La responsabilidad social de las figuras públicas - Razón Pública
Marcela Anzola

La responsabilidad social de las figuras públicas

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marcela anzolaPodría haber atenuantes que la justicia habría de establecer, pero hay tres agravantes indudables que merecen la dura sanción social y hay además el riesgo de que la ley siga siendo para los de ruana. Si pasamos de agache, la sociedad se está victimizando a sí misma.

Marcela Anzola*

0158Violencia y deporte

En este año se han presentado dos hechos de violencia protagonizados por personajes vinculados con el fútbol, lo cual ha despertado polémicas intensas:

  • El primer caso ocurrió en febrero, cuando Luis Moreno, un jugador del Deportivo Pereira, pateó salvajemente a una lechuza atontada por un balonazo accidental. El público barranquillero le gritó "asesino, asesino", hasta el final del encuentro: resulta que el ave era nada menos que el emblema vivo del equipo Junior. La lechuza murió unos días después. Ante las protestas de la opinión pública, la División Mayor del Fútbol Profesional Colombiano (DIMAYOR) sancionó al jugador con dos partidos de suspensión y una multa de 1.070.200 pesos, pues consideró que con su comportamiento el jugador panameño incitó al público presente ese día en el estadio.
  • Esta semana se dio otro hecho de violencia que la opinión condenó con dureza. La agresión física de Hernán Darío Gómez –el “Bolillo”– a una mujer hasta ahora desconocida, pero delante de testigos, el pasado 5 de agosto en el bar “El Bembé” de Bogotá.

Los descargos

En el caso de “Bolillo” se ha discutido hasta la saciedad si debe hacerse efectiva su renuncia al cargo de Director Técnico de la Selección Colombia. Quienes sostienen que el caso no da para tanto, han propuesto razones como las siguientes:

  • Los hechos no se han comprobado, aunque “Bolillo” los confesó.
  • La supuesta agredida no ha aparecido a la luz pública.
  • La mujer lo provocó.
  • Él actuó de manera involuntaria, enceguecido por la ira y nublado por los tragos.
  • El cargo de Director Técnico de la Selección no tiene nada que ver con su vida personal.
  • ¿Por qué no se castigan con la misma severidad hechos similares, incluso cuando son cometidos por mujeres?  

Es cierto que desde el punto de vista estrictamente legal pueden conjugarse atenuantes de culpabilidad y eximentes de responsabilidad, y que es relativamente baja la probabilidad de que este acto constituya un crimen o que el “Bolillo” llegue a ser sancionado penalmente.

Tres agravantes

La pregunta sin embargo, es ¿por qué la sociedad considera que comportamientos como los descritos anteriormente son graves? O ¿por qué existe una percepción generalizada sobre la gravedad del hecho?

  • En primer lugar, porque se trata de figuras públicas. Esto implica un estatus especial: sus comportamientos son referentes para mucha gente. Especialmente en una sociedad donde el fútbol ocupa un lugar central, son muchos los niños y adolescentes que tiene como ídolos a estas figuras del deporte. Por tal motivo, ciertos comportamientos que en otros escenarios podrían pasar desapercibidos, en estos casos adquieren dimensiones trascendentales, especialmente si no son dignos de imitar. No sancionar estas conductas o dejarlas pasar sin reproche implica enviar el mensaje de que son aceptables para la sociedad y por tanto susceptibles de imitarse sin riesgo alguno.
  • En segundo lugar, en el caso en particular del “Bolillo” Gómez, la situación es aún más grave: se trata de un líder, de alguien que tiene personas a su cargo, al que incluso se le llama “profesor”. Esto significa que además de transmitir habilidades deportivas, inculcar el espíritu de equipo y diseñar estrategias exitosas para la selección nacional, debe servir como modelo de conducta para sus pupilos –debe ser un “role model”. Al igual que un maestro en la escuela primaria o secundaria o que un docente universitario, su conducta personal debe ser intachable, ya que su función no se reduce a transmitir conocimientos sino también modelos de comportamiento.
  • A esto se suma un tercer hecho: su posición como líder del equipo implicaría el suficiente auto-control para manejar situaciones difíciles sin perder los estribos. En efecto, si su defensa se basa en que “no pudo controlarse” ante la supuesta provocación de la víctima, habría que concluir que una persona con estas características no está en capacidad de enfrentarse a las presiones que implica el largo proceso de eliminatorias sin agredir a sus pupilos o colegas. Más aún: ¿estará en capacidad de enfrentar de manera adecuada a un público en contra, cuando éste lo recrimine por la actuación de su equipo?

Todas estas cuestiones, que van más allá del hecho concreto y aislado de golpear a una mujer, deben ser analizadas y ponderadas por parte de los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol al momento de decidir si aceptan o no la renuncia.

¿Ley para los de ruana?

No sancionar estos actos ayudaría a reforzar la idea de que en Colombia “la justicia es para los de ruana”. Pienso acá en otro excelente jugador y personaje de la farándula nacional, el “Tino” Asprilla, que ha sido protagonista de varios escándalos, algunos con intervención de la justicia y sin mayores consecuencias hasta ahora:

  • Es el caso de la condena judicial por la demanda interpuesta por su ex suegro Gustavo Cortés Castaño, por incumplimiento en el pago de los gastos para la manutención de su hijo y de su ex esposa Catalina.
  • Tampoco se ha resuelto definitivamente el proceso donde se le juzga por haber efectuado presuntamente 29 disparos con un fusil R-15 contra un puesto de seguridad del Ingenio San Carlos, vecino a su finca "San Tino", hechos ocurridos el 19 de abril de 2008. Inicialmente, fue detenido en su domicilio, pero fue puesto en libertad bajo fianza y está a la espera de que se tomen las decisiones judiciales correspondientes.
  • En 1995 ya había sido condenado por hechos similares cuando era delantero del Parma. En esta ocasión, después de ser condenado a un año de prisión por uso ilegal de armas de fuego, la pena se le conmutó por la obligación de presentarse una vez al mes durante dos años ante las autoridades del consulado colombiano en Milán.

Para concluir: es cierto que las conductas descritas son bastante frecuentes en la sociedad colombiana, y que tal vez no deberían producir semejante reacción, pero también es cierto que cuando la persona que las comete es una figura pública, el hecho de no reprocharlas socialmente y de no sancionarlas judicialmente desencadena un efecto multiplicador que refuerza estos comportamientos y convierte a la sociedad en una víctima indirecta de su propia permisividad.

 

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL.M. Universidad de Heidelberg, Lic.oec.int Universidad de Konstanz, se desempeña como consultora en las áreas de comercio internacional, inversión extranjera, modernización del Estado y anticorrupción.

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Marcela Anzola

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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