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McCain, Obama y el mundo

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendia

hernando gomez buendia

En las elecciones de Estados Unidos está el juego el futuro de todos nosotros. El Director de Razón Pública identifica y explica las diferencias de fondo entre los dos candidatos. 

Hernando Gómez Buendía*

Un mundo feliz

Hace unos años El Fin de la Historia, escrito por un yuppie aficionado a Hegel, se convirtió en el hit editorial del siglo[1]. La tesis del ensayo era muy simple: con la caída de la Unión Soviética, todo el planeta adoptaría la ruta del capitalismo y de la democracia liberal. Así se acabaría el choque de la las ideologías y, con ellas, la historia – que no es sino la historia del conflicto entre las ideologías-.

Era el mundo feliz. Para sobrevivir en la "aldea global", todos los países tendrían que  ser competitivos – o sea someterse a las fuerzas del mercado – y en todas partes la clase media exigiría libertades políticas – o sea democracia liberal-. Rusia y China, los dos "ogros" de antaño, parecían fatalmente enrutados hacia el capitalismo y, de rebote, hacia algún tipo de apertura política. Es más: estábamos muy cerca de alcanzar la "paz perpetua"[2], porque es un hecho demostrado que los países democráticos no hacen guerras entre sí[3].

Más que a sus dudosos méritos intelectuales, el éxito de El Fin de la Historia  se debió a que canonizaba el triunfo geopolítico de Estados Unidos y al mismo tiempo les daba la ilusión de que podrían mantener su hegemonía sin necesidad de hacer más guerras. Pero  esta ilusión muy pronto habría de sufrir

Dos golpes rudos   

El primero por supuesto fue el ataque del 11 de Septiembre. El enemigo ahora no era un país con armas atómicas, sino un confuso sectarismo islámico armado con suicidas – lo cual dejó sin piso y en cuestión de minutos a todo el andamiaje de "guerra regular". Fue peor: esta otra guerra no se libraría en las selvas remotas, sino en las calles de Nueva York y Washington.

Comparado con la amenaza soviética o con la de Alemania bajo Hitler, el desafío real del terrorismo islámico a la seguridad norteamericana era -y es- mucho menor (de hecho Inglaterra tuvo al IRA durante décadas, Francia a la OAS y España tiene aún a ETA). Pero cada quien es dueño de su miedo y los políticos americanos -comenzando por Bush- convirtieron ese miedo en la médula de su discurso doméstico y de su política internacional.     

Pero en este punto se produjo una desviación de gran alcance. Por petro-política, por ideología y por estupidez, el gobierno Bush decidió atacar a Iraq, que no era amigo sino enemigo a muerte de Al Qaeda y donde además no había armas de destrucción masiva.  Con esto se rompió el consenso interno en los Estados Unidos, y el país pasó de disfrutar la enorme simpatía a padecer la antipatía creciente del resto del planeta.    

El segundo golpe a la ilusión de la Pax Americana no fue en realidad un golpe sino un descubrimiento: el yuppie, Fukuyama, se había equivocado, la historia seguía existiendo, y los países seguía enfrascados en sus viejos – y en nuevos- conflictos de poder.

Una cosa era cierta: tras la debacle soviética, Estados Unidos era y sigue siendo la única potencia global – y tal vez el "imperio" más poderoso y más sofisticado que el homo sapiens haya conocido[4]-. Pero esta única potencia global tiene que vérselas en cada uno de los "teatros regionales" con una o más potencias locales que pueden estorbarla o ayudarla. Tales potencias pre-existentes -o emergentes, a medida que desplazan a Estados Unidos como motor de la economía mundial- son casi una decena:  

– La Unión Europea, que le apuesta al derecho internacional, al multilateralismo y a la "digestión" pacífica de Europa Oriental -con todo y su división entre la "vieja" y la "nueva" Europa.

– Rusia, que ya perdió su imperio (y por eso no cabe hablar de una nueva "Guerra Fría") pero tiene petróleo, gas y ojivas nucleares para que no la humillen ni le impidan seguir influyendo sobre las ex repúblicas soviéticas (incluida Georgia) y sobre sus vecinos de Europa y Asia Central.    

– China, el gigante que despierta y está llamando y jalonando la inversión mundial, pero  también es el Imperio que todavía resiente "el siglo de la humillación" y la espina de Taiwán, donde el Partido Comunista necesita del sentimiento antinipón y antiyanqui para mantenerse en el poder.   

– Japón e India, los dos contra-poderes que Estados Unido alienta frente a China pero que tienen su propio vuelo y sus agendas propias (Japón es el segundo exportador del mundo, e India tiene el diferendo de Cachemira con Pakistán). Con menos rango en Asia está Corea del Norte, atrapada entre el hambre y la carrera atómica y por ahora en relativa calma.    

– Irán, el teatro más probable de la próxima guerra por cuenta de la bomba, que sin embargo necesita la bomba para evitar que le pase lo que a Iraq. Pakistán, el aliado indispensable contra Al Qaeda que sin embargo vive al borde de la guerra civil. Y claro está, Israel, el aliado intocable que sin embargo seguirá buscando a las patadas la cuadratura del círculo en Palestina.

– En América Latina, con harto menos peso, están Brasil y México, aliados con fricciones puntuales (migración con el uno, patentes con el otro) y emerge Venezuela con su bulla de izquierda y su petróleo.

Dos consensos

En este mundo de post-post-Guerra Fría, Estados Unidos tiene dos grandes desafíos: derrotar el terrorismo islámico y mantener su hegemonía en cada uno de los "teatros regionales"[5]. Esta doble prioridad de entrada implica prepararse para una gama muy amplia de escenarios militares, incluyendo la opción nuclear, la guerra convencional, la de baja intensidad, la ocupación y "reconstrucción" de países-problema, la guerra clandestina y la prevención del terrorismo dentro del territorio nacional.

Sobre esas dos prioridades hay un consenso muy firme. Por eso – y usando casi las mismas palabras – ambos partidos y ambos candidatos dicen que su primer deber es "mantenernos seguros" y "mantener el liderazgo del mundo". Ambos declaran que buscarán a Bin-Laden -"hasta en el Infierno" dice McCain, "hasta las cavernas" le precisa Obama – y ambos  proponen aumentos sustantivos en el pie de fuerza y en el gasto militar -aunque el plan republicano es más costoso-.      

Y es porque, muerta aquella ilusión de "paz perpetua", los norteamericanos siguen  obsesionados por su seguridad – sin obstar que ahora sean la única potencia global, y sin obstar tampoco que la economía (o ahora el remezón de Wall Street) compita en las encuestas como gran prioridad-.

De esa obsesión se siguen tanto un endurecimiento del clima político como una reactivación del "complejo militar-industrial" (la frase es de Eisenhower) un giro a la derecha que mantendrá al país más cerca de la era Bush que de la era Clinton (cuyo primer gobierno comenzó el mismo año en que se publicó El Fin de la Historia).

Dos mentalidades

Pero el acuerdo sobre lo fundamental no significa que de lo mismo Obama que McCain. "El diablo está en los detalles", dice un proverbio gringo, y hay muchos desacuerdos  en el modo de alcanzar esos dos objetivos esto es, en el diagnóstico de riesgos y en la propensión emplear los distintos instrumentos disponibles para afrontar esos riesgos.

El diagnóstico típico de McCain-Palin se reduce al esquema amigo-enemigo y es bastante simplista; el diagnóstico usual de Obama-Biden es más matizado y también más complejo. Por eso los primeros acentúan las respuestas directas y los segundos se inclinan por las vías diplomáticas.

Dos desacuerdos básicos

Esas dos mentalidades concluyen en desacuerdos sobre cuál es el problema y sobre cómo resolverlo:          

– Respecto del terrorismo islámico, la diferencia se resume en una palabra: Iraq o Afganistán. McCain, igual que Bush, piensa que el problema está en Iraq. La "guarida de Al Qaeda", según él, está en Iraq y su gobierno actual es "un aliado estratégico en la lucha contra el extremismo."[6] Obama en cambio piensa que Iraq fue la guerra equivocada, que el enemigo sigue y se ha fortalecido en Afganistán, y que por tanto  urge salir de Iraq para consolidar el frente contra los talibanes y Al Qaeda en Afganistán (y su vecino Pakistán).                    

– Respecto de los "teatros regionales", caso por caso hay muchas diferencias específicas, que en general reflejan más confianza de McCain en la fuerza militar y en la acción unilateral, y más confianza de Obama en las alianzas y en los  "poderes suaves"[7] de Estados Unidos: el poder de la ciencia, que allá tiene su cuna; el poder sobre las mentes por el cine, la lengua y la cultura -y porque allá se educan las elites de todos los países-; el interés personal de los ricos de todas partes en la buena salud de la economía norteamericana; el poder de alentar tensiones y mantener empates estratégicos (Israel- Egipto, India-Pakistán, México-Brasil…) o el poder de fijar la agenda de "lo que pasa" (o no pasa) en el mundo. Y en defecto de todo lo anterior, el poder disuasivo y ofensivo que conlleva un gasto militar anual mayor que el de todos los demás países del mundo combinados.  

Dos programas de gobierno

Las dos maneras de mirar el mundo y las dos actitudes estratégicas se concretan en los programas de gobierno que fueron adoptados en las convenciones de hace pocos días -documentos éstos que han pasado de agache,  aunque nos incumben literalmente a todos-.  

La Plataforma Republicana examina la política internacional bajo el título "Seguridad Nacional" y el subtítulo "Defender la Patria, apoyar a nuestros héroes, asegurar la paz"[8]La Plataforma Demócrata se titula "Revivir la Promesa Americana" y  su sección de  política exterior se denomina "Renovar el Liderazgo Americano"[9]. Estos slogans traslucen una diferencia sistemática respecto de los tres dilemas de una política de "gran poder": 1) ¿persuasión o fuerza militar?; 2) ¿solos o acompañados? y -por consiguiente- 3) ¿aceptación o rechazo de las restricciones impuestas por el  derecho internacional?

– La Plataforma del Partido Demócrata ofrece "reconstruir las alianzas, asociaciones e instituciones internacionales" que "han quedado deshechas bajo Bush".  En Iraq habría una solución política y concertada con sus vecinos, incluyendo a Siria, Irán y Turquía. La ONU debe ser reformada y fortalecida. En Afganistán habrá más tropas internacionales. Y hasta los países de América Latina han de ser tratados como "socios plenos" sobre la base del "mutuo respeto".

– La Plataforma del Partido Republicano dedica varias páginas a renegar de la ONU. La acusa de corrupción, de ineficacia, de estar contra Israel y de estorbar la "defensa" de Estados Unidos (como pasó con la ilegal ocupación de Iraq). Ataca a la Corte Penal Internacional y anuncia sanciones contra el país que se atreva a capturar a un criminal de guerra norteamericano. Denuncia la Convención sobre Derecho del Mar porque limita sus usos económicos para Estados Unidos. No cree en el cambio climático, no cree en Kyoto y cree en perforar las costas en busca de petróleo. Critica la Convención sobre Derechos del Niño y la Convención contra la Discriminación de la Mujer porque violentan "las instituciones fundamentales del matrimonio y la familia", y niega apoyo a cualquier entidad internacional que simpatice con el aborto.     

– El militarismo de los republicanos comienza por apostarle a la "victoria militar" en Iraq: no a un plazo para retirar las tropas y permanencia si es preciso "por cien años", como dijo McCain – mientras su compañera Sarah Palin abrió el espectro de una guerra  con Rusia sobre Georgia, guerra esta que sería nuclear-. Dicen que la inmigración es un asunto de "seguridad nacional" – lo cual importa para América Latina-. Proponen además relanzar la "Guerra de las Galaxias", la faraónica sombrilla antimisiles que Reagan concibió para la Guerra Fría y prácticamente anuncian la invasión de Irán o un golpe de Estado contra su presidente Ahmadinejad.

– Obama en cambio iniciaría un "diálogo directo, no condicionado" con Irán y saldría de Iraq en menos de dos años. El programa del Partido Demócrata habla de ratificar el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares y señala una ruta concreta hacia el desarme. Afirma la prioridad de hacerle frente al terrorismo islámico, pero no sólo con la fuerza, sino "exportando la esperanza y la oportunidad -educación para abrir mentes a la tolerancia en vez del extremismo; alimentos, agua, salud, comercio, capital e inversiones" para el mundo árabe.  Incluso anuncia un Cuerpo de Asistencia Civil para atender emergencias en países pobres -una especie de los Cuerpos de Paz que creó Kennedy-.      

Y estos distintos enfoques o acentos se repiten tema tras tema y país tras país, desde Aria Saudita hasta Zimbawe y desde Nepal hasta Colombia ("nuestro aliado corajudo" dicen los republicanos, "un socio como México y Brasil" escriben los demócratas).  

Un mundo americano

La consigna de McCain es "Country first" – La Patria antes que todo. Igual que en todas partes, la derecha norteamericana apela al patriotismo para sembrar sospechas sobre sus rivales (y en el caso de Obama esto se agrava  con  el racismo de muchísimos  votantes). Pero se trata de un golpe bajo, y por supuesto los demócratas quieren tanto a su país como los republicanos.

Esa obviedad implica que hay un marco bien delimitado dentro del cual se mueven las muy marcadas diferencias de opinión que he mencionado. No hay que llamarse a engaño: ambos partidos creen en la "excepcionalidad" de Estados Unidos – el país más exitoso de la historia y la nación llamada a "iluminar al mundo"-;  y ambos creen en su papel de "misioneros", lo que les da derechos que no tienen los demás países.

Antes que todo, los Estados Unidos tienen el derecho de atacar con las armas a un país que no los ha atacado ni está al borde de agredirlos. Es la "doctrina Bush" que los republicanos invocaron para invadir a Iraq y que la plataforma del Partido Demócrata  apenas re-frasea al declarar que "los Estados Unidos deben estar dispuestos a considerar el uso de la fuerza militar, aún en circunstancias distintas de la defensa propia."[10]

Por muy grandes que sean sus diferencias frente al mundo, Obama o Mc Cain velarán  exclusivamente por el interés nacional de su país. Quienes se llaman a engaño sobre el alcance de la política exterior de Estados Unidos no son los propios norteamericanos, sino un número asombroso de extranjeros, empezando por las elites empresariales y políticas del llamado "Tercer Mundo". Esas elites creen que el gobierno de Estados Unidos defiende sus intereses, cuando en efecto defiende los intereses de los Estados Unidos.

Es el fenómeno que algunos llaman "hegemonía" y que consiste en que "la gente    alrededor del mundo acepta el orden internacional que Estados Unidos viene construyendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y piensa que ese orden es legítimo e inevitable"[11].

Es el poder de hacernos creer que el mundo es nuestro cuando en verdad el mundo es norteamericano. Un mundo que, al escoger entre McCain y Obama, los norteamericanos estarán escogiendo por nosotros.    

 

*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

 

Notas de pie de página


[1] Ensayo publicado como parte de libro de Francis Fukuyama, El Fin de la Historia y el Último Hombre,  Planeta, 1992.

[2] La frase es de  Kant, quien además fue el primero en sostener que las democracias no hacen guerras entre sí (La Paz Perpetua, Espasa, 2003).  

[3] Esta tesis, sorprendente de por sí, ha sido sostenida por muchos autores y en especial por R.J. Rummel, Power Kills: Democracy as a Method of Nonviolence, Transaction Publishers. 1977. Un resumen excelente, actualizado y breve del debate al respecto se encuentra en M. White, Democracies do not Make War on One Another- Or do They? http://users.erols.com/mwhite28/demowar.htm

[4] Digo "tal vez" e "imperio", porque el debate histórico y analítico sobre frases como ésta es más que formidable; para la muestra recuerdo dos best-sellers: P. Kennedy, Auge y Caída de las Grandes Potencias, Plaza y Janés, 1992; y M. Hardt y T. Negri, Imperio, Paidós, 2000.      

[5] Recomiendo dos libros cortos y muy recientes sobre este orden de "post-post-Guerra Fría"; uno de R. Kegan, The Return of History and the End of Dreams" (Knofp, 2008) y el otro de F. Zakaria, The Post- American World (Norton, 2008).    

[6] El Primer Ministro al Maliki sin embargo es shiita como Irán y Al Qaeda,  en lugar de sunita, su enemigo de siempre, como Saddam Hussein.

[7] J. S. Nye, La Paradoja del Poder Norteamericano (Taurus, 2003) explica muy bien la naturaleza de los "poderes suaves".  

[8] El documento se encuentra en http://www.gop.com/2008Platform/NationalSecurity.htm

[9] En  http://marcambinder.theatlantic.com/Platform%208%207%2008%20(2).pdf 

[10] "America must be willing to consider using military force in circumstances beyond self-defense".

[11] W.R.Mead, Power, Terror, Peace, and War; America´s Grand Strategy in a World at Risk (Knopf, 2004, p. 42)

 

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