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Colombia en su cuarto de hora

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendia

hernando gomez buendiaUna mirada sucinta a las cosas que han cambiado en veinte años -y a los por qué de estos- da asidero real al optimismo…sin hacerse demasiadas ilusiones.

Hernando Gómez Buendía *

 

 

Tres discursos

La Asamblea General de la ONU es un rito anual que pasa desapercibido porque merece pasar desapercibido. Pero esta vez hubo un país que se mostró muy diferente: Colombia.

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    En veinte años pasamos de ser el país vergonzante de la narcoviolencia al país emergente que atrae inversionistas y habla de tú a tú con las potencias.
    Foto: notimega.com

    Hace diez años, en su primer discurso ante ese organismo, el presidente Uribe había pintado el drama de una “democracia sitiada por el terrorismo”, donde “todos los días tenemos asaltos en las carreteras: ¿qué tal que esto sucediera entre París y Bruselas, o entre Nueva York y Boston?”.

  • Y hace veinte años el presidente Gaviria, hablando “en nombre de un pueblo que ha soportado la más cobarde e inhumana violencia”, reclamó el apoyo internacional para “Colombia, sin duda la nación que ha pagado el más alto precio en la lucha contra el narcotráfico”.
  • Pues esta vez, el presidente Santos dedicó su cuarto de hora a explicar la posición de Colombia frente a la reforma del Consejo de Seguridad, la primavera árabe, la crisis de Siria, el cambio climático y la reconstrucción de Haití; a proponer que la comunidad internacional reevalúe su guerra contra las drogas, y a expresar la esperanza que abriga de que “el próximo año” estará en condiciones de anunciar el fin del “conflicto interno armado más prolongado del hemisferio y tal vez uno de los más largos del mundo”.

Nada de compasión ni de pedir ayudas: estamos en “el nuevo momento de Colombia; en medio de la turbulencia internacional…hemos creado dos millones de empleos…y logrado importantes avances contra la pobreza”.

Tres cambios estructurales

De modo pues que en veinte años pasamos de ser el país vergonzante de la narcoviolencia al país emergente que atrae inversionistas y habla de tú a tú con las potencias. Este cambio se debe a una mezcla de factores, algunos domésticos y algunos internacionales, algunos deliberados y otros puramente accidentales:

Nada de compasión ni de pedir ayudas: estamos en “el nuevo momento de  Colombia; en medio de la turbulencia internacional…hemos creado dos millones de empleos…y logrado importantes avances contra la pobreza”.
  • El narcotráfico dejó de ser la pesadilla que fue con Escobar y los demás carteles, porque los grandes capos desaparecieron. En parte, porque a Estados Unidos ya no se pueden despachar cargamentos enormes, sino cientos de paquetes dispersos. En parte porque Uribe tuvo que extraditar en una sola noche a quince de los grandes traficantes, que en Ralito posaron de paramilitares. Y en parte porque México, Guatemala y Honduras fueron haciéndose más cómodos para el negocio. Y mientras tanto las siembras de coca fueron disminuyendo por el Plan Colombia, porque llegó el Ejercito y porque Perú volvió a ser más atractivo: ahora allá se siembra más que acá.
  • Cuando Gaviria habló ante la Asamblea General de la ONU, en Colombia se registraban 79 homicidios por cada cien mil habitantes; ahora la tasa ha caído a 33 homicidios por cien mil habitantes: una mejora de 60 por ciento en veinte años. La mayor parte de este cambio se debe a Uribe, quien logró bajar la tasa de 66 a 34 homicidios. Pero esto no resultó de su escalada contra las guerrillas, sino de la desmovilización, algo tramposa, de los paramilitares: la mitad de la baja se debió a la disminución de los asesinatos en Antioquia y de los hombres jóvenes entre 15 y 24 años. En cambio, a la guerra de Uribe contra las FARC debemos la caída vertical de los secuestros y el aumento de la “confianza inversionista”.
  • Lo cual me trae al tercer cambio de fondo: el de una economía que miraba hacia adentro al de una economía que hoy mira hacia afuera. Arrastrada por China — la locomotora que en estos veinte años ha remolcado al mundo — Colombia se fue alejando de su viejo modelo cafetero-industrial hacia uno nuevo, de crecimiento jalonado por las exportaciones minero-energéticas. Y el cambio ha sido drástico: en 2007, exportamos 7.344 millones de dólares en petróleo y minerales; en 2011 llegamos a 23. 459 millones, y para 2021 se proyectan 54.150 millones. Para bien y para mal, Colombia está en el club de los petro-países.

Carpe diem

-Parte de esa bonanza la gastó Uribe en pelear contra las FARC (el gasto militar se duplicó hasta un 6,5 por ciento del Producto Interno Bruto- un porcentaje mayor que el de Estados Unidos). Con esa plata, los radares gringos y la inteligencia israelí, Uribe y Santos golpearon tan duramente a la guerrilla que esta por fin se decidió a negociar: por eso puede ser que “el próximo año” el presidente anuncie la paz ante la ONU.

Hernado_Gomez_Buendia_Colombia_exportaciones Colombia se fue alejando de su viejo modelo cafetero-industrial hacia uno nuevo, de crecimiento jalonado por las exportaciones minero-energéticas.
Foto: urnadecristal.gov.co

-Otra parte de la bonanza se está gastando en “subsidios condicionados”, es decir, en limosnas focalizadas y apenas levemente disfrazadas: 2.540.375 hogares -o uno de cada cuatro colombianos- se benefician del programa “Familias en Acción”: por eso los “importantes avances contra la pobreza”.

-Y por supuesto, otra parte del boom energético-minero se irriga a la economía doméstica, y por eso los “dos millones de empleos” que reclama el presidente.

Un país que ha cambiado por dentro, también quiere cambiar su imagen hacia afuera:

  • Pasó la pesadilla de los narcos (y este presidente, hay que decirlo, no tiene rabo de paja): Colombia ahora puede hablar de lo absurda que ha sido la guerra internacional contra la droga.
  • Naciones Unidas se ha mostrado incapaz de resolver el conflicto armado en Siria (y de hecho, en cualquier otro sitio): Colombia les informa que aquí va a ser posible.
  • Europa pone a temblar a los mercados del mundo, pero Colombia ofrece “confianza inversionista” y economía emergente.
  • Incluso, en pago por favores recibidos — léase Iraq o Venezuela, para no alargarnos — Colombia tuvo asiento y palomita en el Consejo de Seguridad, el asiento que a Juan Manuel Santos le sirvió para hablar de los problemas planetarios.

Todos sabemos que en Colombia sigue habiendo narcos (y para peor, sabemos que andan cerca del Congreso). Sabemos que sigue habiendo muertos, demasiados muertos. Que sigue habiendo demasiados desempleados y una pobreza oficial de 45 por ciento.

Sabemos además que la propuesta de legalizar la cocaína no va a parar en nada. Que la paz con las FARC es muy difícil. Que la confianza inversionista no aguantaría el crack de Europa o el frenazo de China.

Pero de cuando en vez, hay que mirar atrás y recordar a Horacio: carpe diem.

 

* El perfil del autor lo encuentra en este link.

 

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