Elecciones en Estados Unidos: Desafíos y Reflexiones Democráticas
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Elecciones en Estados Unidos: Desafíos y Reflexiones Democráticas

Escrito por Marcela Anzola

Esta semana, desafiando las bajas temperaturas, se abrió oficialmente la carrera para la presidencia de los Estados Unidos con el caucus republicano de Iowa donde, como era esperado, Donald Trump obtuvo una contundente victoria. En las siguientes semanas, se desarrollarán otras elecciones primarias en varios estados del país. Las primarias son el mecanismo electoral mediante el cual los partidos políticos eligen al candidato que les representará en las elecciones en el mes de Noviembre. Quien resulte electo tomará posesión de su cargo en el mes de Enero para un periodo de cuatro años.

Este proceso se repite en Estados Unidos cada cuatro años, y en principio no tendría nada de particular. Pero el complejo escenario político en que se dan estas elecciones plantea varios desafíos y reflexiones cruciales para la salud de la democracia.

En primer lugar, la presencia de Donald Trump, quien tiene altas probabilidades de ser el candidato republicano, puede ser bastante disruptiva de la institucionalidad del país. No solo por su posición frente a la legitimidad del actual gobierno, sino por los varios procesos legales en los que se encuentra envuelto. Algunos están relacionados con sus actuaciones en el ejercicio del poder, pero también otros que atañen a su vida privada. Si es encontrado culpable y condenado en alguno de ellos, su participación como candidato planteará un dilema para la democracia. ¿puede un condenado ser candidato e, incluso, ser elegido como presidente del país? Esto sería insólito en un sistema en el que muchas personas en algunos estados pueden perder de por vida su derecho al voto cuando han sido condenados por un delito mayor.

En segundo lugar, la edad de los posibles candidatos, Joseph Biden con 81 años y Donald Trump con 77, ha generado criticas y algunos cuestionamientos sobre su salud mental. Tanto que incluso se ha propuesto la implementación de exámenes obligatorios de salud mental para los políticos mayores de 75 años.

En tercer lugar, se teme por el viraje que tendría el manejo de la política exterior en lo que concierne a las guerras en Ucrania y Gaza si Donald Trump es el ganador. Este tema es delicado porque en el caso de Ucrania, es muy posible que Trump se vea menos inclinado a continuar con la ayuda que Estados Unidos le ha proporcionado y a estar más del lado de Vladimir Putin. En el caso de Gaza, también es probable que la balanza se incline decididamente del lado de Israel.

En cuarto lugar, la alianza de Donald Trump con los grupos de ultraderecha y más conservadores, fortalecerían las políticas en contra del aborto, y el detrimento de los derechos reproductivos en caso de que éste llegue al poder. A esto se sumaría importantes cambios en la orientación de las políticas de inmigración y protección de las minorías.

A todo lo anterior, se suman las críticas que han surgido sobre la influencia de los intereses económicos y la polarización partidista en el proceso electoral, así como lo que toca a la verdadera representación del electorado

Frente a esto último, existen preocupaciones sobre las barreras que algunos ciudadanos enfrentan para ejercer su derecho al voto, ya sea por restricciones en la inscripción, falta de acceso a centros de votación o problemas con el voto por correo.

También se hacen cada vez más fuertes las críticas al sistema electoral mismo, y al valor secundario que se le da al voto popular frente al papel del colegio electoral. A diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de las democracias del mundo donde el presidente es elegido por el voto popular, en Estados Unidos el presidente es elegido por los 538 representantes que componen el Colegio Electoral, quienes pueden apartarse de  los resultados del voto popular. Esto ha ocurrido recientemente en dos casos. El primero en el 2000, cuando Bush ganó la contienda electoral al obtener 271 votos en el Colegio Electoral, frente a los 266 de Al Gore, a pesar de que este último había ganado el voto popular. El segundo caso se dio en  el 2016, cuando Trump ganó el Colegio Electoral con 304 votos frente a los 227 votos de Hillary Clinton, a pesar de que ésta  obtuvo 2.8 millones de votos populares más que su rival.

Por ultimo, la propagación de desinformación y la manipulación de la opinión pública plantean desafíos para la integridad del proceso electoral, y amenazan con profundizar la brecha entre las ideologías políticas. La polarización política puede obstaculizar el diálogo y la colaboración necesarios para abordar los problemas fundamentales, puede llevar a la parálisis gubernamental y erosionar la confianza en las instituciones democráticas.

En síntesis, un panorama bastante gris y preocupante, no sólo desde la perspectiva interna, sino también para la frágil situación política que caracteriza las actuales relaciones internacionales.

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