Populismo e Inteligencia Artificial: ¿un matrimonio en el infierno?
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Populismo e Inteligencia Artificial: ¿un matrimonio en el infierno?

Escrito por Marcela Anzola

El populismo y la inteligencia artificial (IA) son dos poderosas fuerzas que han permeado la política y la  sociedad actuales. Aunque a primera vista estos dos fenómenos pueden parecer desconectados, cuando se analizan los  recientes desarrollos electorales donde partidos y movimientos políticos al margen de la política convencional están ganando poder en todo el mundo, se observa que la tecnología y la IA han jugado un rol central.

El empleo de la tecnología y la IA en el contexto de la política, o tecno-política como lo han denominado algunos, no es una práctica necesariamente negativa y puede traer varias ventajas. Las redes sociales y las plataformas digitales, impulsadas por algoritmos, permiten una comunicación personalizada y la amplificación de los discursos políticos. La IA, en particular, facilita la segmentación de la audiencia, permitiendo que los líderes adapten su mensaje para diferentes grupos de votantes, y puedan dar respuesta a las diferentes necesidades y clamores. Esto puede ser valioso para la formulación de políticas basadas en evidencia y la identificación de problemas subyacentes.

Sin embargo, cuando estas  herramientas se emplean en un contexto populista, ya sea de izquierda o de derecha, la situación puede ser diferente, y va a depender del enfoque y de los límites éticos que se tengan.  El populismo actual, por ejemplo, caracterizado por líderes carismáticos, mensajes simplificados, utilización de las redes  y un rechazo a las élites y las instituciones, ha encontrado en la IA una herramienta poderosa para llegar a las masas y capitalizar la insatisfacción y el descontento en la sociedad. Para este tipo de populismo la IA se ha convertido en un medio idóneo para manipular la opinión. Es el caso de líderes como Trump, Bolsonaro o Bukele, por citar algunos, quienes han difundido su discurso político mediante el uso de robots y algoritmos con el objeto de reforzar en los destinatarios las creencias preexistentes, replicar y difundir mensajes políticos sesgados, y fomentar así la división y la discordia.

Este tipo de populismo puede fácilmente erosionar las instituciones democráticas, socavar la cohesión social, y conducir en ultimas a una sociedad distópica donde la voluntad del pueblo sea reemplazada por la voluntad de los algoritmos.

Por esta razón se hace cada vez más evidente la necesidad de comprender la complejidad del problema para diseñar una regulación adecuada sobre el uso de la IA tanto en las elecciones como durante el ejercicio del poder.  Esto en principio, no debería  ser difícil. Sin embargo, en un contexto populista como el señalado esta posibilidad no es tan clara. Algunos aspectos para considerar incluyen la tentación que podría tener tanto un gobierno populista  como una mayoría orientada en criterios populistas, por mantener un estado de las cosas que sirva a sus intereses particulares. A lo cual se suma el hecho de que  la desconfianza en los tecnócratas, que suele  caracterizar la narrativa populista, la lleve a resistirse a una regulación de la IA propuesta por expertos en el campo, y a optar por una regulación politizada y orientada por intereses particulares.

Para romper este círculo vicioso que se crea entre el populismo y la IA es imperativo  encontrar un equilibrio entre el poder de la IA y la preservación de los valores democráticos. Para lo cual se requiere del trabajo conjunto de  la sociedad civil, los líderes políticos y la industria tecnológica.  Implica, además, la implementación de iniciativas para que la sociedad comprenda la naturaleza de la IA y, en particular, sus posibles usos en el ejercicio de la política.

Esto incluye programas de educación que provean herramientas para comprender y analizar la información y las narrativas políticas de manera crítica. Igualmente, es necesario promover la participación ciudadana en la toma de decisiones relacionadas con la IA para garantizar que las políticas reflejen las preocupaciones y necesidades de la sociedad en su conjunto, y asegurar que el  diseño de las  regulaciones de la IA se oriente en la evidencia y en principios éticos, independientemente de las dinámicas populistas. La clave está en aprender a usar responsablemente la IA y en fortalecer las instituciones democráticas para resistir las fuerzas polarizadoras y garantizar que la tecnología sirva para el bien común.

En conclusión, la política y la IA son fuerzas poderosas que pueden entrelazarse de maneras complejas y a veces problemáticas. La tecnología brinda herramientas novedosas para el ejercicio de la política, pero también presenta desafíos para la democracia y la ética. Abordar estos desafíos requiere de un marco democrático que promueva la regulación equilibrada y  responsable de la IA. Las recientes experiencias en el campo de la política evidencian la importancia de un diálogo constante entre los diferentes actores, así como la necesidad de una  reflexión y acción crítica para navegar en esta cada vez más compleja realidad.

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1 Comentario

Alison Goyeneche octubre 15, 2023 - 4:24 pm

Me parece interesante este artículo y concuerdo en muchos aspectos, el uso de tecnología y la IA por parte de agentes políticos, es un criterio y relación que requiere atención y control concurrente, más aun teniendo en cuenta el contexto, movimiento y gestión política actual que nos rodea, pues en estos momentos es en donde se hace evidente el rol y la influencia que genera la tecnología y la IA en la sociedad política y civil.
El aprovechamiento tecnológico por parte de los gobiernos, es una herramienta que puede resultar útil en muchos aspectos ya que permite establecer un mayor grado de comunicación entre ambos actores sociales, sin embargo, el uso de estas herramientas también pueden jugar en contra, debido a que, sin una buena administración y regulación, fácilmente se puede manipular la opinión del pueblo y redireccionar la sociedad a la distopía, gracias a su accesibilidad a grandes masas, en consecuencia, el uso de tecno-política conlleva a presentar fuertes complicaciones y desafíos en la democracia y valores éticos.
Sin embargo, esto se puede combatir y prevenir de distintas formas, personalmente, creo que la principal estrategia es promover y fortalecer el pensamiento autónomo, crítico e informado de los ciudadanos para que de esta forma, naveguen y adquieran información responsablemente, y así, el uso de la tecnología contribuya al bien común.

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