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El paro nacional, o la batalla del relato

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Los jóvenes que han salido a marchar, lo mejor que tiene Colombia y a los que este gobierno no tiene nada que ofrecerles.

Hernando Gomez BuendiaUn intento razonado de contestar las preguntas del millón: ¿qué hay debajo del paro y a dónde irá a parar esto?

Hernando Gómez Buendía*

Mal comienzo

El primer acto de Duque fue también su error fatal.

Un mes después de posesionarse se presentó el reclamo de los rectores de universidades oficiales que no tenían presupuesto para acabar el año, y el 10 de octubre de 2018 los estudiantes salieron a la calle para exigir, no apenas esa suma, sino el acumulado de un déficit que viene por lo menos desde 1992: la bobería de 18 billones de pesos, el 7 por ciento del presupuesto nacional o dos y media veces el recaudo esperado de la reforma tributaria que se estaba tramitando (7,1 billones).

El 26 de octubre Duque y los rectores llegan a un acuerdo por 1,2 billones para sus cuatro años de gobierno. El primer error, elemental, de Duque, fue no invitar los estudiantes a esta reunión. Los estudiantes, ofendidos, mantuvieron sus marchas, paralizaron el tráfico, y el 14 de diciembre lograron lo que nunca habían logrado en la historia de Colombia: un acuerdo firmado con el presidente por 4,5 billones de presupuesto adicional para las universidades.

Es la vieja estrategia de prometer para desmovilizar, posponer los problemas

El presidente había negociado con el que no era, había mostrado su debilidad, y había entregado todo el margen disponible para un solo sector, un tramo apenas del sistema educativo, una isla en el mar de las necesidades más urgentes y donde el gasto del Estado tiene más razón de ser. Los estudiantes, por su parte, se sintieron ganadores, y desde entonces vienen coadministrando las universidades porque la plata es de ellos: otro golpe, muy duro, contra el futuro y calidad de la educación superior.

Dos meses después se produjo la minga del Cauca, con reclamos más legítimos como el derecho a la vida del pueblo nasa. El presidente vacila y acaba por hacer lo que siempre se ha hecho: enviar una delegación que el 6 de abril de este año firma otro extenso acuerdo que no se van a cumplir si no es a cuentagotas. Es la vieja estrategia de prometer para desmovilizar, posponer los problemas… y esperar al próximo bloqueo de la Panamericana.

La tormenta

Pero además de no conocer el oficio —ni el país—, Duque cree de veras en que bajar los salarios o los impuestos a las empresas aumenta el empleo, en que el sector privado debe manejar las pensiones, en que Colombia necesita fracking, en fin, en la teoría económica de la derecha, en la que creen los gremios que lo rodean, en la que cree su ministro Carrasquilla.

El presidente dice que esas reformas no se han presentado ni se han anunciado, pero la gente no es boba y todos entendimos que “el paquetazo” se estaba cocinando. Con esto Duque logró lo que ningún presidente había logrado desde López Michelsen en 1977: que se unieran los movimientos sociales en la defensa común de sus derechos. Esta es la gran novedad y el dolor de cabeza mayúsculo que ahora tiene el gobierno.

Los estallidos sociales son como el aire que se va saturando hasta la gota que desata la tormenta. Por eso, aunque sabemos cómo comenzó, nadie puede saber hasta dónde llegará el movimiento del 21N. Los actores se ven atropellados por los acontecimientos, el equilibrio es inestable, y la psicología va dictando las acciones que a su vez determinan las reacciones.

Cortesía Jonathan Santos. Los jóvenes que han salido a marchar, lo mejor que tiene Colombia y a los que este gobierno no tiene nada que ofrecerles.

Foto: Cortesía Jonathan Santos.
Los jóvenes que han salido a marchar, lo mejor que tiene Colombia y a los que este gobierno no tiene nada que ofrecerles.

El conflicto puede escalarse o puede resolverse según sean los cálculos de fuerza y las condiciones que cada quién perciba como suficientes para dejar la protesta, o encerrarse en su casa, o salir a saquear, o declarar el paro indefinido, o ceder en este o aquel punto de un pliego de reclamos que es amplio y es difuso.

Ese pulso de psicologías no es una pelea por la realidad. Es una pelea por el relato. Todos los relatos tienen una base en la realidad, pero solo uno de ellos prevalece. ¿Cuál será el que prevalezca?

El relato de Duque

  1. El presidente invita a una “gran conversación” con todos los sectores, no apenas con el comité del paro. Esto lo muestra abierto al diálogo y le ayuda a desviar la presión hacia otros actores, en especial hacia los empresarios. El Procurador, el Defensor y los obispos meten la cucharada, y Duque escoge a personalidades respetables para que sirvan de puente con cada interlocutor.

El problema con esto es que de las “conversaciones nacionales” nunca ha salido nada ni puede salir nada. Pero si Duque logra imponer este relato, podría salir una declaración patriótica y babosa de “unidad nacional” y que la gente regrese, al menos por un tiempo, a la vida normal.

Si Duque logra imponer este relato, podría salir una declaración patriótica y babosa de “unidad nacional”
  1. El presidente congela los proyectos de reforma laboral y pensional que según él no existieron, y acuerda con los congresistas cuatro alivios en la reforma tributaria (tres días sin IVA, devolución del impuesto a los muy pobres, menor cotización de salud para los pensionados, descuento a las empresas por contratar trabajadores jóvenes).

El problema con esto es que Duque volvió a negociar con los que no eran (los congresistas, no los del paro), volvió a entregar por anticipado todo el margen que tenía…y el comité del paro ni siquiera se dio por enterado.

  1. El presidente y sus aliados dicen que el paro es un complot que comenzó el día de su posesión y está orquestado por Petro con el Foro de Sao Paulo.

Esto es verdad en la medida que el oficio de la oposición en todo el mundo es complicarle las cosas al gobierno, pero tiene el pequeño problema de no explicar por qué el paro se produjo ahora y no hace uno, o dos, o diez años, cuando Petro y el Foro de Sao Paulo ya existían y estaban conspirando.

Puede leer: ¿Paro Nacional o dictadura de las minorías?

Los relatos de protesta

La tormenta, como dije, unificó a las organizaciones sociales, pero además movilizó a otras varias capas de descontento que tienen cada una su relato y sus condiciones para volver o no volver a casa. Comienzo por esas otras capas:

  • Está, de fondo, el polvorín de los jóvenes sin trabajo ni escuela en ciertos barrios de Cali o Bogotá, el que asustó con amenazas de saqueo a las familias de los barrios vecinos, el que hace inevitables la mano dura y el endurecimiento de la ciudadanía. Por ahora parece estar quieto, pero este polvorín estallará cualquier día.
  • Están los agitadores de oficio, los de las capuchas y las papas bombas que creen en teorías lunáticas aunque a veces estudien en universidades, los que hacen necesaria la existencia del ESMAD y los que, a veces, los manifestantes tienen el civismo de sacar de la marcha.
  • Están los golpeados por la vida y la injusticia de este país injusto y abusivo, el que fue despedido sin motivo, el taxista que trabaja horas y respira humo, el que protesta porque lo pisaron, porque esta mamado y porque al fin tiene la oportunidad. Es el ruido sordo de las cuentas guardadas e impagables, la rabia con la desigualdad, la enfermedad chilena que con igual o más razón está en Colombia.
  • Están los jóvenes de clase media o media alta, que marchan porque están vivos, porque creen en cosas como el medio ambiente o los derechos de la mujer o los cupos en las universidades o sienten el horror del bombardeo que mató a ocho niños o el que sigue masacrando a los indígenas del Cauca, o saben que para ellos y ellas no habrá empleo, ni pensión, ni mañana. Son lo mejor que tiene Colombia. Pero a ellos este gobierno, ni ningún otro gobierno, tiene nada, nada serio, que decirles.
Cortesía Jonathan Santos. Lo que hay tras el paro del 21N es una batalla por el relato de lo que pasa en nuestro país y hacia dónde debería ir.

Foto: Cortesía Jonathan Santos.
Lo que hay tras el paro del 21N es una batalla por el relato de lo que pasa en nuestro país y hacia dónde debería ir.

Y están las organizaciones que por algún motivo acabaron siendo parte del comité del paro:

  • Los sindicatos, decanos naturales del movimiento social, cuyas demandas por eso son el centro de la agenda y que de hecho han avanzado más en obtenerlas, pero que tienen un problema: representan apenas a cuatro o cinco de cada cien trabajadores colombianos –y no precisamente a los mal pagados-.
  • Los indígenas, cuya marcha tiene 500 años porque a ellos les robaron el territorio y la identidad. Los que exigen que se cumpla el acuerdo de paz, cuando ese acuerdo no se cumplió ni metiéndolo a la Constitución. Los que exigen cumplir los acuerdos anteriores con FECODE, con los estudiantes, con Dignidad Agropecuaria…como si los acuerdos que firman los gobiernos fueran para cumplir. Los que exigen las leyes anticorrupción que ya se ahogaron y que poco servirían, la abolición de los tratados de libre comercio, la defensa de los páramos, la desaparición del ESMAD y, en fin, los trece puntos del pliego que acordó el comité porque cada una de estas causas tenía su abogado en ese comité de autonombrados.

Lea en Razón Pública: El Paro Nacional: ¿cómo serán las negociaciones?

La pregunta

Detrás de la movilización y la negociación hay la pregunta seria que nadie va a discutir con seriedad: ¿quién representa a quién, para cuáles efectos y con cuáles títulos?

Unos días las cosas amanecen más tranquilas y otros días amanecen más sombrías, así que cualquier cosa todavía puede suceder.
  • El presidente dice que fue elegido por el pueblo y lo que hace es gobernar, pero los manifestantes dicen que no lo representa o que ese mismo pueblo no quiere lo que él hace.
  • Los políticos elegidos por el pueblo no lo representan, porque el Congreso es quien aprueba las reformas o las leyes que explican las protestas.
  • Los líderes, los que creíamos y los que aspiran a ser líderes desaparecen en esta hora de veras decisiva: Petro azuza, Uribe azuza (sin su twitter), los demás se callan, y cada uno busca un acomodo para sacar provecho de la situación.
  • Los indígenas se representan a sí mismos, las centrales obreras a los sindicalizados, los otros miembros del comité representan sus respectivos sueños…y los demás somos las almas sueltas, confundidas, resentidas o alegres que marchamos supongo, o creo, o quiero creer que en busca de un país donde quepamos todos, no nada más los que con todo se quedan.

Los desenlaces

Esos relatos mutuamente excluyentes y esas representaciones incompletas o precarias son cabalmente la causa de la incertidumbre, el equilibrio inestable y el peligro de expresiones más traumáticas o de peores frustraciones.

Facebook Iván Duque Duque nuevamente empezó negociando con los que no era. ¿Logrará imponer su relato sobre el paro?

Foto: Facebook Iván Duque
Duque nuevamente empezó negociando con los que no era. ¿Logrará imponer su relato sobre el paro?

Unos días las cosas amanecen más tranquilas y otros días amanecen más sombrías, así que cualquier cosa todavía puede suceder. Pero si Colombia sigue siendo Colombia (de lo cual tampoco estoy seguro), diría yo que el futuro es como sigue:

  • Reuniones, levantadas de la mesa, discursos, tercerías, marchas con algunos incidentes (sin descartar heridos o tal vez algunos muertos), más reuniones y nuevas levantadas de la mesa (Ojalá que a Duque o a los gremios que están detrás de él no les dé por sacar el ejercito a la calle).
  • Pausa forzada por navidad y vacaciones, que beneficia más al gobierno porque del otro lado habría que volver a calentar motores.
  • Nuevas marchas con menos concurrencia, discursos, tercerías, gestos o actos iniciales de acercamiento.
  • Renuncia del ministro Carrasquilla (y designación de otro derechista, pero más disimulado).
  • Comisiones de negociación y firma solemne de un acuerdo con tal vez trece puntos que se parezcan en el titulo a los puntos actuales pero pasados por agua y susceptibles de interpretaciones.
  • Levantamiento del paro.
  • Incumplimiento o cumplimento a cuentagotas de algunos de los puntos.
  • El descontento, el malestar y la bomba social siguen debajo, esperando.

*Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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