
Días de alta tensión
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Por qué y cómo se está volviendo turbia la carrera para elegir al nuevo Presidente.
Hernando Gómez Buendía *
Contemos bien los días de estas tres o seis semanas. La razón es clara: (1) En estas elecciones están en juego los grandes intereses legales e ilegales de Colombia; (2) Las elecciones se van a decidir por pocos votos, y (3) El candidato oficialista es hombre de estrategias, mientras que su rival es hombre de principios.
La consecuencia ya se está sintiendo: esta campaña será más dura y más amarga cada día. Por una parte la estrategia oficialista se volverá más agresiva. Por otra parte las "fuerzas oscuras" que sabemos y queremos ignorar estarán más tentadas de acudir a sus métodos.
En estas circunstancias la irresponsabilidad no es admisible. La Policía y el DAS tienen que asegurarnos que no habrá filtraciones ni atentados. Del Presidente para abajo, las autoridades tendrán que ser de veras imparciales. Los candidatos y sus equipos no deberán añadir leña al fuego. Y los electores tenemos el desafío de estar alerta y al mismo tiempo mantener la calma.
Dicen algunos que de esta campaña están ausentes los grandes temas de Colombia. Y sin embargo en la campaña misma se decide el gran tema de Colombia: ¿es posible o no es posible ganar mediante la "legalidad democrática"? ¿Se puede o no se puede llegar al poder a base de juego limpio -"legalidad"- y en competencia abierta -"democrática"-?
Para que gane Mockus sería entonces necesario que su eslogan se vuelva realidad antes de que comience su gobierno. Y Mockus, por lo mismo, no podría dejar el juego limpio porque con eso dejaría de ser Mockus.
El endurecimiento vendrá del otro lado. La dureza en campaña es por demás legítima y es también lo indicado cuando el candidato va perdiendo terreno. Santos tenía que cambiar, y por eso el viraje de estos días: más continuismo (más defensa de Uribe) más maquinaria (más "U") y más J.J. Rendón es decir, más campaña negativa.
Atacar al rival es válido en sí mismo y es además bueno para la democracia: los votantes tenemos el derecho de conocer los errores o defectos relevantes para ejercer la Presidencia – incluyendo la salud y las acciones u opiniones políticas de cada candidato. Las excentricidades de Mockus, su gestión como alcalde y sus declaraciones pueden por ende ser blanco de los otros candidatos, a sola condición de que no mienta ni distorsione los hechos. Pero infortunadamente el país sabe que Santos ha mentido al difamar a Pardo, a Carlos Gaviria o aún a este modesto columnista.
Incluso es válido apelar al subconsciente supuestamente religioso, militarista y patriótico de los colombianos para descalificar al candidato que piensa antes de contestar si cree en Dios, dice que ojalá fuéramos como Costa Rica y encuentra "cosas que admirar" en Hugo Chávez: los colombianos sabrán si optan o no por el Estado laico, las armas bajo las leyes y la buena vecindad con Venezuela.
Pero aquí mismo entramos en la zona gris: los pasacalles de Cali por ejemplo distorsionan los hechos antedichos -y añaden la mentira de que Mockus es blando con la droga. Ninguna campaña por supuesto respondió por los afiches, y esto nos trae al punto más difícil de los ataques por interpuesta persona: bien está que los amigos del candidato digan lo que él o ella prefieren no decir, pero está mal que los amigos sean anónimos o que calumnien simple y llanamente.
Peor todavía sería el capítulo de los montajes, los espionajes y los sabotajes que las campañas o sus allegados pueden montar de mil maneras para desprestigiar al adversario, confundir a sus votantes o estorbarle en sus actividades. E infortunadamente "J.J." no ha sido siempre ajeno a estas jugadas.
Otras "jugadas" podrían ser aún más decisivas: un incidente militar con Venezuela o un bombazo de las FARC para cambiar el voto de opinión; un rumor de que Mockus acabará "Familias en Acción" para quitarle tres millones de votos…
Infortunadamente faltan ases por jugar. E infortunadamente esas jugadas agravarían el empate -o sea la tentación de jugar rudo.
*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
Acerca del autor
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
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