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¿Por qué fracasa la izquierda en América Latina?

Escrito por Hernando Gómez Buendía

El Presidente Maduro junto a la suspendida Dilma Rousseff.

Hernando Gómez BuendíaAunque hicieron o han hecho grandes avances sociales, los gobiernos de izquierda sigue cayendo en toda la región. ¿Qué tienen de común – y de distinto- los tres tipos de izquierdas de América Latina? ¿Y cuál podría ser la izquierda del posconflicto en Colombia?   

Hernando Gómez Buendía*

Auge y caída de un proyecto político

Durante la primera década de este siglo (o más exactamente entre 1998 y 2011) fueron elegidos presidentes de izquierda en 12 de los 18 países democráticos de América Latina: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

Para mediados de la década pasada, más de las dos terceras partes de los latinoamericanos estaban siendo gobernados por la izquierda.      

Este fue un logro de proporciones históricas para una izquierda que durante los 50 años anteriores solo había ganado unas elecciones presidenciales: las de Chile en 1970, que además desembocaron en el golpe de Estado contra Allende (1973) y en la larga dictadura de Pinochet (1974-1990).

Los gobiernos por voto popular que se declaran “de izquierda” han tenido distintos titulares y distintas duraciones, así:

  • Argentina             Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Kirchner (2007-2015).
  • Bolivia                  Evo Morales (2005-2019).
  • Brasil                    Luis Inácio Lula da Silva (2003-2010) y Dilma  Rousseff (2011-2016).
  • Chile                     Ricardo Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018). 
  • Ecuador                Rafael Correa (2007-2017).
  • El Salvador           Mauricio Funes (2009-2014) y Salvador Sánchez (2014-2019).
  • Honduras              Manuel Zelaya (2006-2009).
  • Nicaragua             Daniel Ortega (2006-2021).
  • Paraguay              Fernando Lugo (2008-2012).
  • Perú                     Ollanta Humala (2011-2016).
  • Uruguay               Tabaré Vázquez (2005-2010), José Mujica (2010-2015) y Tabaré Vázquez (2015-2020).
  • Venezuela            Hugo Chávez (1999-2013) y Nicolás Maduro (2013-2019).   

Como sugiere la lista anterior, la mayoría de esos gobiernos acabaron mal: apenas siete de los 12 países tienen hoy un presidente que se autodefine como de izquierda (Bolivia, Chile, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela), y en los cuatro donde las elecciones serán pronto es muy probable que resulte derrotada: en Chile por los escándalos de corrupción, en Ecuador por cansancio con Correa, en El Salvador por la bancarrota fiscal, y en Venezuela por la crisis galopante (con o sin elecciones).  

Para mediados de la década pasada, más de las dos terceras partes de los latinoamericanos estaban siendo gobernados por la izquierda.      

Sin aludir aquí al caso de Cuba, los hechos anteriores parecen confirmar la creencia extendida de que “la izquierda fracasó en América Latina”  y que por tanto la región “está girando a la derecha”.

¿Pero ese ocaso de los gobiernos implica que la izquierda  no es viable en esta parte del mundo, o se trata tan solo del desgaste natural y/o de los errores tácticos que han cometido los distintos presidentes?  Esta pregunta es muy difícil de contestar (más todavía en unas pocas líneas), pero creo que es de mucho interés para América Latina porque -al menos en teoría– la izquierda es la esperanza de inclusión para las mayorías en la región más desigual del mundo.

Y la pregunta es de especial interés para Colombia porque  tenemos la izquierda más débil de toda la región y, sobre todo, porque muchos esperan que el Acuerdo de La Habana será el punto de inflexión para la izquierda,  mientras Uribe advierte que “en unos pocos años el Acuerdo llevará a la instauración de un régimen Castro-Chavista”.

Tres izquierdas  

Miembros de las FARC en proceso de posconflicto
Miembros de las FARC en proceso de posconflicto
Foto:  Presidencia de la República 

Lo del “fracaso de la izquierda” es cierto en el sentido de que ha perdido o está a punto de perder el poder en casi todos los países donde hace poco lo tenía. Pero un juicio ponderado tendría por supuesto que mirar los logros de esos gobiernos y las causas de su declive, para lo cual es conveniente distinguir, como mínimo, entre tres tipos de izquierda:  

1. La que podría llamarse cosmética o cuando más  “embrionaria”, donde estarían estos cinco países:

  • Honduras, porque Zelaya fue un presidente de derecha declarada que cayó en desgracia con Estados Unidos.
  • Nicaragua porque a pesar de su pasado y su discurso Sandinista, Ortega es un dictador paternalista  que aspira a completar ¡26 años! de gobierno.
  • Perú, porque Humala fue apoyado por los países de  ALBA pero gobernó con las trasnacionales mineras.
  • Paraguay, porque Lugo era un cura progresista que sin embargo no hizo casi nada.
  • E incluso El Salvador, porque Funes y Sánchez son “izquierdistas” en comparación con la ultra derecha, pero apenas un poco reformistas en materia social.

2. La izquierda “reformista” o socialdemócrata, que llegó al poder en los cuatro países del Cono Sur con el apoyo de los sindicatos y los estratos medios-bajos de las ciudades.  

Aunque los cuatro casos son diferentes, estos gobiernos de izquierda comparten dos rasgos básicos: (i) la combinación entre políticas laborales y programas sociales expandidos en beneficio de las mayorías, y (ii) el respeto por las reglas del Estado liberal  (separación de poderes y elecciones competitivas).

Se trata por lo tanto de una izquierda más propia de las democracias urbano-industriales, de corte europeo, que se adapta mejor a la estructura social del  Cono Sur.  Y aquí cabría decir que paradójicamente el fracaso de la izquierda fue mayor entre más éxitos tuvo en el gobierno, así:         

  • El fracaso peor se dio en Brasil, donde el Partido de los Trabajadores logró una reducción espectacular de la pobreza y una notable ampliación de la clase media, y sin embargo acabó con la mayor recesión de la historia del país y la destitución de Rousseff en 2016.     
  • El segundo peor es Argentina, donde los Kirchner lograron recuperar mucho de lo perdido con la debacle económica de Menem/ De la Rúa (1998-2002), pero en 2015 perdieron las elecciones por unos pocos votos.
  • Chile es un caso intermedio porque se trata de una izquierda moderada que había cogobernado desde 1990 y no hizo grandes cambios, pero por otra parte la derecha vuelve a ser favorita para las elecciones de este año.
  • Y Uruguay no es un fracaso porque los indicadores sociales llevan diez años de mejora sostenida y el presidente Vázquez lleva poco de elegido.         

3. La izquierda “populista” de la Región Andina, que yo más bien llamaría “rupturista” porque es más novedosa y radical que la del Cono Sur.  La base aquí no son los sindicatos ni las clases medias sino los indígenas (sobre todo en Bolivia), los campesinos y los trabajadores urbanos informales (sobre todo en Venezuela). En concordancia con sus bases sociales, estos gobiernos:

  • Apelan menos a la política laboral que los del Cono Sur, pero hacen uso masivo de los subsidios sociales;
  • No vienen de un partido político sino de un movimiento de masas, lo cual conlleva un gran énfasis sobre lo simbólico, lo identitario y lo anti-imperialista.   
  • Con su hiper-presidencialismo y sus reelecciones sucesivas, estos gobiernos tienen menos respeto por las normas del Estado liberal, aunque aquí hay tres grados: Maduro es un dictador, Evo busca su cuarta reelección y Correa se contentaría con imponer al sucesor.

Los proyectos rupturistas también se diferencian en sus grados de éxito:

  • Bolivia es el caso de mostrar en América Latina, porque la izquierda redujo la pobreza a la mitad y -sobre todo- porque después de cinco siglos  les devolvió la dignidad a los indígenas (lo cual  demuestra el valor de lo simbólico).     
  • Ecuador está en la cuerda floja porque Correa deja carreteras y  progresos sociales, pero la actividad económica se enfrió y la gente se cansó de su paternalismo.
  • Venezuela es el caso más dramático porque los grandes avances en salud y educación se borraron con la crisis, y aunque Maduro (o su vicepresidente) sigan en el poder, el chavismo acabará calamitosamente.

Cuatro cosas en común   

Pero no obstante las muchas diferencias entre esas doce historias nacionales, creo encontrar elementos suficientes para sugerir algunas generalizaciones:

La izquierda “populista” de la Región Andina, que yo más bien llamaría “rupturista” porque es más novedosa y radical que la del Cono Sur.  

1. La izquierda llega al poder cuando hay crisis económica, y sobre todo cuando esta desemboca en una crisis de gobernabilidad.

Salvo en los casos de Chile (donde en el año 2000  hubo apenas rotación entre los dos partidos de gobierno), Honduras  (donde Zelaya fue elegido por el viejo Partido Liberal), Nicaragua (donde la derecha se dividió en 2006), y Perú (donde gana el primero de los anti-fujimoristas, sea un Humala o un Kuczynski), las victorias electorales de la izquierda se dieron en medio de la recesión y la inestabilidad política, así:

  • En Argentina tras los tres presidentes caídos en tres años (del 2001 al 2003);
  • En Brasil tras la crisis financiera de 2002;
  • En Bolivia tras los cuatro presidentes en los cinco años anteriores a Evo;
  • En Ecuador tras 8 presidentes en los 8 años previos a Correa;
  • En El Salvador tras la gran recesión de 2008 (importada de Estados Unidos);
  • En Paraguay tras la crisis terminal del Partido Colorado y sus 60 años de gobierno; 
  • En Uruguay tras el entierro del bipartidismo, y
  • En Venezuela tras los fallidos segundos mandatos de  Pérez (1989-1993) y Caldera (1994-1999), que también enterraron a sus dos partidos.

Diríamos entonces que los triunfos recientes de la izquierda se han debido al fracaso de los gobiernos de derecha (y aún se advertiría que el giro del país hacia la izquierda ha sido más radical entre mayor haya sido aquel fracaso)-.

En tanto se limita a confirmar la ley del péndulo, esta primera generalización suena trivial. Pero también sugiere que el ascenso de la izquierda no depende -como suponen muchos-, del nivel de pobreza, desigualdad o injusticia, sino más bien de que ocurra una crisis económico-política, de que el gobierno en funciones sea incapaz de manejarla, y del proceso electoral concreto.

2.  Mirando un poco más atrás en la historia de América Latina, también es claro que la victoria electoral de la izquierda necesita  la aquiescencia  de Estados Unidos. Con esto aludo sobre todo al tiempo de la Guerra Fría, cuando las crisis económico-políticas acababan en golpes militares promovidos por Washington, que a su vez reprimían los esperables avances de la izquierda.

Por eso el auge de la izquierda tuvo que esperar a la caída del Muro de Berlín, y por eso en el “patio de atrás” que es Centroamérica no cabe en realidad sino la izquierda cosmética: con la excepción estridente de Colombia, fue toda Suramérica la que viró a la izquierda.

3. Las cifras muestran que en América del Sur (e incluso en Nicaragua) los gobiernos de izquierda en efecto lograron avances sustanciales en materia de pobreza, de empleo (en menor grado) y de ampliación de la llamada clase media (los que ganan entre 10 y 50 dólares al día). Ésta es la razón principal para no hablar del “fracaso” a la ligera, y la que sigue dando validez a las izquierdas.    

Pero no es menos cierto que ese progreso fue financiado por el boom del petróleo y el gas en los países andinos, más las agro-exportaciones en el Cono Sur, que permitieron a los gobiernos respectivos esa especie de salto al Estado Benefactor. Lo cual me obliga a formular dos grandes “peros”:

  • Los gobiernos de derecha en Colombia (o en México, o Perú) también hicieron transferencias masivas (tipo “Familias en Acción”), que redujeron la pobreza y ampliaron la clase media. La izquierda por lo tanto no trató de redistribuir en serio la riqueza sino de dar subsidios temporales y paternalistas.
  • Y aquí encontramos la explicación más obvia y principal de la caída de los gobiernos de izquierda: que ya pasó la bonanza de los bienes primarios, que llegó la recesión (magnificada por manejos “populistas” en Brasil o Venezuela), que estos gobiernos no fueron previsivos y no sembraron la bonanza  petrolera (aunque Correa y Evo han sembrado un poquito).

4. El peor lunar de la izquierda en el poder ha sido por supuesto el abuso del poder.

Los expresidentes Cristina Kirchner de Argentina, Lula de Brasil, Funes de El Salvador y Humala de Perú están siendo procesados por tráficos de influencia millonarios; Ortega es hoy el dueño de media Nicaragua, la corrupción es una forma de gobierno en Venezuela, y los escándalos más o menos creíbles han envuelto a los jefes de Estado, sus parientes cercanos o allegados en los otros seis países con gobiernos de izquierda (aunque Evo fue absuelto por el Congreso).

Pero las habas de la corrupción se han cocido por igual en el México de Peña Nieto, la Guatemala de todos sus presidentes, la Costa Rica de Rodríguez y Calderón, el Panamá de Martinelli, la República Dominicana de siempre y la Colombia del dúo Uribe-Santos: tenemos 18 democracias donde la corrupción comienza por la cúspide.   

La otra forma de abuso de poder es el manoseo de la Constitución para recortarle facultades al Congreso, parcializar los jueces, silenciar periodistas y en especial, para auto-reelegirse una y otra vez, como ha pasado  con Ortega y con los tres proyectos “rupturistas” (el de Evo, el de Correa y el de Chaves-Maduro).

Pero ese manoseo de la Constitución para reelegirse también se dio en Colombia, y no se debe a que el gobierno sea de izquierda o de derecha sino a que lo encabece un líder carismático que se cree – y que es– irremplazable.  

Es América Latina

Rafael Correa, presidente ecuatoriano, representante de la izquierda en dicho país.
Rafael Correa, presidente ecuatoriano, representante de la izquierda en dicho país. 
Foto: Wikimedia Commons

Tal vez el mejor modo de amarrar las conclusiones anteriores sea decir que la izquierda que tenemos en América Latina es arte y  parte de América Latina es decir, de un continente que aunque no lo sepamos o no lo queramos,

  • Es movido sobre todo por impulsos que vienen desde afuera: ni la Guerra Fría, ni el final de la misma, ni los duros programas de “ajuste macroeconómico” que llevaron las izquierdas al poder,  ni la  bonanza petrolera, ni la caída de los precios energéticos se decidieron en esta parte del mundo.
  • No podrá en serio salir de la pobreza mientras no invierta sus riquezas en dar el salto a las industrias de punta, y no podrá llegar a la equidad mientras se roben el erario y abusen del poder sus gobernantes. De izquierda o de derecha.  

Y así llego a las preguntas que podrían seguir para Colombia.

Como creo haber mostrado en Razón Pública, la excepcionalidad del “caso colombiano” consiste en que el conflicto armado impidió el crecimiento de la izquierda desarmada.  El posconflicto entonces significa que Colombia no seguirá siendo el caso excepcional, es decir que  desde ahora seremos otro país democrático de América Latina:

  • ¿Será que ahora sí es posible que prospere la izquierda?
  • ¿Cuál de las tres izquierdas podría prosperar en esta democracia?
  • ¿Qué tan probable es la crisis económico-política que abra el camino a un gobierno de izquierda en Colombia?

    

*Director y Editor General de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic en este enlace.      

  

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