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Desde Bogotá: El error

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendia

hernando gomez buendiaEl director de Razón Pública hace un enjuiciamiento y un llamado a la cordura: el gobierno de Uribe no debió ir a la Haya, pero ahora solo queda asumir las consecuencias de su error.

Hernando Gómez Buendía*

No debimos ir a juicio

Ante el torrente de mapas enredados, explicaciones jurídicas complejas y discursos patrioteros a raíz del fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, es muy probable que lo más obvio esté pasando de agache: Colombia no ha debido ir al juicio, y ahora que perdió, tiene que resignarse. 

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Los gobiernos a partir del 21 de julio de 2003, faltaron gravemente a su deber de defender la integridad territorial de la patria, al pronunciarse sobre la demanda.   Foto: Presidencia.
 

El primer hecho es dolorosamente elemental: uno no va a un pleito cuando no tiene nada que ganar, y si además tiene la opción de no ir. 

-Imagínese que usted tiene mil pesos y yo le propongo que juguemos a los dados, bajo la siguiente condición: si salen pares, usted me da cien pesos, pero si salen impares, usted no me da nada. Nadie con dos dedos de frente aceptaría el juego.

Y no lo aceptaría aunque las probabilidades de perder fueran remotas. Por ejemplo, usted no jugaría aún si la condición fuera que si yo saco pares cinco veces seguidas, usted me paga un centavo.

Pues algo así fue lo que hizo Colombia: en el mejor de los casos, el fallo nos hubiera dejado como estábamos.

-La pregunta es entonces: ¿hubiéramos podido negarnos a aceptar la competencia de la Corte Internacional de Justicia? Sobre este particular, las opiniones estaban divididas. Por supuesto hay juristas — comenzando por los 15 magistrados de la Haya — y había argumentos muy sólidos — comenzando por el famoso “Pacto de Bogotá” — para sostener que Colombia tenía que someterse al tribunal. Pero también había juristas — comenzando por López Michelsen o el Consejo de Estado — y había argumentos, así no fueran tan sólidos, para negarse a concurrir ante ese tribunal.

Subrayo que no importa si los argumentos para no ir no eran muy sólidos (aunque de hecho sí lo fueran), porque en estos asuntos no se trata de tener la razón, digamos, absoluta, sino apenas de tener una versión plausible o “presentable” ante la comunidad internacional.

A diferencia de un ciudadano particular a quien la Policía puede llevar por la fuerza ante los jueces, los Estados tienen un cierto margen de discrecionalidad para someterse a un determinado tribunal. La existencia de ese margen es tal vez indeseable — porque se presta a abusos de poder — pero es usado con mucha frecuencia y por muchos países (piense no más en Bush o en Israel ante las resoluciones de Naciones Unidas).

Pero no tengo necesidad de apelar a extremos como los de la “guerra preventiva” de Bush o de Israel: independientemente de si los argumentos para negarse a ir a la Haya eran o no eran sólidos, el gobierno de Colombia estaba convencido de que sí lo eran, y por consiguiente tenía la obligación de no ir a La Haya. Al exponernos a un riesgo cuando creía que no era necesario, los gobiernos de Colombia a partir del 21 de julio de 2003 – cuando por primera vez nos pronunciamos sobre la demanda de Nicaragua -faltaron gravemente a su deber de defender la integridad territorial de la patria.

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Espectáculo. El ex presidente Álvaro Uribe viaja a San Andrés y ofrece “recorrer toda la patria para defender la tesis del rechazo”.
Foto: Primero Colombia

 

La prueba de que existía esa convicción es muy sencilla: aquel 21 de julio de 2003 y de nuevo el 11 de julio de 2007, Colombia sostuvo que la Corte no tenía jurisdicción para ocuparse del asunto. Si eso dijimos, tenía que ser porque pensamos que los jueces podrían aceptarlos es decir, porque a nosotros nos parecieron convincentes; y un gobierno que tenía esta convicción, por esto mismo tenía la obligación de no ir al juicio —. Pero, muy a la criolla, el gobierno de entonces lo dijo dentro del juicio, es decir, después de haber aceptado que la Corte sí era competente. El nuestro es un país de abogados incompetentes… o en todo caso el presidente de entonces se apoyó en abogados incompetentes.

Y pasó lo que tenía que pasar: perdimos.

Pataleos de ahogado

Lo cual me lleva al segundo hecho de bulto: tenemos que resignarnos. Colombia aceptó la jurisdicción de la Corte, y los fallos de la Corte son “definitivos e inapelables”. No hay recursos legales:

  • el recurso de “aclaración” no sirve de nada;
  • el recurso de “revisión” no tiene cabida;
  • llamar a Panamá, a Costa Rica y a Estados Unidos para que nos apoyen en estos recursos es volver a negociar los tres tratados… pero ahora en condiciones de mayor debilidad.

Y, sobre todo, pasó que nos quedamos sin una “versión plausible” ante la comunidad internacional para seguir ejerciendo la (poca o mucha) soberanía que ejercíamos sobre un mar que ya no es de nosotros.

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La Canciller al mismo tiempo “insiste en rechazar el fallo sobre San Andrés” y que “Colombia es un país respetuoso del derecho internacional”. 
Foto: Cancillería.

 

Para empeorar la situación, el gobierno Santos admite ahora que Nicaragua “podría reclamar 200 millas de plataforma continental” y que “otros países podrían seguir en línea”.

La solución que estudian nuestros juristas es denunciar el “Pacto de Bogotá” y retirarnos de La Haya, es decir: patalear cuando el daño está hecho…y de paso perder la esperanza de algún día demandar a Venezuela (que por supuesto no ratificó el dichoso pacto) con relación al Golfo y con argumentos parecidos a los de Nicaragua.

Mal ejemplo

Nos queda el espectáculo bochornoso

  • del presidente Juan Manuel Santos que “rechaza partes” del fallo;
  • del ex presidente Álvaro Uribe que viaja a San Andrés y ofrece “recorrer toda la patria para defender la tesis del rechazo”;
  • del presidente del Senado Roy Barreras cuando afirma que el Congreso “no modificará los límites con Nicaragua”;
  • de la señora Canciller que no renuncia por una cosa que se llama sentido del pudor, pero que al mismo tiempo “insiste en rechazar el fallo sobre San Andrés” y dice que “Colombia es un país respetuoso del derecho internacional”
  • de responsabilidades diluidas con el cuento de que “si se trata de encontrar responsablesel país se debe remontar a varias décadas atrás en las que presidentesex presidentes, cancilleres y asesores participaron de alguna forma en el pleito con Nicaragua”,
  • y de un país cuya clase dirigente nos enseña que la ley no se cumple cuando esa ley no le conviene a uno.

* El perfil del autor lo encuentra en este link.

 

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