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Religión y convivencia

Escrito por Hernando Gómez Buendía

hernando gomez buendia¿Es lícito quemar El Corán (o la Torá o el Nuevo Testamento)? ¿Los seres humanos tienen valores o tienen precios? ¿Odiar y rezar a Dios son la misma cosa? En su constante debate sobre la ética, esta semana Estados Unidos se planteó varios temas esenciales.

​​Hernando Gómez Buendía *

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Dos noticias

Parecen cuentos de folletín:

  • El reverendo Terry Jones, pastor del Dove World Outreach Center (literalmente: Centro de Encuentro Mundial Paloma) de Gainsville, Florida, una iglesia bautista con medio centenar de adherentes, estaba promoviendo el “día internacional” para la quema de El Corán porque “el Islam y la Sharia son el diablo”. El Vaticano, el New York Times, el Rey de Jordania, el FBI y la señora Clinton tuvieron que terciar en el asunto.
  • Casi dos mil kilómetros al norte, en pleno corazón de Manhattan, el imam de los sufistas Feisal Abdul Rauf anuncia su intención de construir la mezquita Park 51 a 180 metros de donde se encontraban las Torres Gemelas. Y otra vez, del presidente Obama para abajo, todo mundo ha tomado partido en este caso.

Esas controversias no son tan frívolas ni tan hipócritas como sostienen algunos de nuestros más connotados analistas. Por el contrario, y precisamente porque se trata de dilemas simbólicos, estas historias develan lo más hondo de una sociedad de veras pluralista, donde por eso los valores y principios de la ética se toman muy en serio.

Una propuesta imprudente

En el caso de la mezquita el valor en cuestión es evidente: el imam Abdul tiene todo el derecho a construirla porque la Constitución de Estados Unidos inequívocamente garantiza la libertad de cultos y porque esta libertad es consustancial al pluralismo. La derecha -y, más aún, la mayoría de los neoyorquinos- opinan sin embargo que levantar un templo musulmán en ese sitio es profanar la memoria de las víctimas del 11 de septiembre. Tal ha sido la indignación de tanta gente que el propio Obama, ex profesor de derecho constitucional y que al principio defendió al imam, optó por sugerir que el proyecto se cancele por “prudencia”.

Esa sería una triste concesión al populismo y la ignorancia. Sería aceptar que el Islam es terrorista o que los 1.300 millones de musulmanes son militantes de Al Qaeda; con esta lógica tendría que prohibirse la construcción de iglesias por el recuerdo de la Inquisición o de la Noche de San Bartolomé y la de sinagogas por las masacres de Sabra y Chatila.

Sería además ignorar los motivos de la acción, que en la ética de la modernidad (por lo menos en Kant) son esenciales para juzgar una conducta: el imam no está tratando de ofender a nadie (de hecho es un promotor reconocido de la tolerancia y el ecumenismo religiosos) y su argumento es todo lo contrario del odio que resuma el reverendo Jones. La mezquita, explica él, tendrá capillas o salas para que “cristianos y judíos puedan expresar su fe también en ella”.

Consecuencias indeseables

Al pastor Jones le asiste el derecho a la libre expresión que igualmente consagra la Constitución de Estados Unidos en su “Primera Enmienda” y que también es connatural al pluralismo. “Quemar libros -dijo Jones- no es un delito, y no es asesinar a alguien, como hicieron los islamistas”. Un liberal tipo Obama podría haber replicado que esa quema sin embargo es “imprudente” porque propicia los crímenes de odio (hate crimes) contra los musulmanes en Estados Unidos.

Esta habría sido la otra ética de la modernidad, la de sopesar las consecuencias (no simplemente los motivos) de las acciones humanas. Es la ética de Bentham y es sumamente respetable, en especial cuando se trata de los actos de un jefe de Estado. Sucede sin embargo que Obama optó por el consecuencialismo, pero en la versión que lo hace menos ético: la de medir las consecuencias que el acto tenga… para uno mismo y para sus amigos.

Obama, Clinton, Gates y el general Petraeus condenaron la quema de El Corán, no porque exprese ni promueva el odio contra los musulmanes, sino porque los terroristas musulmanes la podría usar como pretexto para reclutar adeptos, ejecutar más atentados y “asesinar” más soldados en Iraq y Afganistán (de hecho la Interpol transmitió ya su alarma a los 108 países donde podrían reaccionar los terroristas).

El argumento del presidente Obama y sus colaboradores es exactamente igual al de McCain y otros “halcones” en contra de las torturas que tuvieron lugar en Abu Ghraib: no porque violen los derechos humanos, sino porque mañana, en represalia, los enemigos torturarán a nuestros soldados.

Dos variedades del trueque

El reverendo Jones por su parte propuso cancelar la quema de El Corán si el imam desiste de construir la mezquita: sería aceptar que ambos actos tienen el mismo valor moral, que odiar y rezarle a Dios son la misma cosa.

Donald Trump, el magnate de la finca raíz, ha propuesto otro trueque: comprar el lote de Manhattan por el 125 por ciento del valor que hace dos años pagaron los musulmanes que promueven la mezquita. Dice Trump que lo hace “por amor a Nueva York” y sus rivales le endilgan que es por puro amor al lote. Pero el mismo, o en su caso, el gobierno local de New York, podrían aumentar el precio hasta llegar, como diría El Padrino, a “una oferta que no puedan rechazar”.

Y la idea de comprarles el lote no es menor, porque detrás de la salida “mercantil” hay otra ética posible de la modernidad: la de los economistas neoclásicos (y la de Ronald Coase, en especial) según la cual las preferencias de los seres humanos siempre se pueden expresar en el precio que estén dispuestos a pagar por el objeto o por la solución del caso respectivo. Es una forma ética del pragmatismo que muchos defienden y cuya crítica se resume con más acritud en concluir que entonces, con la frase de Wilde, “los hombres no tienen valores sino precios”.

Pragmatismo, consecuencialismo, ética de los motivos, libertad de expresión, libertad de cultos…La fuerza profunda de Estados Unidos consiste en que allá las decisiones grandes o pequeñas se debaten a la luz de la ética.

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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