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Las tres armas de Colombia frente al virus

Escrito por Hernando Gómez Buendía
armas coronavirus colombia
Hernando Gomez Buendia

Las estrategias de Asia, las de Europa y las de Estados Unidos no nos sirven. Es urgente que actuemos como el país que somos: un país de renta media*.

Hernando Gómez Buendía**

Tres estrategias

En el sudeste asiático y en la Unión Europea, la pandemia está hoy bajo control.

Los cuatro “tigres asiáticos” (Corea del Sur, Singapur, Taiwán, Hong- Kong) lo hicieron exactamente como debe hacerse: detección inmediata de los contagiados y aislamiento riguroso de las personas en su entorno para impedir que el virus se propague. Por eso estos países tienen pocos muertos y por eso -también- necesitaron cuarentenas menos drásticas, tuvieron menos desempleo y menos empobrecimiento.

La grafica siguiente ilustra bien el punto para el país más poblado de esa región del mundo:

Casos coronavirus corea del sur

Europa en cambio demoró la respuesta, dejó avanzar la pandemia (Italia, España…), pagó un costo gigante por su cuarentena y al final escaló la estrategia de “testeo-seguimiento-aislamiento” para poder reabrir su economía.

Y por su parte los Estados Unidos reabrieron sin tener estos controles epidemiológicos: por eso están en la espiral de muchos muertos y nuevos cierres obligados de la economía.

La gráfica siguiente muestra bien el contraste entre Europa (línea azul) y Estados Unidos (línea roja):

nuevos casos de coronavirus comparacion Estados Unidos Europa

La lección es evidente: la economía no se puede reabrir mientras la curva de contagios no decline, y para esto se necesita un aparato o un sistema de control epidemiológico que Colombia no tiene.

Colombia en mal camino

Como se puede ver en la gráfica siguiente, América Latina y el Caribe se han convertido en el nuevo epicentro mundial de la pandemia:

covid 19 casos comparados por continente

En Colombia la curva de contagios se ha disparado en los últimos días, y hoy somos uno de los países del mundo donde la pandemia está aumentando con mayor velocidad:

muertes por covid colombia méxico brasil colombia

Después de Brasil, Perú, Chile y México, Colombia ocupa hoy el quinto lugar de la región en cuanto al número total de contagios confirmados (Venezuela es un misterio), y en el mundo ocupamos el lugar número 21.

Como vamos, vamos derecho hacia el desastre.

La cuarta vía

Pero hay la buena noticia: en estos cuatro meses se ha aprendido mucho sobre el SARS-Cov-2. Sabemos que un simple tapabocas disminuye el contagio hasta en 95% (al aire libre), que lavarse las manos con jabón, reduce el riesgo en un 45%, mantener una distancia de un metro, en 37% y de dos metros, en 73%… (tomo estas cifras de un metaanálisis de 176 estudios en 22 países, con resultados por supuesto distintos pero en rangos similares en cuanto a la eficacia).

Dicho con sencillez: sabemos cómo las personas del común podemos derrotar la pandemia.

Y es aquí donde vienen las tres cartas que me parece debería jugar un país como Colombia. Me arriesgaré a resumirlo en tres palabras: pedagogía, ingeniería industrial, dexametasona.

Pedagogía

La cuarentena no se puede mantener porque el país no aguanta, así que debemos extremar esas medidas sencillas de distancia e higiene personal que son posibles incluso para los vendedores ambulantes.

En vez de las instrucciones confusas, los mensajes cruzados con los alcaldes o las cada vez más aburridas charlas del presidente, necesitamos un gobierno pedagógico en el estilo del de Mockus cuando cambió la cultura ciudadana en Bogotá, una estrategia imaginativa, focalizada, persistente y adelantada en conjunto con todas la organizaciones cívicas, gremiales, populares, políticas y periodísticas para lograr que más y más personas se ayuden y nos ayuden a que otras muchas personas se libren del contagio.

Ingeniería industrial

La economía tiene que volver a funcionar, pero hay maneras de guardar las distancias. Las empresas y escuelas primeramente deben aclarar si están en vacaciones o si deben “reinventarse”; esta es la pregunta del millón, y a ella deberían dedicarse de manera obsesiva nuestros técnicos.

Ciudades que funcionen las 24 horas, rediseño de espacios, medidas de bioseguridad en el transporte público como las que sugiere Daniel Páez en esta misma edición de la revista, o como las que hoy practican los grandes almacenes o las fábricas de Bogotá, Medellín y otras grandes ciudades, tendrían que llevarse hasta los últimos rincones, o sea que un ejército de “ingenieros industriales” debería asesorar al más remoto alcalde y al más pequeño empresario.

Dexametasona

No entiendo cómo funciona esta droga (y si me lo explicaran, tampoco lo entendería); sé que no cuesta mucho y que tal vez reduce la mortalidad por COVID-19 “entre 20% y 30%”.

Aunque Bill Gates, que sí sabe del asunto, dice que un medicamento necesita un “95% de eficacia” para acabar con el pánico, creo yo que el Tercer Mundo se resignaría con menos. Quiero decir que no estaría lejos el momento en que aquí veamos la COVID-19 como “otra enfermedad difícilmente curable” que de por sí no justifica cerrar la economía.

Creo por eso que un gobierno con visión de futuro estaría almacenando Dexametasona y dedicando sus embajadas todas en el mundo a averiguar cuáles son los remedios promisorios.

Jugando estas tres cartas tendríamos tal vez el mínimo de muertos y el mínimo de daños a la economía que un país de “renta media” como el nuestro podría tener en medio de la pandemia que hoy arrincona al mundo y se le vino encima a América Latina.

* Una versión anterior aparece en la edición de acceso limitado de El Espectador (junio 5 de 2020)

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1 Comentario

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Eduardo Sáenz Rovner julio 7, 2020 - 7:57 pm

Lo de Estados Unidos es una vergüenza. «The ugly Americans» (Trump y sus millones de seguidores) están derrotando, así pierdan en noviembre, a la Norteamérica civilizada y progresista en el tema de la pandemia. En cuanto a Colombia como «país de renta media» hay que ir más allá; Uruguay y Costa Rica son países de renta media pero, a diferencia de Colombia, son civilizados, tienen bajas tasas de criminalidad y no dependen de las exportaciones de drogas; sería interesante la comparación con las estadísticas de esos dos países. En cuanto a la «pedagogía» del alcalde Mockus, todavía recuerdo cómo terminó con bolillo una marcha pacífica de profesores universitarios en los años 90. Esa tal pedagogía la ejerció en Bogotá; nunca lo hubiera hecho en Vilna donde lo hubieran echado por salvaje y represivo.

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