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Día de elecciones – Una campaña magistral

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hernando gomez buendiaTodo está previsto: Santos será el nuevo presidente de Colombia. El resultado obedece a una campaña magistral, que consultó las corrientes profundas de Colombia. Y sin embargo…

Hernando Gómez Buendía *

Mañana habrá una gran abstención y un triunfo apabullante de Juan Manuel Santos sobre Antanas Mockus. Ese triunfo no será un accidente sino el reflejo de las corrientes profundas de la opinión y la sociedad colombianas. Y es porque las campañas como tales en realidad no deciden quién es el ganador, sino que captan, expresan y amplifican con más o menos contundencia aquellos alineamientos sociales subyacentes.

La campaña de Santos no decidió su elección, pero sin duda fue una pieza magistral en el sentido que una campaña electoral puede serlo: una estrategia deliberada y consistente para sumar votos a favor y quitarle votos al rival, de manera que el candidato sea elegido por el margen más amplio. Otros propósitos loables, como educar a la ciudadanía, reafirmar el juego limpio, fortalecer al partido o prepararse para un gobierno responsable no son el objetivo de una campaña "profesional" o diseñada por los expertos en la materia: esos otros propósitos loables pueden distraer o, peor, pueden interferir con la búsqueda del triunfo.

La campaña de Santos empezó muy mal. En parte por el "ruido" que introducían otros tres precandidatos uribistas (Arias, Noemí y Vargas) en parte por las vacilaciones de Uribe y en parte por sus errores tácticos, Santos no despegaba del 30% en intención de voto -o sea menos de la mitad del potencial uribista. Entonces, para su mérito, aceptó la recomendación del "timonazo" y desde entonces ejecutó impecablemente las tareas necesarias para ganar por el margen más amplio. Estas tareas fueron básicamente cinco:

  1.  Aprovechar plenamente a Uribe: mientras el Presidente hacía campaña abierta con su tres "huevitos", Santos se apropiaba de su imagen (por ejemplo, con la "pícara" cuña del imitador) pero se distanciaba de su lado oscuro (chuzadas, pelea con los jueces…) sin criticar al ícono y haciendo alarde de una enorme "lealtad";
  2. Propaganda negra y rumores: fuentes "anónimas" difundieron la idea de que Mockus era chavista, ateo, maniblando, autoritario, payaso, discapacitado, pederasta, impredecible, enemigo de los ricos, de los pobres, desmontador del Sena, de Familias en Acción y de cuantos subsidios existen en Colombia;
  3. El "timonazo" anterior produjo frutos decisivos en primera vuelta, y Santos remató con broche de oro: Unidad Nacional o alianzas "ideológicas" con los congresistas conservadores, liberales y de Cambio Radical que ponen votos, más los gremios y sindicatos que se mueven también por "ideas" y también mueven votos.
  4. Control de la agenda: nuestros medios "democráticos" organizaron muchísimos debates… para que los candidatos dijeran y prometieran a sus anchas. Faltó el análisis de lo que han hecho y de qué tan factibles eran sus promesas. Santos dijo lo que la gente quería oír según los "focus groups" y logró que no se discutiera lo que ha hecho a lo largo de su vida: estos eran los "ataques personales" que "el Profesor Mockus II" intentó en segunda vuelta.
  5. Poner los votos: para pasar de la intención al voto se necesita organización, y Santos sencillamente puso de su lado todas las maquinarias.

Mockus en cambio no podía ganar porque va en contra de las corrientes profundas de Colombia. Por esto mismo -y para agravar- lo que él hizo fue una campaña anti-técnica o por mejor decir una anti-campaña: no posó de uribista, no propició rumores, rechazó las alianzas, no prometió nada, no cambió la agenda y no usó maquinarias.

Santos obtendrá más votos, lo hizo de la manera más profesional, y se merece la Presidencia de Colombia: enhorabuena para él y sus votantes. Lo cual no debe abstenernos de notar que la forma es el fondo y en la semilla está el fruto: el lado oscuro de Uribe no es de Uribe sino de su proyecto político, los rumores son la confirmación de que aquí todo vale, la "unidad nacional" es el seguro de que no habrá ningún cambio, las promesas y los programas de gobierno no son para cumplirlos, y las maquinarias pasarán sus respectivas cuentas. Colombia bajo Santos seguirá siendo la Colombia profunda, la Colombia posible.

Mockus obtendrá muchos menos votos y pagará, de ñapa, sus errores técnicos. Pero esto no debe abstenernos de notar que su campaña persiguió otros propósitos loables, como educar a la ciudadanía, reafirmar el juego limpio, fortalecer al partido o prepararse para un gobierno responsable.

Los que votemos el domingo por Antanas no lo haremos entonces para que sea presidente. Lo haremos para que en el futuro sea posible una Colombia educada, limpia, organizada y gobernada en forma responsable.

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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