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Gana Colombia; ¿Y qué?

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendia

hernando gomez buendiaDel pulso entre Uribe y los gobiernos de los países vecinos saldrá un solo ganador: las FARC.

Hernando Gómez Buendía*

La Constitución de Colombia es inequívoca: "Corresponde al Presidente de la República, como Jefe de Estado…dirigir las relaciones internacionales…y celebrar tratados con otros Estados…"  (Artículo 189, numeral 2).

También es cierto que cada Estado puede firmar los convenios que a bien tenga, que UNASUR no es un tribunal para juzgar a nadie, y que ningún gobierno latinoamericano puede prohibir el nuevo acuerdo militar entre Colombia y los Estados Unidos.

Verdad es además que México, Perú y Panamá apoyaron a Colombia con firmeza y que sólo el cuarteto Chávez-Correa-Evo-Ortega se ha opuesto duramente, mientras que el resto de gobiernos vecinos admite que las bases son asunto soberano de Colombia – aunque a ninguno de ellos les gustan esas bases-.  

Por todo lo anterior, en lugar de ceder o retractarse, el Presidente Uribe anuncia que irá a la próxima reunión de UNASUR en Bariloche, que irá con el acuerdo ya firmado (se acaba de firmar- a las carreras) y que pedirá cuentas sobre "armamentismo, tráfico ilegal de armas y terrorismo". Así que es Chávez y no Uribe quien tendrá que sentarse en el banquillo.

Con los cuatro argumentos anteriores, es muy probable que el presidente Uribe salga más o menos bien librado del actual riquirafe con sus colegas de América Latina. Y sin embargo en honor a la verdad hay que añadir  que cada uno de esos cuatro argumentos tiene tendría que superar un buen contra-argumento. Es así: 

– Verdad que el Presidente de Colombia es quien firma sus tratados, pero en la aldea global hay otras mil "diplomacias paralelas" por cuenta de empresarios, académicos y activistas de todas las pelambres.

– Verdad que cada Estado puede firmar lo que quiera con quien quiera, pero esto no lo exime de asumir las consecuencias de su firma.

– Verdad que el eje de derecha respaldó a Uribe, pero Colombia no sumó aliados en América Latina, sino que Brasil, Chile, Argentina y Uruguay se distanciaron de nosotros a raíz del nuevo acuerdo militar con Estados Unidos.

– Y verdad que Chávez se está armando de frente contra el Imperio, mientras que Uribe, a escondidas, le está sirviendo al Imperio (lo que no suena bien, ni tampoco está bien, en América Latina).  

Durante los próximos meses o semanas tendremos pues un vaivén de discursos, titulares y editoriales que como de costumbre van a parar en nada: el acuerdo con los gringos, firmado; el eje Perú-Colombia-Panamá-México endurecido  a la derecha, el contra-eje Chávez-Correa-Evo-Ortega rebotado, y las demás cancillerías de América Latina tragándose la píldora que les cayó de Washington.

En resumen: un triunfo de Colombia, el Presidente Uribe se saldrá con lo suya. Y sin embargo era distinta la pregunta que importaba y que ha debido contar desde un principio:  ¿qué se gana Colombia con ganar este pleito con sus vecinos?

– El premio gordo habría sido o sería que los nuevos aviones norteamericanos bombardearan a las FARC y con esto acabaran de acabarlas. Pero no: no habrá aviones de combate, ni  el presidente Obama está en el plan de relanzar el Plan Colombia, ni el Congreso norteamericano autorizó un dólar más para tomar más fotos desde el aire.

– El premio de consolación (por lo menos para algunos empresarios) habría sido la firma del Tratado de Libre Comercio. Pero este premio tiene su propio precio, se tramita muy lejos del Pentágono, y en todo caso tendrá que esperar en el limbo otro par de años.    

Pero si el premio no viene del Norte, debe entonces venir de los vecinos: la política exterior de Colombia se recude a pedir la solidaridad de América Latina en su guerra frontal contra las FARC. El Presidente Uribe acaba de repetirlo: "el enemigo son los bandidos, Ecuador y Venezuela son amigos". Todos los reclamos de Colombia se refieren a este asunto y no tenemos ninguna pretensión distinta de que nos ayuden contra el terrorismo.

Pero sucede que con esta política internacional, el Presidente Uribe está logrando exactamente lo contrario de lo que persigue. Cada acusación y cada altercado con Chávez o con Correa son un pretexto más para que sus gobiernos y sus ejércitos tengan o muestren menos interés en ayudarle a Colombia; cualquiera que sea el grado real de cercanía que haya existido entre ellos y las FARC, es evidente que las palabras de Uribe los estaban acercando.  Y ahora le suma un giro sustancial en la geopolítica del hemisferio: Colombia pasará de ser un receptor de ayuda militar de Estados Unidos en contra de las FARC, a ser un proveedor de ayuda militar a Estados Unidos contra sus enemigos en América Latina.

Bastaría con que un comando de las FARC se pusiera uniformes del Ejército y disparara contra la Guardia Nacional de Venezuela para embarcar a Colombia en una guerra que nos haría perder la guerra contra la guerrilla. Esa precisamente fue la clase de victoria que obtuvo Pirro, el rey de Epiro, en el año 279 antes de Cristo.  

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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