Las elecciones de nadie | Columna especial del día

Las elecciones de nadie

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Desde que mi vida empezó a moverse con mucha más intensidad en el mundo de lo político, la perspectiva con la que veo muchos de los ciclos electorales cambió completamente. Recuerdo que mi primer interés fue por allá en el 2010 en la campaña presidencial de Mockus vs Santos. Me recuerdo a mi misma con 16 años repitiendo discursos que veía, leía o se impregnaban en mi cabeza sin ningún tipo de análisis propio y a demás como una incauta repetidora sin derecho al voto. 

Hoy sigo siendo una escéptica. Ningún político logra realmente mover mis pasiones, pero más allá de eso, algo que sí cambió moviéndome tanto entre políticos fue entender que no hay mucha claridad de como ciertos personajes logran calar en la empatía de la gente. 

La democracia representativa supone por principio que, quien escoges, es alguien que representa tus intereses, pero en la dinámica colombiana y especialmente después del 2016, esto parece ser una narrativa secundaria. Hoy, aunque quienes escogen candidatos de extremos se sienten identificados, los procesos políticos se volvieron respuestas reaccionarias al relato del oponente. Los sesgos ideológicos se han implantado tanto en la memoria colectiva que ya no importa mucho quien es el candidato tanto como a quien se está oponiendo. Las recientes encuestas muestran un empate técnico entre Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella y debajo de ellos, todos los demás con diferencias muy amplias. Varios de ellos intentando llegar a mover la psiquis de la gente, remover los corazones, conectar. Ha sido imposible. Pero ¿por qué?

Desde la perspectiva de esta incauta que no tiene idea por quien votar, el problema está en que los políticos de hoy no hablan el idioma de la gente. Colombia, un país con un sinfín de problemas, ha caído en el bochornoso momento de solo votar en contra de. Los electores más fieles del petrismo, siguen sin cuestionamiento lo que diga su mesías. Hoy es Iván, pero podría ser cualquiera, mientras hacen caso y por dentro ellos siguen matándose entre sí. Del otro extremo la cosa no es muy diferente. Riñas, rencillas, y no sé si tan o más obsesionados con Petro que el mismo petrismo. Con todos los problemas que enfrenta el país no han sido capaces de imponer una sola idea más allá del odio a lo que hay hoy. 

Conciliar es difícil, crear discursos desde la ponderación, la mesura y el diálogo es un discurso que poco o nada vende en un contexto como el de hoy en Colombia. Por eso Fajardo será siempre el eterno candidato que no logra realmente, mover las emociones que se necesitan para apostarle a ese diálogo. Los políticos no saben conquistar sus votos. Lo supo hacer Petro, con una promesa de cambio y esperanza que fue fructífera de vender. Desde la perseverancia, la lucha y la irreverencia. Ese es el discurso que mantiene hoy y que motiva su gran masa electoral a seguirlo fielmente asumiendo sus locuras y desfases como las externalidades que hay que asumir. 

Abelardo, mueve esa misma irreverencia, pero desde los lugares más oscuros del votante pendular. Ese que no es ideológico sino reaccionario. Casi nadie de los que piensan hoy en votar por Abelardo lo hacen por sus propuestas que, al fin y al cabo, si se miran en detalle, son todas vengativas. Votan porque no quieren más a Petro, porque no están conformes con esas externalidades que para la izquierda más sólida son tramitables, mientras para ellos son profundos innegociables. 

A los políticos les hace falta salir de sus egos para tratar de escuchar a la gente. Entender más de fondo sus problemas sin la soberbia de creer que con su mera existencia y su posición de poder ellos son sus salvadores. El arte de la política está realmente en hacer el ejercicio de representar en esos escenarios lo que varios ciudadanos preocupados (los de verdad) quieren y necesitan. Hoy ese ejercicio es paupérrimo. Muy pocos ejemplos se ven en la arena política y por ello, quienes, si lo hacen, vienen creciendo como espuma. 

Y aunque esta crítica se sume a los análisis de muchos en estos tiempos, mi reflexión de fondo está en el hecho, en el cómo la dinámica se hace tan repetitiva, todos lo sabemos, todos lo mencionamos, pero nada cambia. Estaremos el 21 de junio votando en un tarjetón en contra. Nuestras elecciones no nos representan, son el resultado de un malestar institucional, estructural, de emociones tristes como diría Mauricio Villegas donde las ideas, no son parte de la agenda. Las pasiones lograron dominar el país. Y aún así solo dos tipos de pasiones porque no hay lugar para nada más. 

No es un llamado a la tibieza porque las transformaciones sociales se hacen con las vísceras con tanta intensidad como con la cabeza. Es más la pregunta de ¿en realidad no tenemos nada más que proponer como sociedad?

Acerca del autor

Laura León
lleon@razonpublica.org |  + posts

* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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Laura León

* Economista de la Universidad Nacional, magíster en Economía y Política de la Educación de la Universidad Externado.

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