
¿Y si el problema no es Petro?
Compartir:
Durante estos cuatro años, Colombia discutió a Gustavo Petro como si de él dependiera todo. Cada decisión, cada error y cada gesto fueron leídos como prueba definitiva de que el país iba al abismo —o de que por fin encontraba una salida—.
Por eso no sorprende la reacción del mercado editorial al acercarse el fin de este gobierno. De un lado están las largas entrevistas del presidente y los libros petristas —como Una vida, muchas vidas o De la lucha al poder. Del otro lado están los libros del antipetrismo en todas sus variedades: el de Bruce MacMaster, presidente de la Andi; el de Aurelio Suárez, desde la izquierda ortodoxa; el de William Ospina, asesor de Rodolfo Hernández; el de J. C. Iglesias, desde la extrema derecha, y el satírico de Daniel Samper Ospina.
Estos libros comparten un rasgo evidente: están escritos desde una posición ideológica definida. En unos predomina la denuncia; en otros, la justificación. Esto no es un reproche ni es un elogio: es el modo normal como se escriben libros políticos en sociedades polarizadas.
En Colombia después de Petro partí de una decisión distinta y más incómoda: no escribir para aplaudir ni para condenar, sino para entender. El análisis pone a prueba los mejores argumentos a favor y en contra del “Gobierno del Cambio”, con apoyo en las fuentes más confiables y en una revisión ordenada de propuestas, acciones, fracasos, logros, escándalos y conflictos.
El resultado son veinte lecciones que este periodo dejó al descubierto sobre Colombia y que ninguno de los bandos quiere mirar de frente. Hay conclusiones incómodas para todos. Para la izquierda, que llegó a la presidencia pero no transformó la sociedad. Para la derecha, que atribuye a Petro los problemas que venían de antes. Para el centro, que intenta el equilibrio sin ofrecer esperanza.
La mirada de conjunto sugiere, por ejemplo, que la formación intelectual del próximo presidente o presidenta importará más que sus discursos; que un gobierno puede hacer mucho más —y mucho menos— de lo que solemos creer; que Petro hizo más de lo que dicen sus críticos y menos de lo que pudo haber hecho.
También muestra algo menos discutido: que la polarización fue a la vez una estrategia y una trampa. El ruido ocultó el fondo y, mientras tanto, bajo el radar cambiaron muchas cosas en Colombia.
De ahí surge la pregunta más incómoda: ¿y si el problema no es Petro sino nosotros? El “Gobierno del Cambio” funcionó como un espejo que amplificó nuestras expectativas, nuestros prejuicios, nuestras impaciencias y nuestra dificultad para convivir con el desacuerdo y la complejidad.
Colombia después de Petro no es un libro para absolver ni para condenar. Es un intento de entender antes de juzgar. No ofrece consuelo ideológico ni recetas fáciles, sino algo más escaso en tiempos electorales: un mapa de límites, errores recurrentes y oportunidades reales para no repetir la misma discusión cada cuatro años.
Acerca del autor
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
2 comentarios




De acuerdo, Dr. Gomez Buendia. Estoy leyendo su libro y hata ahora me ha parecido muy interesante para leer, muy objetivo, y aclaro, soy petrista.
Sin leer el libro pero siguiendo la tónica que plantea el autor, hay que decir del gobierno de Petro:
1. En lo político: se perdió la oportunidad de que con un líder carismático como él, grandes sectores de la sociedad (trabajadores, empresarios) hubieran empujado cambios necesarios como el de la salud, la educación, la tributación, el desarrollo territorial, etc. Faltó convocatoria y sobró confrontación.
2. En lo económico, no fue el desastre que pregonaron pero tampoco contribuyó a acelerar el crecimiento. La industrialización quedó en veremos. Parte de la fortaleza económica del país ha estado ligada a economía informal y a remesas y negocios ilícitos (narcotráfico, minería ilegal, contrabando).
3. En lo social puso de presente la enorme desigualdad del país. Este es el logro más significativo, pero más retórico que real, pues sin políticas de largo plazo y a punta de golpes sorpresivos no se logra un progreso efectrivo.
4. En lo ambiental, algunos avances pero demasiada retórica. En transición energética hubo un sacrificio mayor al necesario.
5. En lo cultural. No sabría decir si pasó algo más allá de reivindicar, pero con distorsiones, la historia patria.
6. En lo ético. Desafortunadamente la corrupción no paró.
7. En seguridad. No se avanzó en el Acuerdo de Paz ni cristalizó la Paz Total. Entre otras cosas, porque la sociedad ilegal criminal es más fuerte de lo que se cree.
Y así podría seguir enumerando aciertos y desaciertos. Pero en general podríamos hablar de un cambio frustrado, en parte por una clase dirigente excesivamente conservadora y un gobierno con poca capacidad de maniobra y de concertación.