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Anatomía de la crisis

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Hernando Gomez Buendia

Hernando Gomez BuendiaIntento muy resumido de contar qué está pasando, y por qué, y para dónde va la economía global.

Hernando Gómez Buendía *

Detrás de los sacudones económicos y de los altibajos financieros que están golpeando a Europa y a Estados Unidos, hay una vieja palabra de cinco letras: China.

Desde el siglo XVI, ese mercado gigantesco había sido codiciado por Occidente, y tanto así que Inglaterra declaró las dos “guerras del opio” para obligarla a rebajar los aranceles –y lo hizo con los “tratados desiguales”, a partir del Tratado de Nankín (1852). Pero con la revolución de 1911 y más aún bajo el gobierno de Mao, la inmensa China volvió a cerrarse, y nadie logró acceder a sus consumidores.

Hasta que Deng Xiao Ping tuvo una idea genial: dar acceso masivo a los trabajadores en vez de a los consumidores chinos. Fueron las ciudadelas o las “zonas especiales”, con salarios regalados y grandes subsidios para las multinacionales. Y así, con costos hasta diez veces inferiores, China se adueñó de prácticamente todas las actividades manufactureras.

Este ha sido el motor del milagro económico más grande de la historia: más de 500 millones de personas salieron de la pobreza en veinte años, porque China pasó a ser una potencia exportadora, lo que fue ampliando su mercado interno y fue suministrando la riqueza para que el Estado chino capitalizara sus propias multinacionales.

En Occidente, al revés, ganaron los consumidores pero perdieron los trabajadores. Los mercados se inundaron de productos baratos “made in China”. Al mismo tiempo sin embargo en Estados Unidos y en Europa aumentó el desempleo, los salarios obreros disminuyeron y, cómo no, el Estado Benefactor se fue volviendo insostenible.

El mundo en desarrollo (incluida Colombia) también se inundó de productos baratos, y también por eso bajó la inflación. Pero igual sufrieron los países en proceso de industrialización (la mala hora de México) y en cambio los productores de recursos naturales (incluida Colombia) empezamos a vivir una bonanza apenas comparable a la de fines del siglo XIX (por eso vamos derecho al modelo ensayado y fracasado de vivir de exportar los recursos naturales, no esta vez a Inglaterra sino a China).

En Estados Unidos y en Europa, parte de aquel movimiento sísmico fue amortiguado por tres colchones. Primero, los servicios (finanzas, publicidad, seguros…) de las multinacionales no migraron sino que siguieron prosperando en Occidente. Segundo, la revolución del Internet mantuvo y aumentó la productividad de todo mundo. Tercero, sin riesgo de inflación –con China vendiendo barato– los bancos regalaban el crédito y Occidente pudo disfrutar de veinte años seguidos de prosperidad.

Pero la procesión venía por dentro. Mientras los inversionistas y los trabajadores más educados en Europa y Estados Unidos se enriquecían junto con los chinos, la gente del común, la clase media-baja de los países del Norte seguía en su bajada. Y para evitar – o en realidad, apenas para posponer el golpe– estos países hicieron dos cosas: aumentar el gasto público mucho más que los impuestos, hasta llevar la deuda a sus niveles astronómicos; y abaratar los préstamos de consumo hasta llegar a tasas de interés irrisorias. En 2009, la deuda de los norteamericanos llegó a valer 3,65 veces más que su producto interno bruto.

La pita reventó por este lado. En Estados Unidos, el crédito barato produjo una burbuja en la vivienda, que estalló con estruendo hace tres años. La pirámide montada sobre hipotecas chimbas se cayó encima del sector financiero, los bancos se cerraron, y casi que volvemos a la Gran Depresión del 29. De esta catástrofe anunciada nos ha salvado Obama con ayuda de su banquero Bernanke y con sus multi-billonarios esfuerzos de rescate por las vías del gasto estatal y la emisión de moneda a dos manos.

Hasta que la otra pita comenzó a reventarse –y es esto lo que está pasando ahora. La deuda pública en Grecia, Irlanda, Portugal, Italia, España, se vuelve insostenible; en Estados Unidos esa deuda prácticamente se duplicó en 5 años. Las bolsas por su parte oscilan bruscamente entre la apuesta de que los gobiernos seguirán sus salvamentos billonarios, y el temor de que esos mismos gobiernos dejen de ser solventes. Un día Europa interviene para rescatar a Grecia y al otro día los bonos del Tesoro pierden grado de inversión, un día se dice que China está frenando y al otro día se anuncia que el crédito será gratis hasta 2013. Presos de la carrera entre el miedo y la avaricia, los mercados financieros pasan de la certeza de que un gobierno no dejará jamás hundir la economía a la certeza opuesta de que se va a quebrar precisamente por tratar de salvar la economía.

Y debajo de los ires y venires de las bolsas, China tiene debilidades grandes (desigualdad creciente, grave daño ambiental, corrupción rampante, y dictadura del partido único). Estados Unidos está partido en dos, y de pronto no se mueve. Europa está partida en otras dos, y de pronto se fractura.

De manera que las luchas sociales se están intensificando en los países del Norte (indignados en España, disturbios en Londres, polarización casi religiosa en Estados Unidos…) y seguirán creciendo para ver quien se evita y quien paga los costos del ajuste.

Pero vendrá una nueva revolución tecnológica, y el capitalismo –si es que se valen las lecciones de la historia– seguirá rebotando de picos en caídas, como lo viene haciendo desde el siglo XVI.

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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