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La absolución de Trump: ¿fin de la democracia en Estados Unidos?

Escrito por Marcela Anzola
Donald Trump: La democracia en America

Marcela AnzolaEl presidente de Estados Unidos celebró su triunfo en el Senado con despidos autoritarios. Su actitud parece poner en peligro la democracia, pero ¿es Trump realmente el problema?

Marcela Anzola*

Una absolución partidista

Como era predecible, el presidente Trump fue absuelto el pasado 5 de febrero por el Senado de Estados Unidos en el juicio de destitución promovido por el partido Demócrata. Se le acusaba de presionar al presidente de Ucrania —Volodymyr Zelensky— para investigar a Hunter Biden, hijo del exvicepresidente Joe Biden, y así debilitar la candidatura presidencial de este último.

Los cargos en cuestión habían consistido en:

  • Abuso de poder (artículo 1 del memorial de acusación); y
  • Obstrucción del Congreso (artículo 2 del mismo memorial).

47 senadores demócratas y un republicano votaron contra Trump en el primer artículo, pero 52 lo declararon inocente. En cuanto al segundo artículo, 47 senadores lo declararon culpable y 53 lo absolvieron.

Se necesitaba el voto de 67 senadores (las dos terceras partes del total) para destituir a Trump por cualquier cargo, lo cual era imposible de alcanzar dada la composición actual del Senado (45 demócratas, dos independientes y 53 republicanos).

El resultado, aunque esperado, despertó duras críticas. Tanto así que algunos comentaristas lo calificaron como el fin de la democracia en Estados Unidos.

Para otros comentaristas, de orientación republicana, se trató de un triunfo de la democracia. Aunque algunos senadores republicanos reconocieron que el presidente había “hecho algo malo”, no consideraron que mereciera la destitución.

Al igual que había ocurrido durante el juicio de destitución del presidente Johnson (1868), argumentaron que habían de protegerse las instituciones democráticas y respetar la voluntad popular antes que destituir a un presidente elegido por el pueblo.

¿Cómo lo tomó el electorado?

La mayoría de la opinión pública concibió el proceso con una lógica similar a la del partido republicano. Y, más aun, parece que una gran mayoría lo vio como algo de poca importancia para la vida política y económica del país.

Las encuestas Gallup en el mes de enero mostraron un resultado interesante: el 53 por ciento de los americanos desaprobaron el desempeño de Trump como presidente, pero apenas el 46 por ciento estuvieron a favor de la destitución; y mientras que el 44 por ciento aprobó su desempeño, el 51 por ciento se opuso a la destitución.

Trump Y nancy Pelosi

Foto: Wikimedia Commons
DOnald Trump incluso ridiculizó a Nancy Pelosi y los acusó a todos de corruptos.

El 53 por ciento de los americanos desaprobaron el desempeño de Trump

En realidad, para la mayoría de los electores, el proceso no era significativo para sus vidas cotidianas, y esto facilitó la decisión de absolver al presidente sin mayor costo político —al menos así lo percibió el partido republicano—. Los resultados de las próximas elecciones dirán si estaban en lo cierto.

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Despidos y autoritarismo

Pero ya se están sintiendo los impactos de esta decisión sobre la democracia norteamericana.

Al día siguiente de su absolución, el presidente Trump dio una conferencia de prensa para celebrarlo, donde calificó de “corruptos” y “malignos” a los congresistas demócratas, ridiculizó a Nancy Pelosi —presidenta de la Cámara de Representantes— y atacó al senador Mitt Romney, el único del partido republicano que votó en su contra, por haber apoyado su decisión en argumentos religiosos.

El viernes siguiente, procedió a retirar de sus cargos a dos de los testigos que habían declarado en la Cámara de Representantes: el Teniente Coronel Alexander Vindman, asesor del Consejo de Seguridad Nacional, y al embajador de los Estados Unidos en la Unión Europea, Gordon Sondland. Como si esto no fuera suficiente, despidió a Yevgeny Vindman, hermano gemelo de Alexander Vindman, quien no tuvo nada que ver con el proceso, y quien también trabajaba en el Consejo de Seguridad Nacional. Seguramente otros funcionarios vendrán a sumarse a esta lista.

Esta actitud, que recuerda los regímenes autocráticos, no es aceptable en un Estado democrático que se precia de respetar sus instituciones. La absolución por parte del Senado, y el apoyo que tuvo la decisión ciertamente empoderaron al presidente y le abrieron la puerta para hacer, sin control alguno, todo lo que quiera, sin importar si con esto pone en riesgo las instituciones, y la seguridad y el bienestar del país en general.

Tocqueville y la tiranía de las mayorías

La pregunta que surge es si estamos ante una situación coyuntural provocada por la figura de Trump y lo que representa, o si obedece a un problema más estructural atribuible a la manera como fue concebida la democracia americana.

Aquí vale la pena recordar a Alexis de Tocqueville, quien, a partir de una minuciosa descripción de la política y la sociedad norteamericana, delineó en su libro “La Democracia en América” los principios que debían caracterizar un Estado democrático, pero además señaló los peligros del poder de las mayorías.

Para Tocqueville, si las mayorías se dejaban llevar por los egoísmos, podría ser igual o más tiránica que un poder monárquico. Y, este era precisamente el problema que veía en América, donde para él había muchas personas ambiciosas, pero no había una “gran ambición”.

La absolución por parte del Senado, empoderaron al presidente y le abrieron la puerta para hacer, sin control alguno, todo lo que quiera

El individualismo y el materialismo que han caracterizado a la sociedad americana se han convertido en el principal enemigo de sus instituciones. El concepto de democracia, basado en las libertades y en el derecho a elegir y ser elegido, no es suficiente para garantizar una sociedad moderna igualitaria y respetuosa de sus instituciones. Esto último sería la “gran ambición” a la que hacía referencia Tocqueville.

Cuando el éxito del país depende del comportamiento de la bolsa y las cifras de empleo, pero no de los indicadores de equidad, el riesgo de caer en una plutocracia es bastante alto. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo con las políticas que se han adoptado recientemente, por ejemplo, las reformas tributarias que favorecen los grandes capitales.

Los ciudadanos del común se sienten tranquilos porque tienen la percepción de que la economía “va bien”. Mientras tengan un trabajo y capacidad de consumo, lo que ocurra en la política no tendría por qué interesarles. Lo cual se traduce en apatía frente a cualquier discusión de política que no les afecte directamente.

Esto, sin embargo, plantea un problema estructural. Si la base de la democracia es el electorado, el alcance de ésta va a estar determinado por lo que los ciudadanos consideren importante. Si a los electores los mueven las “ambiciones egoístas”, la posibilidad de que se unan en torno de una “gran ambición” es muy remota.

Lea en Razón Pública: ¿Saldrá bien librado Donald Trump?

¿Qué pasará en las próximas elecciones?

Las próximas elecciones pondrán a prueba la democracia americana. La reelección de Trump podrá leerse como una confirmación popular de su agenda: nacionalismo, aislacionismo, proteccionismo, políticas antinmigración y conservadurismo religioso.

Así no obtenga la mayoría popular, como ocurrió en el 2016, la lectura será la misma, porque en el sistema electoral americano el ganador no necesariamente tiene que obtener la mayoría del voto popular. Desconocer esto, o interpretarlo de manera diferente, sería contrario a la Constitución.

Vistas las cosas desde esta perspectiva, es posible afirmar que Trump y todo lo que ha conllevado su paso por la presidencia de Estados Unidos es más un producto del sistema que el origen o fuente de la amenaza al sistema. Y aunque a primera vista pueda verse como disruptivo, hace parte de la “normalidad” del ambiente político americano, y esto explica la aceptación que tiene.

Just Impeach

Foto: Wikimedia Commons
Trump y todo lo ocurrido durante su presidencia es producto del sistema norteamericano y no origen o fuente de amenaza al sistema.

Esto, sin embargo, no significa que el sistema sea sostenible en el mediano plazo. Tanto, que ya comenzaron a surgir voces de descontento con el sistema, y que han encontrado refugio en algunos sectores del partido demócrata. Pero este movimiento aun no es suficientemente fuerte para lograr los cambios necesarios.

La probabilidad de que alguno de los actuales candidatos del partido demócrata logre vencer a Trump en las próximas elecciones no es clara, además de que para lograr algún cambio también será necesario que cambie la composición del legislativo. Si los demócratas no logran una mayoría en la Cámara y el Senado, su capacidad de acción será casi nula.

En síntesis, lo que el caso americano muestra es la gran dificultad para lograr un compromiso ciudadano que trascienda el individualismo egoísta que señalaba Tocqueville.

El gran problema de toda democracia, no solo de la americana, es que esta depende de los electores, y como ya se anotó, su comportamiento está determinado por múltiples factores, muchos de los cuales no son necesariamente altruistas o empáticos.

Solo queda esperar que las próximas generaciones tengan una actitud más comprometida con la construcción de lo público. De lo contrario será difícil enfrentar los retos que presenta el actual entorno económico y político. Mientras tanto, vale la pena releer a Tocqueville.

*Abogada, LL.M., Lic.Oec.Int., PhD. Consultora internacional en las áreas de competitividad, inversión extranjera y lucha anticorrupción.

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