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Elecciones en Perú: lo que pasó y lo que sigue

Escrito por Óscar Murillo
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Oscar MurilloUn país profundamente dividido y a pesar de su acelerado crecimiento se despierta con un nuevo gobierno en medio de la incertidumbre, las tensiones con los vecinos, los problemas de gobernabilidad, la desigualdad regional y la pobreza que afecta al treinta por ciento de su población.

Óscar Murillo Ramírez*

Miedo al pasado, incertidumbre futura

Tal como se preveía, una vez realizada la primera vuelta para acceder a la Casa Pizarro, la campaña final despegaría en un contexto de alta polarización y en donde nada estaba escrito de antemano.

En las 30 mediciones realizadas, las firmas encuestadoras no lograron mostrar una ventaja significativa a favor de Keiko Fujimori u Ollanta Humala. Aunque 16 de estas encuestas favorecieron a la candidata de Fuerza 2011, las ventajas pocas veces superaron de manera importante el margen de error.

Los ataques personales entre los candidatos fueron tantos que eclipsaron gran parte de los planteamientos programáticos, tal como se percibió en el debate trasmitido por CNN el 29 de mayo pasado.

Fujimori concentró sus propuestas en el “bono gratitud” para adultos mayores, la protección infantil, las mejoras para maestros, agua potable, apertura de mercados y continuidad del TLC con participación ciudadana.

Humala puso el énfasis en el programa vaso de leche, la descentralización, la promoción de industrias, la infraestructura vial, el turismo, la agricultura, la menor flexibilización laboral, postgrados y primer empleo para jóvenes, e inclusión social junto al crecimiento económico.

En cambio, los señalamientos personales tuvieron mayor resonancia en la opinión pública:  

  • Humala: “Cuando usted fue primera dama fueron esterilizadas más de 300 mil indígenas”, “Hay una minoría que se robó el país y hoy en día está prófuga”.
  • Fujimori: “Yo me enfrenté a Montesinos y usted no. Hablemos claro: usted encubrió a Montesinos”, “Usted está acusado de sobornar testigos e intentó dos golpes de Estado” [1].

El pasado se usó para desprestigiarse mutuamente. Por ejemplo, según revelaciones de WikiLeaks difundidas por el diario El Comercio, Nadine Heredia, esposa de Humala, habría recibido un subsidio de Venezuela para llevar a cabo una encuesta privada y otros dineros con destino a la campaña presidencial de 2006. Aunque Keiko usó este flanco para reeditar la presunta ligazón Chávez-Humala, las propias fuentes de la embajada norteamericana señalaron que no existen pruebas concretas más allá de conversaciones de funcionarios estadounidenses y políticos peruanos y que es verosímil que tras la campaña de desprestigio estuviera el propio Alan García. [2]

En cualquier caso, la segunda vuelta presidencial usó el miedo al pasado para crear incertidumbre acerca del futuro [3]. Keiko fue relacionada con la década de Alberto Fujimori para evocar el retorno a una “dictadura” y a la corrupción, así como Humala fue vinculado con su pasado militar y su presunta participación en casos de violación de derechos humanos en el valle de Huallaga y su talante “golpista” o de “dictador chavista”.

Esta incertidumbre sobre lo que serán los próximos cinco años de gobierno explica en parte la caída de la bolsa de valores, un día después de las elecciones. Ambos candidatos procuraron grabar en el imaginario colectivo una imagen de incapacidad para gobernar el Perú por parte de su rival.

Geografía electoral

Según los resultados consolidados en un 99 por ciento por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Keiko Fujimori obtuvo el 48,52 por ciento de la votación contra un 51,47 por ciento de Ollanta Humala. Una diferencia muy reducida –sólo 2,95 por ciento– le dio la victoria al candidato de la coalición electoral Gana Perú, y demuestra que la campaña de Fuerza 2011 alcanzó a remontar significativamente la ventaja de 8 por ciento que obtuvo Humala en la primera vuelta.

Fujimori se alzó con la victoria en 6 departamentos ubicados en la costa norte y central, en tanto que Humala ganó en 19 departamentos de la costa sur y con resultados importantes del total de la votación en Apurímac (68,4), Arequipa (66), Ayacucho (72), Cusco (77), Huancavelica (72,2), Puno (77,9), Madre de Dios (66,2), Moquegua (66,7), Tacna (73,5), ubicados todos en la Sierra y Amazonia peruanas.

Aunque en apariencia resulte extraña la comparación del número de departamentos donde triunfó cada candidato y el apretado margen global, la explicación se encuentra en que, pese a que Keiko Fujimori solo obtuvo el primer lugar en seis departamentos, tres de estos son los más poblados según el último censo nacional de 2007.

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Una variable explicativa del triunfo de Humala puede estar en una votación anti-centrista que reaccionó contra calificativos racistas hacia poblaciones indígenas y en conflicto como Puno, así como aquellas poblaciones que se han beneficiado menos del crecimiento económico en los últimos años. Lima ya no define todo en el Perú.

Las adhesiones

Teniendo en cuenta que un 44 por ciento del electorado se había inclinado por otros tres candidatos importantes en la primera vuelta, muchos pensaban que ganaría quien obtuviera la mayor cantidad de respaldos para la segunda vuelta. Pero los resultados muestran que estas adhesiones no produjeron efectos significativos.

Fujimori logró la adhesión de los ex candidatos Luis Castañeda y Pedro Pablo Kuczynski, junto con las marginales de Juliana Reymer y Mercedes Aráoz (retirada de la contienda electoral por el Partido Alianza Popular Revolucionaria Americana, APRA) en tanto Humala obtuvo el apoyo de Alejandro Toledo, además del simbólico, pero electoralmente incierto, de Mario Vargas Llosa.

Los departamentos donde los ex candidatos habían triunfado pasaron efectivamente a manos de su respaldado: Loreto, territorio de Toledo, pasó a manos de Humala, y Fujimori ganó en el Callao y Lima, zonas de Kuczynski.

Sin embargo, las ventajas no fueron tan importantes como se preveían. Humala solo obtiene el 13,06 por ciento de ventaja en Loreto, muy por debajo de su ventaja promedio del 30 por ciento en los departamentos donde salió triunfador, en tanto Fujimori obtiene un 13,95 por ciento de ventaja en el Callao y 15,07 por ciento en una Lima esquiva a Humala donde pese a todo logró obtener resultados apreciables.

Keiko y el fujimorismo

Luego de la fuga de Alberto Fujimori hacia el Japón en noviembre de 2000, esta fuerza política perdió a su líder, pero no su capacidad de acción. Esto explica por qué fujimoristas acérrimos como Martha Chávez pudieron mantenerse en el Congreso junto a la propia Keiko, y otros con presencia pública como Santiago Fujimori y Jaime Yoshiyama Tanaka.

La principal razón del viaje de Alberto Fujimori a Chile en noviembre de 2005 era tratar de allanar el camino hacia un retorno para las presidenciales de 2006. Detenido por la Interpol y extraditado a Perú en septiembre de 2007 para el juicio que lo llevaría a su condena de 25 años por delitos contra los derechos humanos y corrupción, los fujimoristas aún no se daban por vencidos.

Gracias a WikiLeaks sabemos que el retorno de su líder era una estrategia cierta para los fujimoristas, estrategia que incluyó acuerdos con el APRA en el congreso y con la ex candidata presidencial Lourdes Flores [4]. A pesar de su revés, el fujimorismo aspiraba a mantenerse en la escena pública y hoy resulta claro que la candidatura de Keiko fue la alternativa ante la imposibilidad de imponer a su propio padre.

Los resultados muestran que, lejos de lo que pareciera, el fujimorismo aún cuenta con amplias bases sociales, especialmente entre los sectores populares, que pese a las condenas proferidas contra Alberto Fujimori verían con buenos ojos su retorno al poder o la accesión de alguien de su círculo. De haber obtenido Keiko la presidencia, no es del todo descartable que se hubiera buscado liberar a Fujimori, con un significativo respaldo de la población.

Las 37 curules obtenidas para el Congreso muestran que subsiste personal político del fujimorismo dispuestos a mantenerse en la acción política. No puede concluirse a la ligera que el fujimorismo desaparecerá, ante las señales de transfuguismo en el Congreso, que de 5 grupos, terminará con 9 [5].

Valga recordar que el fujimorismo tenía tres partidos: Sí cumple, Nueva Mayoría y Cambio 90. No hay tantas orientaciones ideológicas y prácticas políticas como grupos existan y menos en un sistema de partidos tan inestable y volátil como el peruano.

El fujimorismo solo podrá marginarse definitivamente del poder si se agravaran las condiciones de salud de Alberto Fujimori o ante resultados efectivos del nuevo gobierno que eclipsen cualquier capacidad de oposición de esta fuerza.

El Perú que recibe Humala

El nuevo gobierno se estrenará con un conflicto limítrofe con Chile, que deberá dirimirse en La Haya y que, junto a la posibilidad de acceso al mar para Bolivia, serán materias donde habrá de mostrar su capacidad para mantener buenas relaciones internacionales.

Otro reto será mantener el crecimiento económico al 5 por ciento anual, fruto de un modelo minero-exportador que ya alcanza sus propios límites, además del impacto ambiental y de que depende del entorno internacional que hasta el momento ha sido favorable, dada la depreciación del dólar y del euro y la pérdida de confianza en las monedas nacionales, lo cual impulsa la extracción de oro. Este escenario, aunque no depende íntegramente de Humala, permitirá medir resultados e influirá en las percepciones sobre su gestión.

A ese modelo de crecimiento habrá que inyectarle la inclusión social tan prometida en la campaña. Un conflicto como el que actualmente se desarrolla en Puno será una prueba importante para medir su capacidad de crear consensos y distribuir beneficios entre los varios actores sociales y económicos.

El equipo integrado por Humala para llevar a cabo la transición, compuesto por economistas y ex ministros, anticipa el carácter técnico que tendrá su gobierno y que deberá brindar tranquilidad a los inversionistas extranjeros, que vieron caer la bolsa en un 12 por ciento el día 6 de junio, luego de las elecciones.

Humala dispondrá de una gobernabilidad equilibrada compuesta por 67 congresistas a su favor, sumando los miembros de Gana Perú y Perú Posible de Alejandro Toledo, contra los 62 congresistas que suma Fuerza 2011 (que agrupa al fujimorismo), Solidaridad Nacional de Castañeda Lossio y Alianza por el Gran Cambio de Kuczynski. Además, queda un vestigio del APRA, con solo 4 congresistas, luego de tener 36.

Sin embargo, Humala debe entablar caminos de reconciliación nacional y gobernar para el conjunto del Perú, incluidos los votantes de Keiko Fujimori y el 30 por ciento de peruanos que se encuentran en la pobreza y que todavía esperan recibir parte de las mieles del crecimiento económico.

* Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

twitter1-1@oscarmur 

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