Chávez, Correa y Uribe: Mucho ruido, pocas nueces - Razón Pública

Chávez, Correa y Uribe: Mucho ruido, pocas nueces

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hernando gomez buendiaVenezuela, Colombia y Ecuador tienen reclamos válidos que hacerse, pero los tres gobiernos están manejando mal la crisis y el resultado puede ser muy nocivo. Balance de las razones, las sinrazones y la posible evolución de esta crisis.

Hernando Gómez Buendía*

Tres verdades

El Presidente Correa tiene razón. Ecuador está sufriendo los efectos de un conflicto que no es suyo y de las fumigaciones que otro Estado lleva a cabo en su frontera. El ataque al campamento de "Reyes" fue una violación flagrante de la soberanía ecuatoriana. Y en vez de ofrecer excusas, el Presidente Uribe insiste en acusarlo de complicidad con la guerrilla colombiana.

El Presidente Chávez tiene razón. Venezuela enfrenta la hostilidad manifiesta de Estados Unidos y Colombia les está haciendo el juego a los norteamericanos, hasta el punto de prestarles sus bases militares para que puedan operar los aviones enemigos. 

El Presidente Uribe tiene razón. El Estado colombiano está empeñado en una guerra terminal contra las FARC, y los gobiernos de dos países vecinos tienen tratos o relaciones cordiales con el enemigo.

Dos versiones

Las razones de los tres presidentes son radicalmente opuestas, y sin embargo son iguales en un sentido crucial: cada una de las tres razones puede ser entendida o asumida de dos formas contrarias, que llamaré la versión tremendista y la versión pragmática.

En la versión tremendista, la razón de cada país es suficiente para considerarse víctima de una agresión grave e injusta:

– Colombia usó la fuerza militar para violar la soberanía territorial de Ecuador.

– Colombia le da apoyo militar al país que planea derrocar al gobierno legítimo de Venezuela. 

– Ecuador y Venezuela se alían con el enemigo militar del Estado colombiano.

En el derecho internacional (o por lo menos en la tradición internacional) cada una de estas tres razones constituye un genuino casus belli, un motivo suficiente para declararse objeto de hostigamiento y para responder mediante el uso de la fuerza. Si se adopta la visión tremendista, Chávez, Correa y Uribe tendrían que ir a la guerra. 

Independientemente de qué tan cierta sea, la versión tremendista tiene dos consecuencias significativas: que puede ser usada como discurso, y que una parte importante de la opinión interna e internacional la cree. Y esto de por sí implica el riesgo de que, así no fuera cierta, esta versión acabe por producir sus resultados.      

En la versión pragmática del diferendo, cada razón se entiende o se asume como un motivo válido de queja, que sin embargo no reviste tanta gravedad como parece. Y ocurre que esta versión "pragmática" se ajusta con mucho más exactitud a los hechos conocidos:   

– Los militares colombianos no entraron a Ecuador para atacarlo sino para matar a un enemigo colombiano. Colombia no tiene motivos para agredir a Ecuador. Y el daño de las fumigaciones ha sido muy exagerado.

– No se conocen planes ni operativos militares de Estados Unidos para invadir a Venezuela o para derrocar al Presidente Chávez. Y aunque los hubiera, Colombia está demasiado exigida por la guerra interna como para mover sus tropas  hacia Venezuela.

– Cada prueba que presenta Colombia sobre la complicidad de Chávez o de Correa con las FARC resulta ser discutible y discutida por los servicios de inteligencia o por los jueces  de los dos países. Esas ayudas a la guerrilla en todo caso no tendrían capacidad para cambiar la inercia del conflicto  o para  alterar la relación de fuerzas en Colombia. Y las armas que las FARC no consigan de algún país vecino igual podrían traerlas de algún país lejano.

Muchas  exageraciones

Ni Chávez, ni Correa ni Uribe quieren pasar o están en condiciones de pasar a la guerra con el país vecino, y por eso no pueden adoptar seriamente la versión tremendista de los hechos. Sin embargo esta lectura tremendista se asoma en sus discursos respectivos, y cada uno tiene que guardarla por si acaso las cosas llegaren a ese punto.

Pero eso mismo impide que Uribe, Correa o Chávez adopten la versión pragmática, porque admitir que las agresiones "en realidad no fueron agresiones" sería desbaratar los propios argumentos. Y como en realidad las agresiones no fueron agresiones, el camino que les queda a nuestros tres gobernantes es exagerar la reacción ante los hechos bastante más allá de lo que justifican los hechos:

– Correa dice que el diferendo "ya llegó a enfrentamientos militares", que Colombia se merece "una respuesta digna" y que en Ecuador "nos estamos preparando para la defensa"[1]. Hace año y medio rompió sus relaciones con Bogotá, bloqueó los dos pre-acuerdos de mediación de Carter, y exige que Colombia desista de acusarlo de apoyar a las FARC -o sea que Uribe renuncie al único argumento que lo asiste en toda esta pelea. A falta de otro tipo de instrumentos tangibles, el Presidente de Ecuador impuso un arancel adicional a 1.346 productos colombianos.

– Hugo Chávez declara que "Colombia se ha convertido en plataforma para agredir a pueblos hermanos" y aclara que "Dios nos libre de la guerra pero eso no depende de nosotros"[2]. Luego procede a "congelar" relaciones con el gobierno Uribe y a retirar su embajador en Bogotá, amenaza con cerrarle el mercado a las exportaciones y hasta con "expropiar a  las empresas colombianas".         

– Uribe sobre todo exagera el alcance del apoyo que las FARC puedan tener en el extranjero. Hace tiempo que la guerrilla colombiana es un cadáver político sin simpatías ni apoyo eficaz de ningún gobierno o actor significativo en la escena mundial, salvo quizás algún puñado de "ultras" en Dinamarca, algún ganadero extorsionado de Venezuela o algún policía corrupto del Ecuador. Pero esta es la obsesión del Presidente Uribe, y por eso cree él que la tibieza en perseguir a las FARC es igual que estar aliado con el enemigo. De aquí que siga buscando y soltando pruebas contra Chávez y Correa, también de aquí que siga reclamando el derecho de atacar a las FARC en territorio extranjero.

Muy pocas conexiones  

Dije que cada presidente tiene razón, pero ahora aclaro que esas razones no casan una con la otra. Chávez, Correa y Uribe hablan de cosas distintas, que por lo tanto no se excluyen entre sí  ni una tiene que ser consecuencia de la otra.  Colombia pudo atacar a Ecuador, sus bases pueden servir para atacar a Venezuela, Chávez puede ser cómplice de las FARC y Correa puede estarlas ayudando: cada país puede estar en lo cierto sin que el otro país esté en lo falso, y cada cosa pudo suceder sin que la otra estuviera sucediendo.

Por eso lo de estos días es una muy ruidosa discusión entre sordos. Ninguno de los tres presidentes admite que sus acciones sean respuestas a la agresión del otro, ninguno admite que sea hostil al otro, y ni siquiera admite que exista una respuesta: aquí no hay vínculos con las FARC, no hay violaciones de soberanía, no hay bases norteamericanas. Hay un país que actúa en legítima defensa, y otro país que actúa en legítima defensa… y otro país que actúa en legítima defensa.

Ningunos resultados

Y como nadie admite la verdad, las retaliaciones no van a dónde toca:

– Las ayudas clandestinas de Chávez o de Correa a la guerrilla en Colombia no cambian seriamente la ecuación militar porque no pueden tener la escala suficiente. En cambio la filtración de las ayudas a las FARC fortalece la imagen de Uribe y cimenta su alianza con el país que según Chávez y Correa está buscando cómo derrocarlos.

– El ataque a "Reyes" en el Ecuador no fue una represalia por las ayudas de Correa a la guerrilla, ni estos ataques "preventivos" por parte de Colombia servirían para que Correa deje de ayudarles. Es todo lo contrario.

– Y el nuevo acuerdo militar con Washington no es una represalia por el apoyo de Chávez a las FARC, sino una pieza en la estrategia geopolítica de Estados Unidos en América Latina. Por eso Brasil y Chile, además de Bolivia, Ecuador y Venezuela, le están pidiendo al Presidente Uribe que rinda cuentas en el próximo encuentro de UNASUR.   

Esas retaliaciones a medias o indirectas tienen pues un efecto contrario al que se busca. Uribe está logrando que su enemigo gane espacio en Ecuador y Venezuela, Chávez está logrando que Uribe les preste las bases a los gringos y Correa está logrando que los problemas internos de Colombia afecten más y más al Ecuador.

Algo de oxígeno

Pero no todo es pérdida. Chávez, Correa y Uribe se parecen en otro aspecto crucial: son  presidentes "de opinión", que se han hecho reelegir, que están en trance de quedarse en el poder, que son mesiánicos, que son personalistas y son autoritarios en el sentido exacto de que ninguno de los tres ha respetado o respeta la democracia liberal – vale decir, la democracia a secas. Y ya se sabe que los gobiernos autoritarios de izquierda o de derecha tienden a agrandar la amenaza o presencia del "enemigo externo" para consolidar la "unidad nacional" es decir, para aquietar la oposición y disminuir las tensiones internas:

– Correa tiene ante sí las expectativas infladas que creó con su retórica y su Constitución, la crisis económica sin la posibilidad de una devaluación defensiva y el escándalo suelto por los negocios de su hermano con el fisco ecuatoriano.

– Chávez tiene la inflación y el desabastecimiento, la ola de criminalidad en las ciudades y las peleas con la prensa o los alcaldes, pero ante todo tiene la necesidad de radicalizar su avance hacia el socialismo.

– Y Uribe tiene la falta de Bush, la recesión, la indisciplina dentro del uribismo, los escándalos de distintos pelambres, el referendo en ciernes y la obsesión por derrotar al  "terrorismo".

No digo yo que la crisis entre Colombia, Ecuador y Venezuela haya sido fabricada para beneficio de sus actuales presidentes, pero sí digo que los tres presidentes la han usado para aumentar su popularidad y afianzar su permanencia en el poder.

Riesgos en vez de soluciones

Del análisis anterior se sigue que Uribe, Correa y Chávez están ayudando a aumentar la popularidad de sus adversarios, están inflamando los tres nacionalismos y están corriendo el riesgo de que algún incidente desemboque en la guerra de verdad.

La guerra por supuesto sería una locura. Pero todas las guerras son locuras y todas se producen porque los hechos se van saliendo de las manos, las palabras se van volviendo irrevocables, las mediaciones se van asfixiando y la espiral de insensatez estalla con una mecha cualquiera. Pero confiemos con el Presidente Chávez en que "Dios nos libre de la guerra". Queda un escenario de reiteración o intensificación de los reclamos recíprocos, donde

– Ecuador tenga que distraer más recursos escasos y sufran más las gentes de la frontera (Socorro Ramírez lo explicó en Razón Pública);

– Venezuela se sume a la lista de "gobiernos terroristas" (el Washington Post acaba de pedirlo) para escalar su confrontación con Estados Unidos,  

– Colombia asuma la agenda de seguridad norteamericana en América Latina sin   que medien las contraprestaciones sustantivas (ni más Plan Colombia ni TLC) y sin que ello corresponda fielmente a su interés nacional (pues esa agenda incluye petróleo o migraciones – y en cambio nos excluye de Mercosur y de la zona andina).  

El camino de más y más acusaciones recíprocas – el más probable- no llevaría pues a ninguna parte. La alternativa razonable es desprenderse de la lectura tremendista para volver a ver la realidad con la mirada pragmática y evitar que donde no ha habido verdaderas agresiones sigamos caminando hacia agresiones verdaderas.

 *Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí. 

 

Notas de pie de página


[1] Entrevista Rafael Correa, presidente de Ecuador. El Tiempo, 2 de Agosto de 2009

[2] http://www.publico.es/internacional/240933/chavez/correa/responden/alianza/
eeuucolombia
 . Revisado el 2 de Agosto de 2009

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