¿Por qué estamos divididos? - Razón Pública
Inicio TemasPolítica y Gobierno ¿Por qué estamos divididos?

¿Por qué estamos divididos?

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendia

hernando gomez buendiaUna explicación sencilla pero clara del “furibismo” y del anti-furibismo.

Hernando Gómez Buendía *

He conversado con taxistas y con empresarios, con campesinos y con amas de casa, y creo que todos ellos – la mayoría de los colombianos- perciben al Presidente Uribe como la encarnación o el símbolo del orden. En medio de una sociedad que todos percibimos como descuadernada -un país donde los bandidos se paseaban a sus anchas, donde no había Estado y donde todos se saltaban las normas- Uribe más que todo representa la autoridad que nadie había ofrecido y la disciplina que nadie había impuesto.  

La seguridad democrática es la forma más palpable de ese orden, el querer de los buenos  que después de tantos años se unieron para acabar con los malos que sin razón ni derecho asesinan y secuestran: las marchas contra las FARC fueron quizá el momento de unidad más ferviente en nuestra historia, y la lucha contra los "terroristas" sigue siendo la bandera que convoca a toda la nación detrás de Uribe.

La explicación del "fenómeno Uribe" se encuentra en esa identidad emocional profunda, y es ella la que inspira la amplitud y calidad del apoyo que el Presidente ha recibido y sigue recibiendo de la gente. T.W. Adorno, Eric Fromm y otros muchos autores han mostrado que  la adhesión a un caudillo no se basa en la razón ni en el cálculo sino en pasiones y en odios compartidos.

Esa forma de adhesión implica la suspensión del sentido crítico que está en base del "efecto teflón" y que protege al caudillo de sus oponentes y aún de las verdades dolorosas. Ni los paras, ni los parapolíticos, ni las "chuzadas", ni la yidis-política,  ni Tomás y Jerónimo, ni AIS y ni siquiera el golpe de las pirámides o el desaliento de la recesión han hecho demasiada mella en la imagen de Uribe. La gente simplemente no cree que sea cierto, o cree que el Presidente no tiene la culpa, o que él es una víctima, o que al final de cuentas el hecho se justifica. Los ídolos no abundan, y cuando el ser humano  encuentra alguno se aferra tercamente a preservarlo.

No todo por supuesto es emoción. Hay una visión del mundo o un "relato" que sustenta  el proyecto de Uribe y que lo hace creíble y coherente.  El relato consiste en que Colombia está en guerra con las FARC -y en la guerra sólo hay "amigo" o "enemigo". Enfrentar la guerrilla facilita y atrae la inversión, lo cual genera empleo y permite subsidiar a los pobres -y a los ricos. Un Presidente  paternal y omnipresente trabaja y trabaja para el bien de todos y aconseja a todos. Los políticos se transan con migajas, los Estados Unidos están del lado nuestro y Dios que está en el cielo nos protege. Hay muchas cifras para probar que todo esto es cierto, y el que lo niegue no ama a Colombia.

El otro efecto de ese "estado de opinión" – o por mejor decir, estado de emoción-  es despertar igualmente la pasión de la minoría que no sintoniza con aquel relato, o que no cabe dentro del "orden" que pretende Uribe. Algunos son en efecto terroristas y sus simpatizantes abiertos o encubiertos. Otros sencillamente tienen una escala de valores distinta y se sienten incómodos o  intensamente opuestos al autoritarismo y la "ruralidad" del proyecto dominante. Algunos más se han  desilusionado porque no les tocó su tajada o porque los escándalos son demasiado crudos para ignorarlos. Otros en fin pensamos que las mayorías están equivocadas, que el modelo de Uribe es demasiado simple,  y que sus costos van a ser más grandes que sus beneficios.

Tal vez por eso he visto yo que el uribismo es mayoría aplastante en todas partes, con la excepción diciente de los académicos: los "intelectuales del régimen" dan grima, los que saben no están en el gobierno, y los que por vocación u oficio piensan en el conjunto y en el largo plazo están de luto.

Estas personas juzgan a Uribe por el patrón de lo que debe ser: por eso lo censuran. Pero la gente, la gente real, la mayoría de la gente compara al Presidente con los que había antes o con los individuos que quieren reemplazarlo: por eso Álvaro Uribe es imbatible.    

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Artículos Relacionados

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Leer políticas Aceptar

Política de privacidad y cookies

Conoce la galería de obra gráfica de Razón Pública

Podrás adquirir obra gráfica de reconocidos artistas latinoamericanos a un excelente precio y ayudarnos a financiar este maravilloso proyecto periodístico