Educación, el pecado original - Razón Pública
Hernando Gomez Buendia

Educación, el pecado original

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Hernando Gómez BuendíaEl gobierno ha anunciado su programa educativo, que tiene cosas buenas pero no toca el fondo: una escuela de buena calidad para las mayorías.

Hernando Gómez Buendía *

Una revolución no muy notable

En buena hora el presidente Juan Manuel Santos anunció esta semana su programa educativo. Tras elogiar la "revolución" que, según él, se produjo durante los ocho años del gobierno anterior, el presidente enumeró varias acciones y algunas metas precisas de expansión y mejora en el pre-escolar, en el ciclo básico, en la educación técnica, en la post-secundaria y en materia de ciencia y tecnología[1].

La "revolución" que aplaudía Santos fue el aumento sostenido de la cobertura en la educación básica. Y en efecto, las tasas de matrícula en primaria y en media han venido creciendo – no ya durante los últimos ocho sino durante los últimos treinta años- y hoy por hoy nueve de cada diez niños colombianos asisten a una escuela.

Es un logro por supuesto muy laudable, pero no revolucionario y ni siquiera excepcional: con la transición demográfica que disminuye el número relativo de personas en edad escolar, con la urbanización continuada, con el aumento del ingreso per cápita y con el crecimiento del gasto público social que desde los años noventa han registrado los  países de América Latina, la educación básica se ha vuelto universal -o casi universal- en muchas sociedades.

La falta de calidad

Pero la calidad de la educación básica de Colombia es deplorable. Tanto en las pruebas del Estudio Internacional de Tendencias en Matemáticas y Ciencias (TIMMS por su sigla en inglés) como en las del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA por su sigla en inglés) -las dos mediciones internacionales más rigurosas del saber adquirido por los estudiantes- Colombia, desde los años 80, ha venido ocupando los últimos lugares. Para citar apenas dos resultado de la comparación más reciente (TIMMS, 2007):

  • En matemáticas, "el promedio global de los estudiantes colombianos de cuarto grado fue 355 puntos, el cual está muy por debajo de Hong Kong (607), Singapur (599), Taipéi (576) y Japón (568). En ese grado nuestro país superó solamente a Marruecos (341), El Salvador (330), Túnez (327), Kuwait (316), Qatar (296) y Yemen (224). Situación similar se observa en octavo, en donde el promedio global de Colombia fue 380, mientras que los de Taipéi, Corea y Singapur fueron, respectivamente, 598, 597 y 593. En ambos grados nuestro promedio fue significativamente inferior al promedio TIMSS. Naciones con nivel socioeconómico y de desarrollo humano similares a los de Colombia (Argelia, Irán, Ucrania y Turquía) lograron promedios significativamente más altos que los de nuestro país, aunque inferiores al promedio TIMSS".
  • En el área de ciencias, "el promedio de Colombia en cuarto grado fue de 400, frente a 587 de Singapur, el país con mejor resultado, 557 de Taipéi y 554 de Hong Kong. En octavo éste fue de 417, mientras que Singapur obtuvo un promedio de 567 y Taipéi 561. En ese último grado Colombia tuvo resultados similares a los de Kuwait (418) y Líbano (414) y superó a El Salvador (387). Ucrania, que tiene un nivel de desarrollo económico similar al colombiano, obtuvo promedios superiores a los de nuestro país en ambos grados (474 en cuarto y 485 en octavo)"   
  • La enorme desigualdad

    Y las desigualdades en cuanto al logro educativo son simplemente abismales. Para no cansar con las siempre dudosas estadísticas[2], diré tan sólo que en Colombia

    • Un niño nacido en un hogar muy rico (o cuyo ingreso supera al del 90 por ciento de la población) tiene 23 veces más chance de graduarse de la universidad que el niño nacido en el hogar muy pobre (ingreso inferior al del 90 por ciento de las familias).
    • Una niña nacida en el Chocó tiene casi el 60 por ciento menos probabilidad de acabar su bachillerato que otra niña nacida en Bogotá.
    • Y en las pruebas SABER 5 y 9 que administra el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (ICFES) el rendimiento en matemáticas o en lenguaje es hasta dos y media veces más alto entre los alumnos de ciertas regiones o tipos de colegios y los de otras zonas o clases de establecimientos.

    El doble desafío

    El presidente Santos reconoce la falta de calidad del sistema educativo, y tanto así que "Por eso haremos de  la calidad nuestro mantra de esta (sic) política educativa. Nos sentaremos todos los días y repetiremos: CALIDAD, CALIDAD, CALIDAD" (mayúsculas en el original).   

    También -y aunque no fuera sino indirectamente- el presidente admite la falta de equidad del sistema educativo: "para mi gobierno, la educación es la herramienta más poderosa, más poderosa, para generar equidad. Ha sido, es y será siempre, la manera más efectiva de crear igualdad de oportunidades"[3].  

    Uno, en justicia, tendría que añadir que mejorar la calidad o corregir la inequidad del sistema educativo son empeños bastante más difíciles que aumentar la cobertura. Para decirlo brevemente,

  • La calidad depende de cambios en la cultura. O en el plano más "micro", la calidad depende de intervenciones delicadas y costosas en cada uno de los "insumos" que inciden sobre la formación del educando (un maestro profesional, una jornada completa e intensa, materiales didácticos avanzados, una escuela creativa,  unos padres que valoren y vivan el saber…).   
  • La equidad consiste en recortar las diferencias. Pero una vez que la asistencia a la escuela se ha vuelto universal, las diferencias en efecto dependen de la calidad de las escuelas. Por eso, para aumentar hoy la equidad en Colombia sería necesario mejorar la calidad de la educación que reciben los pobres.  
  • De manera que no son dos los grandes desafíos. Es un solo: educación de calidad para la mayoría.

    El programa

    Aunque el presidente habló con entusiasmo, sus anuncios concretos no aseguran que en estos cuatro años haya grandes avances en "calidad, calidad, calidad". Mencionó sí algunos programas ambiciosos y más o menos novedosos,  en particular: 

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