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El año de Santos

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendia

Hernando Gómez BuendíaUn análisis breve pero claro de qué pasó y por qué pasó lo qué paso este año en la política.

Hernando Gómez Buendía *

primer añoTodos sabíamos que el pasado 30 de Mayo Álvaro Uribe Vélez iba a ser elegido presidente por  otros cuatro años, sabíamos que el gobierno nacional seguiría obsesionado con las FARC,  y sabíamos también que seguirían las peleas con Chávez, con Correa, con los magistrados y con los periodistas, con Gustavo Petro, con César Gaviria o con cualquier otra persona que se atreviera a disentir del presidente.

Pero unos meses antes, el 25 de febrero, la Corte Constitucional de improviso decidió que no podía convocarse al referendo que autorizaba la segunda reelección de Álvaro Uribe. Este fue el precio del principal y casi único error político que había cometido el señor presidente: atacar de manera incesante y destemplada a los jueces que años después habrían de decidir su permanencia en el cargo y que también habrían de juzgar a sus amigos -y hasta, eventualmente, a él  mismo-.     

El fallo de la Corte Constitucional destapó la carrera por quedarse con los votos de Uribe. Fue una extraña carrera de resistencia y de contorsionismo entre sus cuatro posibles herederos:

  • Uribe quería  dejarnos a "Uribito" para seguir él al mando, pero la insensatez nacional no le daba para tanto.
  • Vargas Lleras era el más genuinamente duro con las FARC, pero se había cansado de hacer cola y así quedó en el mundo raro de hacer antiuribismo con las ideas de Uribe.
  • Noemí hizo el ridículo porque posaba de uribista pero Uribe en persona lo negaba.
  • Juan Manuel Santos ganó pues por descarte, pero también por resistente y por buen contorsionista.

En efecto, el doctor Santos jamás fue uribista y abiertamente se opuso a la primera reelección. Pero la meta de su vida era ser presidente y entendió que el camino pasaba por Uribe. Así que un día decidió cambiar de bando y dio a luz el partido "de la U" (mejor dicho, el "de U") para ocupar el ministerio estrella y propinarles duros golpes a las FARC. Aunque tenía vuelo propio (era un Santos, no un Arias) y a diferencia de Vargas y Noemí,  Santos pospuso su lanzamiento hasta que Uribe quedó inhabilitado.

Y así, paradójicamente, Santos logró quedarse como "el hombre de Uribe" sin ser de veras un hombre de Uribe. Uribe no podía invocar ninguna deslealtad para dejar de apoyarlo y al final ya no tenía más remedio que apoyarlo. Pero la opinión y en especial la clase alta percibían que Santos era un Santos y no un incondicional de Álvaro Uribe.

La campaña de Mockus tuvo un gran éxito inicial porque fue una campaña contra Uribe o, más exactamente, contra el "todo se vale" que mucha gente, y en especial los jóvenes de facebook, con razón asociaban con Uribe. Pero este slogan no funcionó contra Santos, que logró pasar de agache  (los medios no se fijaron en los "falsos positivos"), y que además, con "J.J", aprovechó la no-campaña de Mockus para acabarlo a base de rumores.

Juan Manuel Santos ganó por ser lo que es: un político pragmático y un jugador de póker excelente. No es un hombre de convicciones como Uribe ni es un hombre de rabietas como Uribe. Es un hombre cerebral, disciplinado y eficiente. Es un profesional de la política, de la oportunidad y del manejo de los medios. Es dueño de los medios.

Estos primeros meses de gobierno han sido sumamente afortunados. Y el secreto principal de este gran éxito en realidad es bastante sencillo: no caer en las guerras inútiles ni en las obsesiones semánticas de Uribe:

  • Esto bastó para que el país se distensionara.
  • Bastó para reacercarse a Chávez, a Correa, a las cortes, a Vargas Lleras y al Partido Liberal en lo que se ha llamado la "unidad nacional".
  • Bastó para desatorar leyes, como las de víctimas o la de estabilidad fiscal, que Uribe tenía trancadas.
  • Y sobre todo bastó para que la oposición quedara descolocada. Mockus sin la bandera de la corrupción y el Polo sin la de persecución tienen que estarse callados.     

La oposición que queda es la de Uribe, y el ya comenzó a ejercerla. Pero Uribe tiene tres  dificultades:

Primera, no es el dueño de los medios, y los medios le bajaron el volumen: hoy es un señor de un twitter.

Segunda, el agua sucia que Santos esquivó le está cayendo a Uribe en los escándalos que los jueces y los medios le han venido destapando a otras personas de su círculo cercano    (las chuzadas, las notarías de Sabas, las tierras entregadas a los paras, los subsidios de Uribito, los contratos de Gallego, los generales que puso en embajadas…).

Y tercera,  Uribe es la provincia ganadera y emergente, pero Santos es la vieja clase alta: la pelea será dura pero el ganador es obvio.

De modo pues que por su propios méritos y por las circunstancias de Colombia, este sin duda fue el año de Juan Manuel Santos.

Un año bueno para él y en todo caso mejor para Colombia de lo que hubiera sido si se hubiera cumplido lo que todos creíamos que  iba a suceder hasta aquel 25 de febrero.  

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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