
La encrucijada de Gustavo Petro
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Las reformas sociales en bien de los desprotegidos podrían empeorar la situación de los desprotegidos. ¿Por qué?
Hernando Gómez Buendía*
Antes habíamos tenido gobiernos reformistas, como el de José Hilario López, el de López Pumarejo, el de Lleras Restrepo, tal vez como el de Belisario Betancur; y habíamos tenido momentos populistas, como el de Melo en el siglo XIX o el de Rojas en los años cincuenta. Pero Petro es el primer presidente que no proviene del Partido Liberal ni del Conservador, el primero escogido por voto popular que desde siempre ha predicado el socialismo y que por eso se ha comprometido a mejorar masivamente las condiciones de vida de los excluidos.
Y aquí vendrá la encrucijada: si estas reformas son tímidas, no elevarán de veras el nivel de vida de las mayorías; y si son radicales, encontrarán la oposición cerrada de los afectados.
Pero llegó la hora de las definiciones, y para este año se anuncian las reformas que pueden resultar más conflictivas: la de salud, la laboral, la pensional, la del sistema de transferencias sociales, tal vez la de finanzas regionales…Y aquí vendrá la encrucijada: si estas reformas son tímidas, no elevarán de veras el nivel de vida de las mayorías; y si son radicales, encontrarán la oposición cerrada de los afectados.
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Mejor dicho: las reformas eficaces implican pisar callos o implican un aumento desmedido de los gastos del Estado. En la cuestión agraria, por ejemplo, hay que expropiar la tierra o hay que comprársela a precio comercial a los terratenientes; en salud o en pensiones hay que aumentar los aportes de los cotizantes o aumentar los subsidios a los no cotizantes; en materia laboral, se encarecen los costos de la mano de obra o el Estado provee, digamos, una “renta básica” o un ingreso mínimo…No hay cosas gratis en la vida.
Hay otro modo de describir la encrucijada: un gobierno de izquierda piensa en las reformas, pero a la gente no le importan los cambios en la ley sino en su vida.
Hay otro modo de describir la encrucijada: un gobierno de izquierda piensa en las reformas, pero a la gente no le importan los cambios en la ley sino en su vida. Petro va a insistir en las reformas y tratará por supuesto de que sean verdaderas; pero entre más callos pisen mayor será el temor de los inversionistas y mayor el desempleo. La otra opción —aumentar el gasto público— es la receta perfecta para agravar la inflación.
La paradoja infortunada sería esta: que las reformas de un gobierno dedicado a mejorar la condición de vida de las mayorías aumenten el desempleo y encarezcan los productos que consumen esas mismas mayorías.
¿Será que por andar buscando el queso nos quedamos sin el pan? Es la pregunta de este año para el gobierno de Petro y, sobre todo, para los pobres —y los ricos— del país.
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Acerca del autor
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
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