Anatomía de las candidaturas presidenciales
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Anatomía de las candidaturas presidenciales

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Cinco candidaturas dibujan el mapa político de 2026: dos derechas enfrentadas, una izquierda poderosa y un centro debilitado. Pero detrás de los nombres aparece algo más profundo: Colombia sigue orbitando alrededor de la guerra que ha organizado su política durante medio siglo.

Un país que sigue preso de la guerra

Colombia sigue presa de la guerra criminal e inútil que nos ha costado más de un millón de muertos.

Durante medio siglo la política nacional ha girado alrededor del mismo eje: la guerrilla, el Estado, la paz, el narcotráfico. Cambian los protagonistas, cambian las generaciones, pero el eje permanece.

  • El padre de Álvaro Uribe fue asesinado por la FARC, y Uribe es lo que es gracias a las FARC. Su liderazgo nació de la reacción contra la violencia guerrillera y del fracaso del proceso del Caguán. Esa guerra lo llevó al poder y organizó todo su proyecto político.
  • Después Uribe eligió a sus sucesores: primero a Juan Manuel Santos y después a Iván Duque. Santos rompió con él al firmar la paz con las FARC; Duque intentó volver al uribismo original y dedicó la mitad de su gobierno a tratar de frenar el Acuerdo de la Habana. Pero ambos fueron herederos de Uribe.
  • Gustavo Petro se debe al M19 y llegó a la presidencia gracias al mal manejo del gobierno Duque al estallido social del 2021. Sin ese gobierno, la izquierda no habría llegado a la presidencia.
  • Ahora aparece un nuevo capítulo del mismo drama. Iván Cepeda es candidato porque estuvo a punto de llevar a Uribe a la cárcel. Paloma Valencia fue escogida por Uribe como candidata del Centro Democrático y pese a las protestas de María Fernanda Cabal y Miguel Uribe Londoño; encabezó la oposición a la JEP y a la ley de “Paz Total” en el Senado, y en todas partes habla de “mi presidente, Uribe, mi mentor”, el que “quisiera tener como vicepresidente”. Y ni hablar de Abelardo: él quiere salvar la patria y comandar al Ejército en la batalla contra el “castrochavismo”.  

Así, incluso las segundas y terceras generaciones del uribismo —y también quienes se definen contra él— siguen girando alrededor del mismo eje: la guerra inútil y criminal de Colombia.

  • Cambian los nombres,
  • Cambian los estilos,
  • Cambia la generación,

Pero la política sigue orbitando alrededor de la misma herida.

Tres candidatos con opción real

Las encuestas muestran un panorama relativamente claro. El promedio de las mediciones disponibles ubica a tres candidatos con opción real de disputar la presidencia. Estos son sus perfiles, estas sus fórmulas vicepresidenciales, y estas las estrategias que están adoptando para consolidar su base electoral y al mismo tiempo aparecer moderados para poder competir en la segunda vuelta. 

Estas dos cosas se contradicen y por eso, después del ajetreo con las o los vicepresidentes, vamos a entrar en unos meses de campaña donde Cepeda dirá que no es tan izquierda, Valencia dirá que ella es el centro y De la Espriella que no es tan extremista.

  1. Iván Cepeda

Cepeda encabeza las encuestas con cerca de 36 por ciento de intención de voto.

Su fuerza no proviene del carisma personal sino de un largo trabajo político. Hijo de Manuel Cepeda, senador de la Unión Patriótica – el partido nacido de las FARC- que a su vez fue   asesinado por dos militares en 1994. Durante tres décadas Cepeda ha sido uno de los principales voceros de los movimientos sociales y adalid del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE). 

Cepeda entiende todo de derechos y reclamos sociales, pero en cambio entiende nada de crecimiento económico o clima de inversión. Su proyecto –lo mismo que el de Petro– es repartir sin aumentar la riqueza o la capacidad productiva del país. 

Cepeda sin embargo ganó la consulta del Pacto Histórico con cerca de 1,5 millones de votos. El dato es notable porque se obtuvo en apenas 20 mil mesas, frente a las cerca de 120 mil mesas utilizadas en las consultas del 8 de marzo.

Además, el Pacto logró avanzar territorialmente en más de 1.050 municipios, consolidando una red organizativa que combina movimientos sociales, organizaciones de víctimas y organizaciones políticas regionales. Con 25 senadores y 35 representantes elegidos en lista cerrada, es la primera fuerza en el Congreso –y la más disciplinada.

Su fórmula vicepresidencial es Aída Quilcué, una indígena NASA, directiva del CRIC, víctima de atentados y amenazas por parte de la ultraderecha. Su presencia tiene un significado político claro: cerrar la herida que dejó la relación entre Petro y Francia Márquez y consolidar el apoyo de los movimientos identitarios (étnicos, feministas, ambientalistas). Quilcué es además una bofetada a Paloma Valencia, que hunde sus raíces en la historia centenaria del Cauca. 

Y el hecho principal: la izquierda ya no es marginal. Es una fuerza política organizada que está aquí para quedarse: Colombia no volverá a ser igual. 

El Pacto solo, sin embargo, no sería suficiente para ganar en la segunda vuelta, y por eso Cepeda desde ahora convocó a “todas las fuerzas progresistas” – es decir, a todos los que “no hayan sido cómplices” del uribismo. Queda por ver si esto incluye a Roy Barreras (0,9 % de apoyo en las encuestas), quien sin pudor pasó del uribismo al santismo, al petrismo y al lavado de manos.  

Foto: Tres candidatos
  1. Abelardo de la Espriella

En segundo lugar aparece Abelardo de la Espriella, con cerca de 27 por ciento en el promedio de encuestas. Es un costoso abogado penalista, es decir, una persona que con firme convicción e igual facilidad puede creer y demostrar que lo blanco es negro y que lo negro es blanco.    

Su proyecto representa una derecha combativa, una mezcla entre Bukele, Milei y Trump. Propone el ejército en las calles, una alianza militar con Estados Unidos e Israel y un recorte drástico del Estado mediante una emergencia económica que permitiría bajar impuestos y fomentar lo que llama una “Colombia de propietarios”.

Logró además superar el umbral electoral con más de 700 mil votos para Salvación Nacional y obtuvo cuatro senadores, consolidando una base parlamentaria propia.

La candidatura de Abelardo de la Espriella representa la versión más radical de la derecha colombiana: una mezcla de patrioterismo, militarismo, fundamentalismo religioso y recorte drástico de los programas sociales.

Su fórmula vicepresidencial es José Manuel Restrepo, exministro de Duque y rector universitario. Restrepo cumple una función política clara: aportar respetabilidad y fachada   técnica a un candidato de no muy cristalina trayectoria.

  1. Paloma Valencia

La tercera candidata con opción es Paloma Valencia, con 18 por ciento de intención en la última encuesta, ganadora de la Gran Consulta por Colombia.

En la consulta obtuvo 3,2 millones de votos, equivalentes al 45,7 por ciento de su coalición, calcando al pie de la letra el recorrido de Iván Duque, el consentido de Uribe que ganó la consulta del “no” al plebiscito por la paz en 2018 y llegó a la presidencia por no llamarse Gustavo Petro.

Su programa expresa un conservadurismo decimonónico bastante franco: defensa de la familia tradicional y del catolicismo, achicamiento del Estado, crítica frontal a la educación pública porque Fecode indoctrina a los niños en las ideologías de género y de castrochavismo, modificación de la JEP para proteger a los militares porque en Colombia no hubo conflicto armado sino guerrillas “narcoterroristas”.     

La genealogía política pesa. Paloma es nieta de Guillermo León Valencia, uno de los presidentes conservadores más duros del siglo XX, escogido por Laureano Gómez y autor del bombardeo de Marquetalia (de donde vienen las FARC).

Pero el estilo personal y político de Paloma Valencia es todo lo contrario del de Abelardo:  pulcritud y honradez a toda prueba, modales republicanos, discurso pulido y el intento sostenido de aparecer como la opción sensata de la derecha.

Alrededor de Valencia el “establecimiento” (es decir, los poderes establecidos) han montado toda una operación de maquillaje.

–Primero, la presencia de Abelardo hace que Paloma aparezca automáticamente como moderada.

–A esto se suman Galán, Peñalosa, Luna, Gaviria y Cárdenas, personas respetables que prestaron sus nombres para una “gran consulta” donde todos sabíamos que ganaba Paloma  — y para que ella pueda decir que encabeza un equipo de excelencia, así no sea claro qué tanto “equipo” formen. Al igual que Vicky y Pinzón – derecha dura– todos dicen que deponen sus diferencias ideológicas en aras de un propósito común.  Pero lo único que tienen en común es el deseo de evitar la elección de Cepeda.  

–Tercero, su fórmula vicepresidencial es Juan Daniel Oviedo, cuidadosamente escogido para acercarla al centro. Oviedo es gay, ha defendido la JEP y proyecta una imagen cosmopolita que contrasta con el conservadurismo de Paloma. Representa un uribismo urbano vergonzante: sectores empresariales y profesionales que comparten la agenda económica y de seguridad de la derecha, pero prefieren un lenguaje más moderno. Su estilo limpio y tecnocrático recuerda, para algunos, el tipo de política que encarnó Antanas Mockus. 

Tras lograr sus notables 1.255.510 votos, Oviedo habló de “líneas rojas” – la JEP, Gaza, la “primera línea”, la adopción por parte de parejas gay…- y horas después de “preguntas” que se diluyeron porque la Vicepresidencia es atractiva. En el acto de inscripción él y Valencia reafirmaron sus diferencias ideológicas y ofrecieron un ejemplo de tolerancia recíproca…sin notar que el vicepresidente no tiene ningún poder y que a partir del 7 de agosto se hará lo que decida la señora presidenta.    

El centro debilitado

Dos candidaturas ocupan el centro de verdad.

  • Sergio Fajardo, con cerca de 8 por ciento, y su fórmula Edna Bonilla, son dos educadores de probados quilates que el país necesita para que haya futuro. Fajardo insiste en el discurso del centro: administración honesta, gestión técnica y rechazo a la polarización.
  • Claudia López representa un progresismo institucionalista que profundiza las reformas sociales sin alharacas ni quiebra del fisco. Sería la manera de evitar que el país acabe de romperse en dos mitades, pero en la última encuesta obtuvo apenas el 1,7% de las preferencias.

El escenario que viene

Tal como están las cosas en el momento, es seguro que Cepeda pasará a la segunda vuelta.

La verdadera pregunta es cuál de las dos derechas lo enfrentará: la derecha combativa de Abelardo o la derecha republicana de Paloma.

Cualquiera de los dos escenarios conduce a un mismo resultado: una polarización intensa entre una derecha fuerte y una izquierda organizada.

El centro, mientras tanto, queda reducido a un papel marginal.

En el fondo, todas estas fuerzas siguen moviéndose dentro del mismo eje histórico. Cambian las generaciones, cambian los candidatos, pero los colombianos seguimos divididos entre dos bandos irreconciliables:

  • Los que ven y sienten y repudian con razón los crímenes atroces de las FARC y del M19, y
  • Los que ven y sienten y repudian con razón los crímenes atroces de los paramilitares y agentes del Estado.

Nadie que condene a los unos y a los otros en exacta proporción al número y atrocidad de sus crímenes.

Por eso a pesar de los cambios seguiremos viviendo de justicias injustas e incurables rencores.

Le recomendamos: Tres consultas suicidas

Acerca del autor

Hernando Gómez Buendía
hergomez@razonpublica.org.co | + posts

* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

8 comentarios

Hernando Gómez Buendía

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Hernando Gómez Buendía

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8 comentarios de “Anatomía de las candidaturas presidenciales”

  1. Excelente descripción de lo que pasa en las candidaturas presidenciales hoy en Colombia, ninguno de los columnistas habituales ha dejado tan claro el tema como usted Dr. Gómez Buendía, gracias por ilustrarnos ponderadamente, lejos de los sesgos políticos.

  2. Te equivocas en varias cositas: al padre del innombrable lo mata la mafia, no guerrilla. Paloma es más sectaria que el matagatos y no piensa, obedece como Duque. Y Petro no es tan bueno como cree la gente, pero si es mejor que todos sus predecesores. Por eso ganará Cepeda, que continuará y mejorará lo hecho hasta ahora, que no lo reconoce la élite tradicional, que no volverá a oler el poder en lustros

    1. El abuelo de paloma Valencia dio origen a la FARC despues de ser masacrados en el bombardeo de marquetalia, pero no dice nada de la filiacion de cepeda con los guerrilleros ni su aparición en los computadores de Reyes o la simpatia con la cúpula de la FARC ni su postura complaciente con el reclutamiento de menores por la guerrilla,.. es un articulo sesgado

  3. El artículo parecía despojado de sesgos en su análisis de la carrera por la presidencia, hasta cuando menciona, sobre el final, los dos bandos irreconciliables. Decir que los crímenes atroces, por un lado, han sido de las FARC y del M19, es dejar servido sobre la mesa del lector la inevitable tentación de asociar al Presidente Petro con este último grupo armado y de paso invitar a deslegitimar su ejercicio como presidente. Omitir deliberadamente otras guerrillas mucho más cruentas y que le han causado más daño al país como el ELN, siembra dudas sobre las verdaderas intenciones del artículo.

  4. Colombia sigue presa de la guerra contra las criminal e inútil, impuesta desde Naciones Unidas por orden de USA, que nos ha costado más de un millón de muertos. Con esa «guía» cuesta avanzar, parece que distanciarnos un poco de «nuestra» metrópoli puede permitirnos mas. No ser un amigo de USA es peligroso, pero ser su amigo es mucho peor.

  5. Para reflexionar sobre tu artículo Hernando. Iniciamos devolviendo al pueblo colombiano lo robado e iniciando una conciliación, lenta pero segura, entre clases sociales. Basta, sin anbiguedades, de personeros como Milei, Trump ó Bukele.

  6. No puede ser que después de (16) años de gobierno Uribista: 2 de Uribe, 1 de Santos y 1 de Duque, periodos en los que no se vieron grandes avances, ahora vamos a tener otro periodo más de Uribe. Periodo que sabrán aprovechar para desligitimar nuestras instituciones, y..otra vez » el todo se vale, con tal de….», otra vez los abusos de poder, otra vez a intentar utilizar los jóvenes como informantes.

  7. La ciencia política, a través de tesis como la de Mancur Olson, sugiere dos formas de ejercer el poder: la del «bandido nómada» (o teoría inglesa), un egoísmo con dolo que llega para saquearlo todo y marcharse; y la del «bandido estacionario» (o teoría francesa), donde el egoísta, al asentarse en el poder, entiende que debe generar bienestar social para poder seguir beneficiándose del sistema.

    Bajo esta óptica, los «centros» ideológicos no son más que pantomimas en un país saturado por 36 partidos que operan como simples vehículos jurídicos para inscribir candidatos. Colombia atraviesa hoy un movimiento pendular, una transición donde la base social busca una válvula de escape en el Pacto Histórico frente a un modelo económico asimétrico y perverso.

    Mientras este fenómeno avanza sin las élites burocráticas tradicionales de los departamentos, la guerra persiste como una constante alimentada por las economías ilícitas y el ordeño sistemático del presupuesto público. En este escenario, las élites nacionales y locales ya han comenzado su reacomodo estratégico: su único objetivo no es gobernar, sino asegurar que, pase lo que pase, no se queden sin su pedazo del pastel.

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