El dilema de la marca “Pablo Escobar” | Marcela Anzola

El dilema de la marca “Pablo Escobar”: ¿expresión artística y cultural o la banalización del crimen?

Compartir:

La decisión del Tribunal de Justicia Europeo del pasado 17 de abril de este año, confirmando la negativa de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO, por sus siglas en inglés) de registrar la marca “Pablo Escobar” para los países de la Unión Europea pone en relieve la discusión sobre los riesgos de explotar comercialmente mediante expresiones artísticas y culturales las conductas criminales asociadas al narcotráfico.

El Tribunal de Justicia Europeo sostuvo que el registro de la marca «Pablo Escobar»  violaría  los valores y normas morales de la sociedad, ya que evoca a una persona que fue responsable de numerosos actos de violencia y que infringió gravemente el Estado de derecho. Además, de que sería profundamente irrespetuoso hacia las víctimas y la sociedad colombiana en su conjunto. Al asociar su nombre con productos de consumo, se trivializa el sufrimiento y la tragedia que dejó a su paso, distorsionando la percepción pública de su legado y minimizando la gravedad de sus crímenes.[1]

Cuando se trata de registrar marcas relacionadas con conductas criminales, se plantea un problema ético y legal. Por un lado, se puede argumentar que el registro de estas marcas vulnera el principio de moralidad, que establece que no se pueden registrar signos que sean contrarios a las buenas costumbres, al orden público o a la ley. Por otro lado, se puede alegar que el registro de estas marcas respeta el principio de libertad de expresión, que reconoce el derecho de las personas a comunicar sus ideas, opiniones y sentimientos por cualquier medio.

En Colombia y Estados Unidos, la posición sobre este punto no ha sido unánime. En Colombia, la Superintendencia de Industria y Comercio ha negado la solicitud del registro de marca “Pablo Escobar” y “Pablo Emilio Escobar Gaviria” para las clases 35 (publicidad) y 41(cintas, videos, guiones, servicios de museo); pero registró la marca para la clase 25 (vestidos, calzado y sombrerería, y está estudiando la aprobación en las clases 32 (cervezas, aguas minerales y otras bebidas), 41 (servicios turísticos), y 43 (servicios de restaurante y hotel). [2]

En Estados Unidos, por su parte, se encuentran vigentes 11 marcas que protegen el nombre “Pablo Escobar” en las clases 34 (tabaco y vaporizadores), 24 (artículos de dormitorio), 14 (joyería y relojes), 3 (perfumes, jabonería y cosméticos), 13 (armas de fuego, bombas y munición), 25 (artículos de vestuario), 28 (juguetería), 26 (artículos ornamentales, botones y pines), 18 (artículos de marroquinería), 16 (productos de papelería), 9 (discos pregrabados y grabaciones de audio). [3]

La protección legal de la marca garantiza a su propietario el monopolio para la explotación de  un mercado que, en algunos casos, puede mover astronómicas sumas de dinero. Para nadie es un secreto que, por ejemplo, entre los productos de entretenimiento más populares de los últimos años, se destacan las películas y series que retratan la vida y las hazañas de criminales famosos o ficticios. Desde el ladrón de guante blanco Lupin, pasando por los ladrones de La Casa de Papel y Walter White Sr (protagonista de la serie Breaking Bad), hasta narcotraficantes como Jesús Malverde  y Pablo Escobar, han cautivado a millones de personas en todo el mundo.

Si bien el registro de este tipo de marcas puede parecer chocante e inapropiado a primera vista, es importante considerar el contexto legal y comercial en el que se produce este fenómeno.

Bajo las leyes de propiedad intelectual, el registro de una marca no necesariamente implica la aprobación o endoso de la persona en cuestión, sino más bien la protección de un nombre o símbolo con fines comerciales. Desde esta perspectiva, el registro podría interpretarse como un acto puramente comercial, despojado de cualquier connotación moral o ética. Las empresas buscan capitalizar el reconocimiento y la notoriedad asociados con el respectivo nombre para promover sus productos o servicios, aprovechando su atractivo como figura controvertida y, para muchos, fascinante.

Otro punto que hay que tener en cuenta es que no todas las expresiones artísticas o culturales de personas controvertidas tienen el mismo propósito o efecto. Algunas pueden tener una intención crítica, satírica o educativa, que busca cuestionar o denunciar los actos ilícitos o inmorales de dichas personas. Otras pueden tener una función testimonial o histórica, que busca preservar la memoria y el legado de quienes han tenido un papel relevante en la sociedad, ya sea positivo o negativo. Estas expresiones pueden contribuir al debate público y a la construcción de la identidad colectiva, siempre y cuando se respeten los derechos de las víctimas y se evite la apología del delito.

En ultimas, el dilema ético  del registro de marcas relacionadas con personas controvertidas debe resolverse teniendo en cuenta los principios constitucionales, los derechos fundamentales y el interés general. No se trata de censurar o prohibir la expresión de ideas u opiniones, sino de garantizar el respeto por la dignidad humana, la convivencia pacífica y la reconciliación nacional. El papel de los consumidores, los medios de comunicación y las empresas es fundamental para promover una cultura de la legalidad y la responsabilidad social, que rechace la exaltación y la trivialización de la violencia, y que valore la vida, la libertad y la democracia.

[1]https://curia.europa.eu/juris/document/document.jsf?mode=DOC&pageIndex=0&docid=284821&part=1&doclang=EN&text=&dir=&occ=first&cid=3483276

[2] https://sipi.sic.gov.co/sipi/Extra/IP/TM/Qbe.aspx?sid=638506781606212559

[3] https://tmsearch.uspto.gov/search/search-result

0 comentarios

Marcela Anzola

Escrito por:

Marcela Anzola

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

Guerras “ajenas”, Oriente Próximo y siguiente mundo

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

Crisis y cambio social

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

Las “tragedias naturales” y los economistas

COLUMNA ESPECIAL DEL DÍA

Se agotó el tiempo para controlar los hipopótamos de Escobar

ISSN 2145-0439

Razonpublica.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported. Basada en una obra en razonpublica.com.