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Dos y medio millones de empleos

Escrito por Hernando Gómez Buendía

hernando gomez buendiaColombia tiene la más alta tasa de desocupación de América Latina y por eso Santos prometió crear 2,4 millones de empleos. Pero, por ahora, el único empleo nuevo será el que encuentre Álvaro Uribe.

Hernando Gómez Buendía *

Holanda es un país serio: por eso allá, la viabilidad económica de los programas de cada partido político debe ser certificada por una institución independiente. Pero Colombia no es un país serio, y cada candidato puede prometer cuantas cosas se le ocurran. El candidato Santos ofreció "2,4 millones de empleos y formalizar otros 500 mil". Igual habría podido prometer 4 millones, o 7 millones, porque nadie revisó sus cuentas y él nunca dijo cómo lo iba a conseguir.

Dijo sí que los empleos provendrían de cinco "locomotoras": infraestructura, agro, vivienda, minería e innovación; y hasta anunció cuántos empleos aportaría cada uno de estos cinco motores. Lo que no dijo fue cómo haría para que las "locomotoras" se aceleren. 

Sin embargo en los discursos de Santos y en los 109 puntos de su Plan de Gobierno, hay tres ideas concretas que ayudarían a bajar el desempleo: (a) un programa de becas para que los jóvenes pospongan su ingreso al mercado laboral; (b) cambiar las exenciones tributarias al capital por exenciones a quien cree empleos, y (c) eliminar los aportes parafiscales que hoy encarecen la mano de obra (esto último en realidad no lo dijo Santos, pero sí sus voceros oficiales).

Esas tres son ideas muy piadosas pero muy poco útiles para bajar el desempleo. En efecto: (a) En Colombia el 80 por ciento de los universitarios tienen que trabajar para mantenerse y no apenas para pagar la matrícula; (b)  Las exenciones fiscales son dineros que el Estado deja de recibir y por lo mismo son empleos en el sector oficial que no se crean, y (c) eliminar los parafiscales sería otra forma de "flexibilización laboral" que ya se intentó con la famosa Ley 50 y que produjo tan pocos resultados.

Yo entiendo que para ganar las elecciones hay que hacer promesas, y  entiendo que el desempleo es un drama que afecta a muchos votantes: según el DANE y por pura coincidencia, en mayo pasado había "2.668.000 personas" desempleadas en Colombia.  Es la tasa de desocupación más alta de América Latina (aunque República Dominicana nos compite). Y peor: es una tasa que no disminuyó bajo el gobierno Uribe, cuando la economía colombiana creció como no había crecido en medio siglo.

El tema es complicado, pero digamos que del total de desempleo (12,1 por ciento en la última medición) las dos terceras partes son "estructurales" (o sea que "jamás" hemos estado por debajo de un 7 o un 8 por ciento) y el resto es coyuntural o atribuible a factores de más corto plazo. La propuesta del candidato Santos corregiría sólo estos últimos factores y por eso -según su Plan de Gobierno- se trata apenas de "llevar el desempleo por debajo del 9 por ciento en 2014, y del 6 por ciento en 2020".

Pero resulta que los factores de corto plazo ya no son en realidad de corto plazo. En estos años de acelerado crecimiento económico, la tasa de desempleo no bajó por tres razones: (a) porque la proporción de personas en edad de trabajar está aumentando; (b) porque ese crecimiento se dio en la gran minería y otras actividades que generan poco empleo, y (c) porque la revaluación del peso que implicaba la bonanza minera aumentó el costo de nuestra mano de obra ¡casi en 40 por ciento!

De suerte que para bajar el solo desempleo "coyuntural", Santos tendría que abandonar el modelo económico de Uribe es decir, el crecimiento jalonado por la minería y la agro-exportación que no crean empleos y nos inundan de divisas. La pregunta del millón (o en este caso, de los dos millones) es entonces: ¿en qué otra cosa podría competir Colombia, dónde están nuestra tecnología de punta, nuestras mega-autopistas, nuestros trabajadores súper calificados?

No están en ninguna parte. O en todo caso, no los tendremos en el futuro cercano. Esas son inversiones de largo plazo o mejor, decisiones estratégicas que una sociedad -no apenas un gobierno- han de tomar y sostener durante décadas.

Por eso, aquí y en cualquier parte del mundo, las promesas de reducir el desempleo en poco tiempo son muy fáciles de hacer pero casi imposibles de cumplir. De hecho estas promesas se han cumplido sólo en los países serios y sólo en relación con el desempleo "keynesiano", el que resulta de una depresión como la de los años 30 o de una recesión como la que (esperemos) está por terminar en Estados Unidos.

En Colombia, afortunadamente, no tenemos desempleo "keynesiano". En cambio, infortunadamente, no es un desempleo que se cure con ajustes pequeños o medidas puntuales.

El presidente Santos no está en condiciones de disparar el gasto público para crear empleos "keynesianos". Tampoco está en condiciones de abandonar el modelo económico de Uribe. Ni está en plan de iniciar las reformas cuyos frutos se verían de aquí a muchos años. 

Así que, por ahora, el único empleo nuevo será el que encuentre el doctor Álvaro Uribe.

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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