón, pero sus ataques confunden los valores esenciales, y muestran un integrismo igual al que dicen atacar.

Hernando Gómez Buendía*

El señor Ordoñez es católico y "camandulero": podría ser masón, budista o bautista, y eso no le quita ni le pone méritos para ocupar el cargo en una democracia pluralista.  Ordoñez desaprueba la eutanasia, el aborto y las uniones gay: eso tampoco le impide ser Procurador, mientras no trate de imponer a otros su propia moralidad, mientras respete la Constitución y la ética de la civilidad. Y es porque la democracia pluralista empieza por respetar las creencias privadas de cada uno.

El único acto de intolerancia que los "bien" le censuran a Ordoñez fue su denuncia contra un periodista por el delito de ultraje a símbolos religiosos que establece el  Artículo 213 del Código Penal. Yo no creo que al Estado le corresponda penalizar estos actos, precisamente porque el pluralismo implica no darles más valor a unas creencias que a otras -y anteponer, por ejemplo, los símbolos religiosos a los símbolos étnicos-. Es más: creo que el Artículo es inconstitucional porque viola el derecho a la igualdad. Pero su texto está vigente, y Ordoñez tenía todo el derecho de invocarlo.

El punto era distinto. Dos meses antes de que Soho plagiara el afiche de "La Última Cena" donde los apóstoles rodean a una modelo desnuda, el Tribunal Superior de París había ordenado a su autor que suspendiera el uso publicitario de la idea. Es porque en Francia -la cuna de la democracia- ese hecho no es delito pero si una violación del pacto de convivencia: todos estamos obligados a respetar lo que los otros consideran sagrado, y hacer chistes públicos a costa de esos símbolos es violentar la ética del pluralismo. Así que en este caso los periodistas "bien" no defendieron la libertad estética ni el derecho de expresión sino el uso comercial del sexo por parte de una revista que vive de ese comercio.      

En cambio hay una tesis del señor Ordóñez que sus críticos no notaron y que lo descalifica de raíz para el cargo. Es la tesis de San Agustín, "la ley injusta no es ley", o sea que debemos violar la ley "injusta". Esto es lo mismo que piensan las Farc o los mormones, es poner una moralidad encima de la ética, es una incitación abierta a la  subversión y es la única idea que no cabe en una sociedad pluralista.

La ley "injusta" no se viola: la ley injusta se cambia según las reglas del Estado de Derecho. Y una regla que debería cambiarse es aquella que confía a los vigilados la potestad de escoger a su vigilante. No es bueno que los congresistas elijan al Procurador que debe vigilarlos ni es bueno que el Procurador vigile a los congresistas que pueden reelegirlo. En esto tiene razón el señor Ordóñez, y su propuesta de reformar la Constitución es muy legítima. Lo ilegítimo fue hacer uso comercial de la idea y conversarla con sus electores, sobre todo ahora que tantos congresistas están siendo investigados por la  Procuraduría.    

Ese fue un acto de politiquería ante un Congreso politiquero y donde muchos   probablemente votaron a cambio de los puestos que tal vez repartió Ordóñez. Pero los periodistas "bien" no demostraron que los puestos se hubieran repartido, y en vez de eso tildaron de "puesteros" a los congresistas que votaron por alguien cuyas creencias ellos no comparten.

Es el fundamentalismo de "los buenos" contra el fundamentalismo de los "malos". Pero los dos son igualmente detestables porque los dos son igualmente autoritarios.  

*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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