¿Por qué Petro y por qué Fico? | Gustavo Petro y Federico Gutiérrez
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¿Por qué Petro y por qué Fico?

Escrito por Hernando Gómez Buendía
Gustavo Petro y Federico Gutiérrez

Todo indica que otra vez los votantes colombianos escogerán entre dos emociones

Hernando Gómez Buendía*

Las elecciones parecen ser sobre los candidatos, pero en realidad son sobre nosotros mismos.

Los candidatos por supuesto compiten para lograr el mayor número de votos. Por eso asisten a toda clase de eventos, contestan las preguntas más insólitas, opinan sobre casi todas las noticias, participan en debates, descalifican o calumnian a sus oponentes, hacen o no hacen alianzas según los votos que añadan o que quiten, contratan publicistas y asesores que tratan de seducir masivamente a los votantes.

Esas acciones de campaña tienen sin duda un gran peso sobre el resultado de las elecciones. Pero no son el factor decisivo: el voto depende de las emociones y valores profundos sobre los cuales se asienta la identidad de cada uno de nosotros. No votamos por razones abstractas; votamos por el candidato que se parece más a uno mismo.

Eso no quiere decir que el candidato satisfaga todas mis aspiraciones, sino que las satisface más que sus competidores; el elegido no tiene que ser muy bueno, sino apenas menos malo que sus competidores.

Ahora bien. El sistema electoral colombiano es una sucesión de filtros para ir escogiendo entre los candidatos que un mayor número de votantes considera menos malos. A falta de organizaciones ciudadanas tuvimos una feria de vanidades, seguidas por tres “consultas” para reemplazar a los partidos: el resultado son los candidatos de cada uno de los tres “partidos” (Petro, Fajardo y Duque), más otros cinco que apelan o tratan de apelar a emociones o nichos específicos del electorado (Hernández, Betancur, Gómez, Pérez y Rodríguez). De la primera vuelta entre estos ocho aspirantes saldrían cuando más dos, que a su vez se enfrentarían en la segunda vuelta. Es la curiosa democracia colombiana.

Pero detrás de tantas peripecias y tantos gastos y tanta confusión, estaba y sigue estando el hecho simple de que estas elecciones son un enfrentamiento entre la rabia, el descontento o la esperanza que encarna Gustavo Petro, y el miedo a Petro que Federico Gutiérrez encarna con más claridad. El centro -que es el llamado a no votar por miedo ni por rabia- tenía poco espacio, y hoy además está pagando el costo de que la consulta hubiera demostrado esa falta de espacio.

De aquí las estrategias de las distintas campañas. La de “Fico” es muy simple: asustar a la gente con lo que él dice que hará Petro. La de Petro consiste en no asustar (“no habrá expropiaciones”), y al mismo tiempo hacer promesas seductoras cuyo común denominador sería agigantar el gasto público. La de Fajardo es más difícil: no se dejen llevar por la emoción. Las de los otros cinco candidatos es tratar de figurar para ganar el espacio que perdieron por no ir a las consultas.

En resumen: un proceso alargado de escogencia entre la rebeldía y el miedo, o entre una emoción que acabaría en un salto al vacío y otra emoción que acabaría repitiendo el lánguido gobierno de Iván Duque.

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