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¿Para dónde va Colombia?

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Para donde va Colombia

Una mirada de conjunto a los anuncios y los nombramientos muestra luces y sombras para los días que vienen.

Hernando Gómez Buendía*

Los primeros anuncios del nuevo presidente sugieren que vamos hacia un despelote de buenas intenciones, diagnósticos erróneos, metas imposibles, ministros competentes y nuevas frustraciones.

En buena hora Petro comenzó por hablar del “acuerdo nacional” para aplacar el susto que produjo su victoria entre los 10,6 millones de personas cuyo miedo fue tal que votaron por un tipo tan inepto como Hernández.

Con esto y a través de Roy Barreras, Petro logró una coalición mayoritaria en el Congreso que le permitirá tramitar sus reformas. Solo falta por ver cuántos “micos” les meten los recién llegados y cuánto cobrarán por cada voto.

El segundo acierto del presidente electo fue el “acuerdo nacional” …con José Antonio Ocampo, para nombrarlo ministro de Hacienda. Esta designación quiere decir que no habrá socialismo sino social-samperismo o, en el mejor de los casos, habrá social-fajardismo.

¿Cuál es la diferencia? Hasta el día anterior a la elección, Ocampo dijo, con cifras, que Petro era un populista cuyos programas eran impagables. ¿Será que Petro se resigna a no cumplir sus promesas? ¿Cuáles serían las consecuencias?

Por ahora, el ministro ha tenido tres aciertos: tranquilizar los mercados, al menos inicialmente; acabar la insensatez del “día sin IVA+” y anunciar la reforma tributaria que desde hace varios años han propuesto todos los que saben; hay que acabar las exenciones y subir las tarifas de la clase media-alta. Esta reforma era inevitable porque el fisco ya no alcanza a vivir del petróleo: es para tapar el hueco que tenemos, pero ni en sueños alcanza para agigantar los programas sociales.

Insisto en el gasto social porque el programa Petro-Márquez es una lista de programas muy costosos. Dos de ellos ya han sido confirmados al nombrar dos ministros muy capaces: la ministra de Salud, cuya idea es que el fisco asuma de una vez el pago de todos los servicios— más la costosa mejora de los mismos—. Y el ministro de Educación, que acierta al desmontar “Generación E”, pero ofrece condonar deudas, matricula gratuita y duplicar los cupos en universidades públicas.

Además de la injusticia social, el problema más serio de Colombia es pasar de la economía extractivista a una nueva economía productiva. La muy capaz ministra de Ambiente dice no al fracking y congelar los contratos de exploración petrolera. Las preguntas incómodas son: ¿De qué viviremos mientras se logra un salto que tomaría años? ¿Cómo se lograría ese salto, sobre lo cual Petro y Márquez no tienen la más pálida idea?

De momento la ministra de Agricultura resucita dos ideas que hace tiempo pasaron de moda. Que produzcamos nuestros propios alimentos, cuando se trata de conseguir más divisas para comprarlos donde sean más baratos. Y la reforma agraria o el reparto de la tierra, cuando la agricultura de punta en el planeta necesita de poquísima tierra.

En la Cancillería tendremos a un exconsejero de las FARC, que adoptará la diplomacia de la paz ante un mundo que no entendió ni le importa la paz de Colombia. Biden va a reunirse con Petro porque Duque apoyó a Trump y porque no le interesa otro problema en el hemisferio; pero un acuerdo sobre la Amazonia es asunto de ligas mayores que además va más allá de los Estados Unidos.

Me restan tres anuncios problemáticos de Petro: pasar la Policía al nebuloso Ministerio de la Paz; pasar la Procuraduría a la rama judicial (en lugar de acabarla, como deberíamos), y creer que “el saber tradicional” es lo mismo que la ciencia cuando a la ciencia no le importa de dónde vengan sus hipótesis sino cuál sea su evidencia.

Sería injusto al no añadir que el presidente Hernández habría sido peor y que en Colombia cambiamos…o cambiamos.

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