¿Una nueva narrativa para los derechos humanos?

¿Una nueva narrativa para los derechos humanos?

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Desde la Declaración Universal de 1948, los derechos humanos han sido una de las columnas vertebrales del orden internacional liberal. Se consideraban como universales, inalienables y progresivos. Sin embargo, más recientemente, en un mundo marcado por el debilitamiento del sistema de las Naciones Unidas, la polarización ideológica, los avances tecnológicos, el auge de los populismos tanto de derecha como de izquierda, y los cuestionamientos a la cultura “woke”, esta imagen parece desdibujarse. Tanto que hoy es legítimo preguntarse si estamos ante una evolución natural del contenido de los derechos humanos o si lo que está en discusión es su esencia misma.

El punto de partida para entender el problema estaría en la distinción entre libertades civiles y políticas —que limitan la intervención estatal y protegen derechos como la libertad de expresión o de asociación— y los derechos económicos, sociales y culturales, que exigen acciones y recursos públicos para garantizar, por ejemplo, el acceso a salud, educación o trabajo digno.

Durante la Guerra Fría, esta distinción fue uno de los principales puntos de fricción entre el bloque occidental —enfatizando las libertades individuales— y el bloque socialista, que privilegiaba los derechos sociales. En los años noventa, con la caída del Muro de Berlín, pareció consolidarse una visión integradora que reconocía la indivisibilidad e interdependencia de todos los derechos humanos. Pero hoy, esta síntesis enfrenta nuevos desafíos.

En la última década, ha surgido una corriente que amplía los derechos humanos al incorporar demandas de sectores históricamente marginados y promover el reconocimiento y la reparación frente a distintas formas de discriminación; sin embargo, esta expansión genera controversias al ser percibida por algunos como una confusión entre derechos y posturas ideológicas, además de poner en entredicho los límites y la fuerza jurídica del concepto tradicional de derecho humano.

La tensión se agudiza con la creciente crítica al concepto del universalismo que se les ha atribuido a los derechos humanos. Países con modelos políticos distintos al liberal —como China, Rusia, Hungría o Arabia Saudita— promueven una narrativa alternativa que considera los derechos humanos como construcciones occidentales, inaplicables sin más a otras realidades culturales, religiosas o políticas.

En paralelo, enfoques como el propuesto por el TWAIL (Third World Approaches to International Law, por sus siglas en inglés),  y algunos movimientos sociales en el Sur Global, también han criticado el sesgo eurocéntrico del sistema internacional de derechos humanos, reclamando una mirada más contextual y plural.

Esto ha llevado a una paradoja: mientras más se proclama la universalidad de los derechos, más se cuestiona su aplicabilidad en contextos específicos. ¿Cómo conciliar el principio de universalidad con el respeto por la diversidad cultural? ¿Es posible una narrativa que defienda los derechos sin caer en el imperialismo moral?

Frente a los nuevos desafíos que enfrenta el discurso de los derechos humanos, diversas voces proponen una narrativa actualizada que no solo refleje la complejidad del mundo contemporáneo, sino que también mantenga su capacidad de convocar y movilizar a la sociedad.

Esta nueva narrativa debería ser capaz de contextualizar los principios fundamentales, reconociendo las distintas realidades culturales, económicas y políticas sin perder de vista el núcleo de dignidad, igualdad y libertad que los sustenta. Además, tendría que abordar la interseccionalidad, es decir, visibilizar cómo las diferentes formas de discriminación —ya sean por género, raza, orientación sexual, discapacidad u origen social— se entrelazan y afectan de manera particular a ciertos grupos.

La agenda de los derechos humanos del siglo XXI no puede ignorar los desafíos ecológicos; por ello, integrar la justicia ambiental y los derechos de la naturaleza resulta esencial para proteger, de manera integral, tanto a las personas como a su entorno.

Asimismo, la revolución digital plantea cuestiones inéditas: la protección de datos, la privacidad, los riesgos de vigilancia masiva y el acceso equitativo a internet deben ser reconocidos como nuevos derechos fundamentales.

Por último, esta narrativa renovada ha de ser profundamente participativa, promoviendo no solo que las personas sean beneficiarias de derechos, sino sujetos activos en su defensa y realización.

Así, los derechos humanos seguirían siendo un horizonte ético compartido, capaz de adaptarse a los retos de un mundo en constante transformación sin perder su fuerza integradora y su vocación universalista.

Sin embargo, otros advierten que esta “nueva narrativa” corre el riesgo de fragmentar el consenso básico que permite que los derechos humanos funcionen como un lenguaje común en la diplomacia, el derecho internacional y la sociedad civil. Si todo es derecho, nada lo es. Si cada grupo redefine el catálogo de derechos según sus intereses, se debilita la fuerza normativa del sistema.

Todo esto muestra que, en definitiva, cualquiera que sea la posición que se adopte, el momento actual exige una renovación crítica del discurso de los derechos humanos. Renovación que reconozca los cambios del mundo —tecnológicos, culturales, ambientales— pero que no renuncie a los principios fundamentales de dignidad, igualdad y libertad. El reto está en evitar tanto el dogmatismo como el relativismo, tanto la nostalgia por los viejos consensos como la celebración acrítica de los nuevos repertorios. Solo así los derechos humanos podrán seguir siendo una brújula ética en un mundo que cambia, se polariza y, a veces, se desorienta.

Acerca del autor

Marcela Anzola
marcelaanzola@razonpublica.org.co | + posts

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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Marcela Anzola

* Abogada de la Universidad Externado de Colombia, LL. M. de la Universidad de Heidelberg y de la Universidad de Miami, Lic. OEC. INT. de la Universidad de Konstanz, Ph. D en Estudios Políticos de la Universidad Externado de Colombia, consultora independiente.

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