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Indignados

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendía

Hernando Gomez BuendíaEl movimiento de Puerta del Sol sigue, se transforma, hace metástasis, porque estos jóvenes españoles están cargados de razones, de adrenalina y de esperanza. Y además son muchos. Ya no caben en un sistema oxidado que los excluye. ¿Se traducirá toda esa indignación en poder político real más allá de este verano?

Hernando Gómez Buendía*

Sus pancartas y eslóganes lo dicen casi todo: 

  • El pueblo unido funciona sin partidos.
  • Millones de parados y ninguno callado.
  • Si votas lo de siempre, te joden igualmente.
  • ¡Manos arriba, esto es un… contrato!
  • Si el aire fuera un banco, lo habrían rescatado
  • ¿Por qué manda el mercado, si yo no lo he votado?
  • Menos procesiones y más manifestaciones.
  • No hay rebeldes sin causa, hay causas para rebelarse.
  • Tenemos la solución: ¡banqueros a prisión!
  • Un hipotecado es un esclavizado.
  • Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por el culo?
  • Menos recortes sociales, más recortes militares.
  • Ley de extranjería para la reina Sofía.
  • Izquierda y derecha, corrupción a toda mecha.
  • ¿A quién quieres engañar? Yo también puedo pensar.
  • Más educación y menos corrupción.
  • El pueblo si no lucha, los políticos no escuchan.
  • Esto no es una crisis, es una estafa.
  • No nos mires, únete.
  • Pienso, luego me indigno.
  • Más empleo fijo y menos crucifijos.
  • Si no nos vais a dejar soñar, no os vamos a dejar dormir.
  • Me sobra demasiado mes al final del sueldo.
  • Nuestros sueños no caben en sus urnas.
  • Yo también estoy indignado: ¿follamos?

Festivos, irreverentes y multicolores, los indignados están sacudiendo a España y ya se asoman en París, en Berlín, en Lisboa, en Praga, en Budapest o en Atenas para expresar la protesta y la esperanza de los millones de jóvenes que han dejado de caber en el sistema (“no somos anti-sistema, el sistema es anti-nosotros”, se lee en otra pancarta).

Su indignación tiene blancos muy precisos: los banqueros que causaron la crisis, el mercado que los está destruyendo, los políticos y los partidos de todos los pelambres, la Iglesia, la monarquía, lo que suene a viejo.

Sus esperanzas son más difusas y se parecen a las de París en el 68:

  • la imaginación al poder
  • espacio para los sueños
  • seamos razonables: ¡exijamos lo imposible!
  • pienso, luego estorbo…

o tal vez más atrás, las de París en 1789: liberté, égalité, fraternité.

Pero no en vano son jóvenes educados y por eso en asambleas callejeras y en votaciones vía web han venido adoptando una especie de programa o plataforma política. “¡Democracia Real Ya!” –el nombre más o menos oficial del movimiento– tiene una doble implicación sustantiva: que la democracia política es democracia participativa y que sin democracia económica no hay democracia política.

De aquí se sigue una lista de propuestas concretas y, digamos, realistas, como pedir

  • que los muy viejos se jubilen para darles trabajo a los más jóvenes,
  • que las viviendas se puedan devolver en pago de las hipotecas,
  • que se subsidie a las empresas que creen empleos formales,
  • que aumenten los impuestos para los ricos,
  • que se regule mejor la banca,
  • que se restrinja el uso de carros particulares,
  • que se renuncie a la energía atómica,
  • que el Ejecutivo no intervenga en la escogencia del Tribunal Constitucional,
  • que regresen las tropas de Afganistán,
  • que haya voto preferente o circunscripciones unipersonales,
  • que se nacionalicen los bancos rescatados por el fisco, o
  • que se ponga un impuesto a las transacciones internacionales (la llamada “tasa Tobin”).

Estas propuestas corresponden muy bien a la base social del movimiento de los indignados: al ¡45! por ciento de los jóvenes españoles que hoy están desempleados, a los estudiantes que no ven futuro (“limpio tu coche con mi diploma”) a los trabajadores precarios, los “mileuristas” que tienen que apañárseles con salarios de hambre (“Violencia es cobrar 500 euros”), a los migrantes latinoamericanos, euro-orientales y africanos que están siendo expulsados, a profesores universitarios y amas de casa que no dan abasto. Se parecen a Mayo del 68. Pero no se parecen porque son más concretos, más pedestres y menos soñadores. Se parecen a los jóvenes que tumban gobiernos en el mundo árabe. Pero no se parecen porque en España no existe una dictadura. La derecha los teme por iconoclastas y la izquierda los rechaza porque no son comunistas ni son anti-consumistas. Son jóvenes que no caben.  

  • Su mérito es haber re-descubierto la política.
  • Su trasfondo es la insostenibilidad ya irremediable del Estado Benefactor en una Europa que hace años dejó de ser competitiva.
  • Su desafío es llegar al poder para cambiar las cosas –“Tenemos Sol, ahora la luna”. Y esto supone lanzar candidatos o entrar en el juego contra el cual protestan y que viene a hacer el único realmente posible y efectivo: el de las elecciones, el de la vieja, pero insustituible, democracia representativa.

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

 

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