Santos: No se metan con la paz - Razón Pública
Hernando Gomez Buendia

Santos: No se metan con la paz

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hernando gomez buendia Las conversaciones -si existen- deben ser discretas y secretas como pide el presidente, pero un acuerdo no sería posible sin la injerencia activa y decidida de muchas más personas y sectores. Las razones de lo uno y lo otro en este texto resumido pero claro.

Hernando Gómez Buendía *

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Autoridad versus resultados

Ante la lluvia de propuestas de “personajes nacionales e internacionales que mandan razones, que quieren crear un grupo, que quieren intervenir” en un nuevo proceso de paz para Colombia, por estos días dijo el presidente que “a estas alturas, lo mejor es que no se metan, que esperen a que si el día de mañana se presentan las circunstancias, pues ya veremos cómo procedemos”. Y después fue más enfático: “La llave del diálogo está en mi bolsillo y no permitiré que nadie juegue con ella”.

Ésta sin duda es casi toda la verdad, pero la cosa no es así de sencilla.

Es verdad que sólo los comandantes de los ejércitos enfrentados pueden firmar capitulaciones o dar la orden de cesar las hostilidades: aunque la guerra afecta a todos los ciudadanos, sólo los mandos militares pueden hacer callar los fusiles. Y la Constitución afirma sin más vueltas que en Colombia el “Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas” es el Presidente, y que a él corresponde “conservar el orden público y restablecerlo donde fuere turbado” (numerales 3 y 4 del artículo 189).

De aquí se sigue que el presidente es quien tiene la última palabra, pero no se sigue que nadie más pueda intervenir.

La cuestión no es de autoridad solamente; también es de asegurar que los diálogos realmente conduzcan a la paz.

Colombia en esto tiene muchas experiencias, y el propio Santos participó en algunas. Las más recientes están desacreditadas: la del Caguán — un fracaso rotundo — pero también, del otro lado, la de “Justicia y Paz”, que dejó mil cicatrices.

Algunas otras experiencias sin embargo fueron exitosas, como las de Barco y Gaviria con el M19, el EPL, el PRT y el Quintín Lame. Es bueno recordarlo, porque “a estas alturas”, de algo sirve pensar que la paz en Colombia sí es posible.

Por qué no hay que meterse

Las experiencias de aquí y de otros muchos países muestran que sí resulta mejor negociar sin injerencias;

  • Primero, porque la paz es demasiado seria para dejarla en manos de los espontáneos o los aficionados.
  • Segundo, porque se trata de convenios complejos, donde las partes exploran distintos escenarios pero “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.
  • Tercero, porque negociar es conceder y lo más afectados dentro de cada bando tienden a ejercer presiones que pueden hacer abortar el proceso.
  • Cuarto, porque las disidencias o diferencias de opinión internas complican los cálculos y el juego estratégico de cada uno de los bandos.
  • Quinto, porque en la guerra y los modos de conducirla hay además intereses privados, sectoriales y extranjeros, de suerte que los más vivos aprovechan los diálogos para hacer diligencias personales (como se vio, digamos, en el desfile interminable del Caguán).
  • Sexto, pero no menos importante, porque la “opinión pública” puede obligar al gobierno a levantarse ruidosamente de la mesa (así los atentados y secuestros sean por definición posibles, mientras la guerra no se haya terminado).

Por qué sí hay que meterse

La experiencia también muestra, paradójicamente, que los acuerdos de paz no son posibles sin la injerencia activa de muchas fuerzas sociales:

  • Primero, porque la guerra es demasiado horrenda para dejarla en manos de una sola persona (recuerdo acá que a Nixon lo eligieron porque dizque tenía un “plan secreto” para acabar la guerra de Vietnam…y el presidente Santos va a cumplir dos años de gobierno sin que sepamos si ha desistido o no de usar la “llave”).
  • Segundo, porque ni Santos ni “Timochenko” podrían firmar sin consultar primero a otros actores poderosos (el Congreso, el ejército, los gremios y los gringos, del otro lado los colegas del Secretariado y los jefes de algunos “frentes” por lo menos).
  • Tercero, porque algunos de los poderosos son quienes más se benefician de la guerra -y es ésta la razón por la cual esta guerra horrorosa se mantiene-: por eso la paz tiene que ser exigida e impuesta desde la sociedad y la ciudadanía.
  • Cuarto, porque en Sudáfrica o en El Salvador, en Irlanda o también en Colombia los mediadores discretos jugaron papeles decisivos al construir confianza, hacer exploraciones informales, resolver impasses, servir como garantes y aclimatar los procesos de paz.

Asunto de todos

Así que el presidente tiene sin duda la última palabra y nadie debe darle consejos no pedidos. Pero sin duda todos los demás tenemos el derecho y el deber de conversar, de discutir, de trabajar y de presionar en busca de la paz: ¿o seguimos matándonos?

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

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