
Ingrid, el símbolo
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En política los símbolos no substituyen a la realidad. Los símbolos, en política, son la realidad. De manera que este 2 de Julio venció Colombia y la Farc quedó vencida.
Hernando Gómez Buendía*
Según País Libre, desde 1996 se han dado 10.713 secuestros extorsivos en Colombia, y unas 750 personas se encuentran hoy por hoy en poder de las Farc. Esta es la prueba obvia de que Ingrid Betancourt no era una secuestrada sino un símbolo.
Igual que todos los símbolos, el de Ingrid se ha sido construyendo a partir de los datos objetivos. El hecho repulsivo del secuestro, en primer lugar, prolongado a largo de 6 años. Su condición de mujer, de joven, de madre, de hija. El dolor sin fronteras de sus cartas, de su fotografía como una bofetada, el de Yolanda como un grito de la vida. Su “Ira en el Corazón” contra los corruptos, su elección al Senado con el mayor número de votos, su candidatura presidencial en el momento mismo de ser secuestrada. Su inteligencia, su audacia, su coraje, su sensibilidad exquisita, su cultura refinada, su sentido del idioma, sus amigos bien ganados.
A todos esos hechos, que son sus méritos, se le agregaron su cuna, su posición social, sus conexiones políticas y su ciudadanía francesa para hacerla visible – como visibles tienen que ser los símbolos-. Los medios de comunicación se hicieron cargo del resto, cautivos y también cautivadores con esta historia de dolor humano, de amor humano, de bajeza humana, de suspenso, de altibajos, de alta política, de pequeña política, de Colombia, de los países vecinos, de misiones y comisiones, de acuerdo- canje – intercambio, de cercos militares o cercos humanitarios que concluyó con este golpe de película – un golpe que, sin retórica, es el más inteligente que ningún Estado le ha propinado a una guerrilla en el mundo-.
Pero los símbolos no nacen sólo de sus entrañas sino, además, del contexto. El 20 de Febrero de 2002, tres días antes del secuestro de Ingrid, el Presidente Pastrana anunció el fin de la “zona de distensión” y oficializó el fracaso del proceso de paz. Era el epítome de la decepción nacional y del clamor por la mano dura como única salida posible- el clamor que habría de catapultar a Álvaro Uribe como el mayor terremoto político en la historia-.
Y entonces, con el pasar de los días, con la gestión incansable de Yolanda, con la presión de las ONG, la de los medios y la de dos ex presidentes movidos por convicción o por oportunismo, surgió el “acuerdo humanitario” como el único tema de conversación posible en medio de la guerra, como la única rendija que quedaba para intentar la política en medio de las balas.
Y no apenas de este lado, porque también el libreto de las Farc las obligaba a hablar de los rehenes en vez de las reformas. Auto-desterradas, por su propia estupidez, de la política, huérfanas desde siempre de apoyo popular, y tan desprestigiadas como salieron de El Cagúan, las Farc, con Marulanda obsesionado a la cabeza, se empeñaron en usar la única arma de negociación, de interlocución o tan siquiera de figuración política que les quedaba. El arma de sus cautivos, con Ingrid a la cabeza.
El ir y venir de fórmulas sobre el mal bautizado “intercambio humanitario” (porque estas dos palabras se excluyen una a la otra), los goles que le hicieron a Uribe y los que Uribe metió en cuatro años largos de declaraciones, mediaciones, diligencias, injerencias y frustraciones sobre el canje que no fue, acabaron de cristalizar aquel cambio de un símbolo por otro símbolo, el de la libertad de Ingrid por el de Colombia en paz.
Cambio de prisioneros en lugar de política. Intercambio en vez de negociación. Ingrid como símbolo del intercambio. Ingrid libre sin acuerdo humanitario. Paz sin negociación. Victoria militar sin sangre.
Fue la magia de un golpe que resolvió el dilema irresoluble de liberar a los secuestrados sin disparar ni negociar, sin concederle nada al enemigo ni tampoco arriesgar la vida de los rehenes. Y esta magia permite que todos nos alegremos de corazón, los duros y los blandos, los que ayer insistían en el rescate militar y los que abogábamos por el intercambio.
En política los símbolos no substituyen a la realidad. Los símbolos, en política, son la realidad. De manera que este 2 de Julio venció Colombia y la Farc quedó vencida.
Y sin embargo quedan 750 personas en manos de las Farc. Quedan 8.000 hombres y mujeres armados y dispuestos a matar. Quedan las víctimas, el narcotráfico, la pobreza, y tantas otras cosas que no vimos porque quedaron tapadas bajo los símbolos.
Será que ahora, con el regreso de Ingrid, seremos capaces de construir uno símbolos donde quepan estas otras realidades?
*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
Acerca del autor
Hernando Gómez Buendía
* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
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