Rescatando la memoria de Galán - Razón Pública
gabriel rosas vega

Rescatando la memoria de Galán

Compartir:

gabriel rosas vegaA veinte años de una muerte prematura, el compañero de sueños y de luchas de Luis Carlos Galán hace el repaso de sus tesis sobre la economía colombiana.

Gabriel Rosas Vega*

Colombia por encima de todo

Como bien lo anotan conspicuos observadores del quehacer nacional, cuando se preveía que la conmemoración de los veinte años del vil asesinato de Luis Carlos Galán serviría para hacer unas cuantas reflexiones sobre su pensamiento y su legado, lo que se dio fue una serie de debates en medio de agudas polémicas y recriminaciones que opacaron los homenajes que se organizaron en su honor.  

Cuánto hubiéramos deseado, quienes de verdad guardamos vivo su recuerdo, que las cuentas y las acusaciones se hubieran hecho en días diferentes, aunque para disculpar la cuestión se diga que la lucha contra la corrupción habría tenido su total apoyo y que, además, siempre promovió el debate. Eso puede ser cierto, pero de cualquier manera   hubiera sido mejor y, sobre todo, más constructivo para aliviar los pesares de una sociedad repleta de sinsabores, presentar las ideas de un ser humano que puso a Colombia por encima de todo.

Pero nunca es tarde para ese homenaje. Sin pretender convertirme en intérprete único del pensamiento del líder en mala hora desaparecido, pero eso sí, con el antecedente de haberle ayudado a forjar durante más de diez años varias de las tesis que expuso ante propios y extraños, me auto habilito para escribir sobre su pensamiento económico -una faceta poco conocida de su fecunda vida intelectual-               

El pensamiento económico de Galán

Para Luis Carlos Galán la definición de un modelo de desarrollo se encontraba íntimamente asociada con la cabal interpretación del escenario político y social que presentaba la Colombia de su tiempo. Sus prioridades eran el combate contra la pobreza y una estrategia de empleo productivo para todos. Así mismo juzgaba necesario tomar en cuenta las implicaciones de las políticas de ajuste y reestructuración que permanentemente debe adoptar el país por cuenta de los problemas de la deuda, los desequilibrios del aparato productivo, el cíclico deterioro de las finanzas públicas y las fluctuaciones del sector externo.

De allí que el ideario de Galán se extendiera sobre una gama de materias que incluyen, entre otras, la redistribución del ingreso, la política social, las estrategias de empleo, el papel económico del Estado, el sector externo, los problemas fiscales, la política monetaria y la inflación. Un ideario claro, coherente y cuya vigencia en lo esencial se mantiene hasta hoy en día, como trato de mostrar en este breve escrito.       

Democracia económica y empleo

Galán sostenía que la medida fundamental del éxito de un gobierno "en las actuales condiciones del país" no era el índice de crecimiento económico, sino el grado de  solidaridad y coordinación que logre entre los distintos grupos sociales separados por desequilibrios profundos en las oportunidades, en el nivel de ingreso y en el propio derecho a la vida. Si bien es cierto que una organización social más avanzada sólo es posible si se establecen sus necesarias bases económicas, también es cierto que la economía no puede crecer si no se garantizan los derechos sociales básicos a todos los colombianos como la nutrición, la educación, el empleo, la vivienda y la salud.

Para él, aun cuando parezca extraño a los ojos de los refinados técnicos de la economía, antes de mejorar la calidad de la vida para algunos (lo cual, desde luego es legítimo y necesario) era preciso estar seguro de haber garantizado el derecho a la vida a todos los colombianos. Esto significaba, en su opinión, políticas redistributivas del ingreso con políticas de crecimiento económico.

Pensando siempre en el inmenso valor que la democracia representa para Colombia, Galán asumió el compromiso de luchar contra los monopolios y los oligopolios, la concentración de la riqueza y los abusos de los grandes grupos financieros. En su manera de entender el mundo, una democracia orgánica no es posible sin democracia económica.

En uno de los primeros mensajes que transmitió a los colombianos, en su carácter ya de director del naciente Nuevo Liberalismo, sostenía con especial énfasis que "el primer paso de la democracia económica debe ser la lucha por el empleo y contra el subempleo que afecta a los grandes centros urbanos y a varios sectores rurales".

El costo de la crisis económica, señalaba, no puede recargarse exclusivamente sobre los trabajadores, pues corresponde a una mentalidad reaccionaria aprovechar la crisis para cerrar empresas en dificultades, declarar quiebras todos los días e impedir cualquier  reivindicación de los trabajadores.

El papel del Estado

Para lograr la democracia económica y el pleno empleo se necesita la activa intervención del Estado -lo cual no siempre implica convertirlo en propietario- Sus facultades de dirección de la economía son indelegables, pero han sido ejercidas en Colombia con múltiples interferencias de los intereses privados. Estos poderes de dirección deben ser reorientados hacia la democracia económica merced a un  proceso político consciente y permanente.

En realidad, en sentir de Galán, los instrumentos de intervención no son buenos ni malos por sí mismos, pues su validez depende del tipo de ideales que los muevan. La pregunta clave que debemos hacer los colombianos es: ¿cómo se están usando estos poderes, para qué y a favor de quién? Su reclamo era que no debíamos perder de vista que una cosa es el poder nominal de la ley y otra el poder real de la burocracia. En los actuales momentos, decía, uno de los problemas básicos de la política colombiana es salvar la intervención del Estado del descrédito que le han causado las corruptelas de la política, el tráfico clientelista, la manipulación de los grandes intereses financieros y las presiones de algunas empresas transnacionales que buscan controlar los recursos naturales del país.

Comercio exterior

La prioridad en este campo era el impulso a las exportaciones para aumentar el ingreso de divisas y adecuar el aparato productivo a los imperativos de un proceso más claro de competencia. Esta estrategia no debía dirigirse sólo a los mercados de los países industriales, sino a aumentar el comercio con los países en desarrollo.

Sin llegar a la apertura total y evitando el proteccionismo a ultranza, debe aplicarse un control selectivo de las importaciones, pues todavía existe un espacio considerable de sustitución que permitiría mejorar el sector externo. La industria nacional debe ser protegida, pero no en forma indefinida ni incondicional.  En todo caso, esa protección que afecta a los consumidores debe ser correspondida por los empresarios con esfuerzos concretos en generación de empleo y de divisas.

Políticas monetaria y fiscal

En materia monetaria, la posición de Luis Carlos Galán se resume como sigue: "La política monetaria -como instrumento de política económica- tiene como principales objetivos la estabilidad de los precios, la provisión adecuada de fondos líquidos a las actividades productivas, la regularización de los recursos disponibles y la indispensable coordinación con la política cambiaria y fiscal. No es lo deseable la financiación monetaria del gasto pública; sin embargo, en la medida en que no se sacrifique el crédito al sector privado, ni se excedan los flujos de un presupuesto congruente con el crecimiento del producto, en determinadas situaciones y siempre que haya los límites señalados, no veo inconveniente que el gobierno tenga acceso a las fuentes de liquidez".

Desde su punto de vista, si bien es cierto que la ortodoxia aconseja no permitir la financiación monetaria del déficit, tampoco se debe olvidar que el desnivel presupuestal no es un problema de interés exclusivo para la política monetaria y la banca central: el gasto deficitario o el superávit son elementos del gasto o del ahorro nacionales, y, por lo mismo, su repercusión económica, es decir, sobre la corriente del ingreso y la balanza de pagos, resulta tanto o más importante que sus aspectos monetarios.

Galán creía importante mantener bajas las tasas de interés, sin acudir en lo posible a controles administrativos que distorsionan el costo real del ahorro. La disminución de estas tasas depende más de la efectividad de la política macroeconómica en controlar la inflación, de remover obstáculos estructurales del mercado financiero y aún de reformas del sistema monetario internacional. En este último aspecto debe concentrarse el esfuerzo político porque la deuda externa es un factor definitivo para abrirle camino a la reorganización del sistema financiero.

Por lo que hace a la política fiscal, su punto de vista era que no podía ser definida a partir de criterios unilaterales; necesariamente debe conciliar criterios de productividad del trabajo con imperativos de aumentos en la demanda agregada en función de niveles de ingresos compatibles con una mejor calidad de vida. Es indispensable buscar el aumento del salario real para los trabajadores de menores ingresos.

Con el objetivo -siempre presente- de equilibrar las finanzas públicas, el gasto del Estado   debe orientarse con criterios claros de eficiencia económica y social. El déficit tiene hoy carácter estructural, por lo tanto, para ponerle fin será preciso combinar medidas que remedien la defectuosa estructura fiscal con disposiciones de corto plazo que atenúen los problemas coyunturales.

En el amplio escenario de las finanzas públicas, el telón de fondo deberá ser una gran disciplina fiscal que atienda simultáneamente al buen recaudo de los ingresos, la racional distribución y uso de los recursos, el cuidadoso manejo del crédito público interno y externo, y la definición y aplicación técnica de las tarifas.

Administración y descentralización

Para todos estos efectos Galán proponía una amplia reforma de la administración pública  en sus diferentes niveles que mejore la gestión, coordine con eficacia las funciones de cada uno y descentralice las decisiones sobre los asuntos públicos.

A propósito de este asunto, debo recordar a todos que Luis Carlos Galán fue el artífice de la descentralización fiscal en Colombia. Gracias a su gestión, que tuve el privilegio de compartir -pues juntos redactamos la Ley 12 de 1986-, el Congreso dio un paso clave al otorgar a los municipios la base financiera adecuada para el desarrollo eficiente de sus tareas.  En la exposición de motivos con la cual Víctor Renán Barco volvió a presentar la iniciativa original, dentro de la mayor honestidad intelectual, el senador reconoció la autoría que he reseñado.

Muchos y muy variados son los temas que en materia económica trató el líder sacrificado. Empero el espacio disponible conspira contra el deseo de abundar en reflexiones, citas y comentarios. En todo caso, cuando estos párrafos se lean, no se puede pasar por alto que fueron fraguados veinticinco años atrás y la realidad económica era un tanto diferente a la actual.

 

* Cofundador del Nuevo Liberalismo, ex ministro de Agricultura, profesor universitario, columnista y autor de numerosos libros y artículos académicos. 

 

Acerca del autor

Gabriel Rosas
gabrielrosas@razonpublica.org.co | + posts

0 comentarios

Gabriel Rosas

Escrito por:

Gabriel Rosas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

últimos artículos

Economía y Sociedad

La Carrera Séptima: ¿una tragedia anunciada?

Con la Superintendencia de Educación ¿desaparecería el Ministerio?
Economía y Sociedad

¿Desaparecerá el Ministerio de Educación Nacional?

Economía y Sociedad

Telemedellín: ¿ignorancia o cinismo por parte del alcalde?

El COVID por departamentos
Economía y Sociedad

Un análisis de la COVID-19 por departamentos

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.

Click to listen highlighted text!