La tragedia del vecino | Fundación Razón Pública 2023
Foto: Flickr: Asamblea Nacional de Ecuador

La tragedia del vecino

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Un regalo envenenado de Colombia al Ecuador…y de Ecuador a Colombia.

Hernando Gómez Buendía*

El asesinato de Fernando Villavicencio se estaba gestando desde hace mucho tiempo, pero su muerte no cambiará la historia de Ecuador.

Lo asesinaron porque podía llegar a la segunda vuelta de unas raras elecciones, que a su vez son el fruto de la larga cadena de sucesos que llevaron al país a la fragmentación política, la ingobernabilidad institucionalizada, la crisis económica, la movilización indígena y la oleada de violencia.

Recordemos que entre 1997 y 1998 ese país había tenido cinco presidentes, y que tanto Mahuad (1998-2000) como Gutiérrez (2003-2005) habían sido destituidos en medio de protestas. Vino luego el “fenómeno Correa” (2007-2017) cuando, gracias al boom petrolero, la pobreza disminuyó de 37% a 22% y la desigualdad (Gini) se redujo de 0,55 a 0,47.  Fueron los años de la Revolución Ciudadana o socialismo del siglo XXI, de la Constitución de 2008, del caudillismo y el autoritarismo que todavía hoy polarizan a los ecuatorianos.

Y cuando digo que el magnicidio no cambiará la historia, quiero decir que infortunadamente las elecciones que vienen no podrán cambiar nada.

Siguió el gobierno de Moreno (2017-2021), heredero convertido en enemigo de Correa que intentó cuadrar las cuentas, se estrelló con los indígenas y acabó por no hacer nada. La consecuencia fue elegir al derechista Lasso, cuyo partido tiene apenas 12 de 137 congresistas, que iba a ser sometido a juicio por corrupto y que entonces convocó las extrañas elecciones que se acercan.

Y cuando digo que el magnicidio no cambiará la historia, quiero decir que infortunadamente las elecciones que vienen no podrán cambiar nada. En las encuestas puntea la candidata de Correa (30% de intención de voto), el segundo lugar se lo disputan la “ficha” de Moreno, el indígena y el ahora asesinado, seguidos a distancia por otros cuatro fulanos. El punto que interesa es la fragmentación del sistema político que —salvo bajo Correa—ha hecho y hará imposible gobernar al Ecuador.

Lea en Razón Pública: El gigante maniatado

La ingobernabilidad tiene el aval de la Constitución, porque el Congreso puede destituir al presidente por violación de las leyes o “incumplimiento de sus funciones” —es decir, cuando le dé la gana—. Y el presidente a su vez puede disolver la Asamblea apelando a una figura que no tiene ningún otro país; es la “muerte cruzada” que usó Lasso y de paso permitió el lanzamiento del ahora asesinado.

Esa ingobernabilidad seguirá atando las manos de quien resulte elegido o elegida en agosto o en octubre, e impidiendo por eso resolver la crisis económica, social y de violencia que sacuden a Ecuador.

El petróleo representa la mitad de las exportaciones, un tercio del ingreso fiscal y un quinto del ingreso nacional. Por eso la recesión comenzó al terminar la bonanza (2015), se convirtió en depresión con la pandemia, obligó a aumentar la deuda externa, y con Lasso acabó en un apretón, que a su turno aumentó la pobreza (hoy en 32%). Por eso el paro ciudadano de hace un año.

Esa ingobernabilidad seguirá atando las manos de quien resulte elegido o elegida en agosto o en octubre, e impidiendo por eso resolver la crisis económica, social y de violencia que sacuden a Ecuador.

Y nos falta el narcotráfico. Las nuevas tecnologías de interceptación trastocaron las rutas de la droga e hicieron de Ecuador un punto crítico. Albaneses y mexicanos compran droga colombiana para llevarla a Europa y Estados Unidos. Algunos pagos se hacen en especie y los jóvenes se vuelven criminales. En las calles y en las cárceles se desangran las pandillas. La tasa de homicidios se triplica. Siete sicarios colombianos disparan los balazos. El Estado es más débil y las autoridades no menos corruptas que las nuestras…

El programa de Villavicencio consistía en una ley de extinción del dominio y una cruzada contra las cuatro mafias del país (las del narco, los contratos, la minera y la política): por eso lo mataron. Su lema ingenuo, sin embargo, ya anunciaba que la cruzada no podía tener éxito porque no basta un “presidente valiente” para limpiar una sociedad podrida.

Puede leer: Las causas de la inestabilidad en Ecuador

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Hernando Gómez Buendía

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Hernando Gómez Buendía

* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

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