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Mockus: ¿Y ahora qué?

Escrito por Hernando Gómez Buendía

hernando gomez buendiaEl próximo gobierno necesita oposición y el perdedor en la segunda vuelta debe encabezarla.

Hernando Gomez Buendía *

Se la llama "aversión a la pérdida", y es uno de los hallazgos más notables de la psicología experimental: perder un millón de pesos duele más de lo que alegra ganarse esa misma suma. Esta falta de simetría entre pérdidas y ganancias da lugar a muchas decisiones irracionales del jugador de póker, el inversionista o el soldado en combate, como han probado numerosas investigaciones[1].
Mockus y sus votantes están sufriendo el síndrome de aversión a la pérdida: en vez de celebrar el triunfo espectacular del Partido Verde, lamentan su derrota abrumadora respecto de… las encuestas. Y esto es irracional: ¿O cómo creer que en cosa de dos semanas los colombianos habían cambiado tanto que votarían por un lejano "bien común" y no ya por sus miedos o por sus intereses inmediatos? ¿Cómo creer que un candidato cívico podía derrotar a Uribe, al uribismo y a todas las maquinarias legales e ilegales combinadas? Sin duda, Mockus podría haber tenido más votos en la primera vuelta y ciertamente aumentará sus votos en la segunda. Pero el candidato cívico no ha tenido ni tiene los votos suficientes para ser presidente de Colombia.

Por un voto o por millones de votos, el resultado en la segunda vuelta será el mismo. ¿Y para qué entonces la segunda vuelta? Muy sencillo: la segunda vuelta se inventó para que el gobierno tenga el apoyo de la mayoría, pero también se inventó para que las minorías puedan agruparse en torno al candidato de oposición.

Las minorías en primera vuelta votamos por, pero en segunda vuelta votamos contra: si a Usted no le gusta Santos, si tiene alguna duda sobre él, o si le gusta pero cree que un gobierno suyo necesita contrapeso, lo racional sería votar por Mockus. Y, por supuesto, quienes creemos que Mockus es mejor tenemos el deber de ir a las urnas y de ayudar a una movilización ciudadana que ojalá contrapese la previsible pereza de las maquinarias para gastar recursos y energías en llevar unos votos que para Santos ya no son urgentes.

Un periodismo responsable tendría que enfocar ahora sus baterías sobre la persona que nos va a gobernar durante los próximos cuatro u ocho años, para examinar a fondo su trayectoria, sus asociaciones, sus méritos y sus sombras, la seriedad y la viabilidad de sus ofertas electorales. En vez de los cargos y los rumores que en su momento hicieron circular sobre Mockus, los medios deberían aclarar lo que hizo y no hizo Santos en El Tiempo y en los debates con sus adversarios, sobre lo que hizo y no hizo Santos en la calle y en relación con Samper, con Chávez, con los grupos armados o con las listas de la U, sobre lo que hizo y no hizo como ministro de Gaviria, de Pastrana y de Uribe, y sobre lo que dice y no dice su programa de gobierno. 

Y la campaña Mockus debería extenderse a todos quienes crean que no todo vale y que para la seguridad o la equidad se necesita la legalidad: Mockus tiene el desafío de unificar la oposición y de hacer su campaña desde la oposición al uribismo y a quien lo encarnará desde el 7 de Agosto.

El Partido Conservador y casi todo los congresistas liberales se fueron con Santos. Y es natural, porque ellos necesitan puestos para sobrevivir. Cambio Radical hará lo mismo y por la misma razón. Quedan los verdes, queda el Polo (mejor dicho, los votantes del Polo, dada la infortunada decisión de Mockus), los demás partidos y candidatos minoritarios, los independientes y sobre todo quedan el voto joven y el voto de opinión; ellos suman alrededor del 35% del electorado y no son suficientes para gobernar pero sí para ejercer una oposición que Colombia necesita y necesitará como el oxígeno.

Una oposición desde donde sea posible ejercer la oposición. No desde las maquinarias, que ya se unificaron bajo el mote del "gobierno de unidad nacional" que ofrece Santos, sino desde la "cultura ciudadana" y la movilización organizada de la ciudadanía -donde Mockus sin duda es un maestro-; desde los movimientos sociales y populares -donde el Polo tiene tanto qué aportar y qué crecer-; desde las universidades, la intelligentzia y los medios -donde puede primar el sentido de lo público-; desde el Congreso, claro está -los ocho senadores del Polo, los cinco verdes-; desde los gobiernos y elecciones locales -que tendrán lugar en unos pocos meses-; y desde la construcción en serio del Partido Verde, donde Fajardo, Garzón y Peñalosa tienen tanto que sumar.

Oposición desarmada y no sectaria por supuesto. Dispuesta a esperar las decisiones del próximo gobierno y a acompañar con entusiasmo sus aciertos, pero lista a exigir que cumpla sus promesas (dos y medio millones de empleos, más gastos sin impuestos…). Oposición consciente en todo caso de que la Colombia de Uribe y de Santos no es la misma Colombia que todos anhelamos.   

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

Notas de pie de página


[1] El concepto ("loss aversion") fue acuñado por Daniel Kaheman -Nobel de Economía- y Amos Tversky en 1979: "Prospect Theory: An Analysis of Decision under Risk", Econometrica 47: 263-91, y ha sido desarrollado y debatido in extenso en dos libros editados por estos mismos autores: (2002) Judgment under Uncertainty: Heuristics and Biases, Cambridge University Press, y (2002) Choice, Values, and Frames, Cambridge University Press. Neurofisiólogos como Antonio Damasio y economistas como Richard Thaler y Shlomo Benartzi han encontrado las bases biológicas y comprobado la incidencia del síndrome en el manejo de portafolios de inversión o en las salas de emergencia hospitalaria.

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