Palantir y el poder del algoritmo: cómo la tecnología redefine la democracia

Palantir y el poder del algoritmo: cómo la tecnología redefine la democracia

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El 18 de abril de 2026, Palantir publicó en X una síntesis de 22 tesis del libro The Technological Republic, escrito por Alexander Karp, CEO de Palantir, y Nicholas Zamiska y publicado en febrero del 2025. El documento superó los 32 millones de visualizaciones y fue interpretado como un programa ideológico. 

El libro no es convencional, el subtítulo – “Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente” – sugiere que, más que un libro empresarial, es un manifiesto político sobre el papel de la tecnología en la defensa de Occidente. Su tesis central sostiene que Silicon Valley abandonó las grandes tareas públicas —defensa, infraestructura, seguridad, ciencia estratégica— para concentrarse en productos de consumo y en la publicidad. Frente a la carrera global por la inteligencia artificial, los autores exigen que la industria del software vuelva a trabajar con el Estado para preservar la ventaja militar, económica y moral de Estados Unidos. La idea subyacente es que la tecnología no es una herramienta neutral, sino una arquitectura del poder. 

Las reacciones no se hicieron esperar. El filósofo Mark Coeckelbergh, de la Universidad de Viena, calificó el manifiesto de “tecnofascismo”. El exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis advirtió que Palantir señalaba su disposición a sumar al riesgo nuclear la amenaza existencial de la IA. Dave Karpf, profesor de la George Washington University, fue aún más directo: el libro funciona como un folleto de reclutamiento para una empresa de tecnología de defensa, y el manifiesto es material de ventas corporativas con retórica académica. En el Parlamento británico, legisladores cuestionaron si una empresa con estas posiciones debería gestionar la Plataforma Federal de Datos del NHS (Servicio Nacional de Salud). En Australia, se pidieron revisiones de contratos gubernamentales con la compañía.

Como señaló Eliot Higgins, fundador de Bellingcat: estos 22 puntos no son filosofía flotando en el vacío, sino la ideología pública de una empresa cuyos ingresos dependen de la política que promueve. Las cifras respaldan la magnitud de lo que está en juego. En julio de 2025, el Ejército de Estados Unidos otorgó a Palantir un acuerdo empresarial con un techo de 10 000 millones de dólares a diez años, consolidando 75 contratos previos en una sola plataforma de software y datos. En el primer trimestre de 2026, la compañía reportó ingresos de 1 633 millones de dólares —un crecimiento interanual del 85%—, de los cuales 687 millones provienen de fuentes gubernamentales estadounidenses. Su valor total de contratos cerrados alcanzó los 2 410 millones en un solo trimestre. A esto se suman contratos con ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos) por al menos 248 millones, con el IRS (Servicio de Impuestos Internos) por más de 180 millones, y un acuerdo reciente de 300 millones con el Departamento de Agricultura. En Reino Unido, el Ministerio de Defensa le adjudicó 240 millones de libras en diciembre de 2025. 

En aquellos países donde tiene presencia mediante contratos públicos, Palantir ha experimentado una transformación significativa, está pasando de ser un mero proveedor externo de servicios tecnológicos a convertirse en una parte esencial de la infraestructura estatal. Cada vez que participa en la gestión de datos y plataformas estratégicas —como el ejército, el sistema migratorio y el servicio nacional de salud— integra sus sistemas en el núcleo operativo de las instituciones públicas. Esta integración no solo implica la provisión de tecnología, sino también la configuración de procesos decisivos y de la arquitectura del Estado, otorgando a la empresa una influencia directa sobre las políticas y operaciones gubernamentales.

Palantir tiene esto muy claro, y por ello el manifiesto debe entenderse en el contexto de sus acciones e intereses, no como una declaración aislada. Leer el manifiesto como un texto independiente sería ignorar su función real: una estrategia de integración estructural entre corporaciones tecnológicas y poderes estatales, en la que la tecnología se convierte en la arquitectura del poder y redefine quién controla la seguridad, los datos y la guerra. 

Lo que propone en su manifiesto parte de una intuición realista: China, Rusia e Irán no esperan el consenso ético occidental para desarrollar capacidades militares basadas en algoritmos. Para contrarrestar esto, propone una estrategia de alianza orgánica entre Estado, ejército y corporaciones tecnológicas, que desplaza el centro de decisión democrática hacia actores privados con poder cuasi soberano. 

No obstante, resulta preocupante que se plantee la defensa de la democracia sobre pilares como la vigilancia masiva, la opacidad de los algoritmos y la militarización de la inteligencia artificial en manos de empresas privadas. Esta lógica no solo contradice los principios democráticos fundamentales, sino que convierte a la propia democracia en rehén de intereses corporativos, erosionándola desde sus bases y despojándola de su esencia participativa y transparente.

Ante esto se abren tres escenarios. Los países pueden optar por un mayor control parlamentario y reglas de transparencia sobre la IA pública; por una normalización del modelo Palantir si los gobiernos priorizan la seguridad sobre los derechos; o por una fractura entre bloques tecnológicos en la que cada Estado elige proveedores según sus alineamientos geopolíticos. 

El episodio de abril de 2026, más que una controversia viral, plantea una cuestión fundamental. Quien tenga el control de la IA decidirá el destino de nuestra seguridad, de nuestros datos y de nuestra capacidad bélica. ¿Estamos preparados para que ese control esté en manos de quienes diseñan y comercializan la tecnología, o debemos exigir que sea la sociedad quien marque el rumbo? La respuesta determinará el futuro de nuestra democracia. 

Acerca del autor

Marcela Anzola
marcelaanzola@razonpublica.org.co | + posts

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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Marcela Anzola

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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